miércoles, 16 de marzo de 2011

La fabula del mono y el delfín

Más de una vez he contado –al que me haya querido escuchar, claro- que una de mis mis historias favoritas es la del padre, el hijo y el burro, porque es bastante significativa del comportamiento humano: del que critica sin saber, pero más aún del que hace caso a las críticas simplemente por el que dirán, aunque la razón esté de su lado. Y sobre todo por la volubilidad. Incluso escribí sobre esta historia en este mismo blog tras el Mundial de Mendrisio.

Pero hay otra fábula, mucho más antigua –del griego Esopo- titulada ‘El Mono y el Delfín’, que también es perfectamente explicativa del comportamiento de muchos humanos que se creen tocados por una varita mágica que les hace pensar en un sentimiento falso de superioridad, pero…

La historia viene a decir que un marinero, para no aburrirse en un largo viaje marítimo, se compró un mono que le divirtiera mientras estaba a bordo. Pero cuando llegaban a su destino en Grecia, una violenta tempestad originó un naufragio, que afectó a todos los ocupantes del navío.

Un delfín vio al mono ahogándose en las olas y le ofreció su ayuda para sacarle a flote y llevarle de forma segura hasta tierra firme. Como los animales fabulados son antropomórficos, pronto se estableció una amena conversación entre mono y delfín. Este le preguntó si era de Atenas, a lo que el simio respondió que sí, por supuesto, que era descendiente de una de las familias más nobles de aquella ciudad. El delfín entonces preguntó si conocía El Pireo -el famoso puerto ateniense- ante lo que el primate contestó con absoluta seguridad que no sólo lo conocía muy bien, sino que era uno de sus mejores amigos.

El delfín, indignado por estas falsedades, se sumergió en el agua, con lo que la suerte del farsante –y su vida- terminaron para siempre.

Tan curiosas o más son las moralejas que he encontrado para esta fábula:

1. Para mentir y comer pescado, hay que tener mucho cuidado.

2. Son las propias mentiras del fanfarrón las que se encargan de hundirlo.

3. Hay hombres que, sin apenas conocer la verdad, creen poder engañar a los otros (que incluso la conocen mejor)

4. El que se enorgullece sin tener motivo, nunca podrá aprender y siempre será un ignorante.

Con un millón de gracias a http://www.odisea2008.com/ por la magnifica coleción de imagenes ilustrativas de fábulas, una de las cuales me ha permitido ilustrar este post.

2 comentarios:

  1. Ácido!. ¿ Alguien conocido?.

    El Becario.

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  2. Hay tantísimos y tontísimos asi...

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