viernes, 29 de abril de 2011

Como humo se va, pero no del todo

Cuando están a punto de cumplirse los cinco meses de prohibición de fumar en espacios cerrados, las consecuencias tan trágicas y catastrofistas que iba a traer esta medida no se han hecho realidad. Como era de prever, por otra parte. Lo mismo que nos acostumbramos en su momento a dejar de fumar en cines, comercios, colegios, hospitales o aviones estamos haciéndolo ahora en espacios cerrados, especialmente en bares y restaurantes, a pesar de algunas excepciones carpetovetónicas que hicieron mucho ruido –para satisfacción de los medios informativos de tres al cuarto-, pero que como humo se fue, costándoles su buen dinero por una obcecación infantiloide.

Y respecto a los grandes males –en forma de pérdida de miles de clientes- que iban a acechar a los establecimientos, aquellos que se preocupan en ofrecer un buen producto no se han resentido -¿verdad, Chicho?-. Y eso que las autoridades de un buen número de municipios han estado haciendo la vista gorda a las numerosas terrazas ‘clandestinas’ o la simple colocación de elementos como estufas y ceniceros –con mesa envolvente- en la vía pública. Bien de forma ilegal –obviando una normativa existente, pero obsoleta en la actual situación- o simplemente alegal, por no existir un reglamento municipal al respecto.

Pero la aplicación de la ley tiene todavía muchos flecos pendientes. Y es que, aparte de lugares cerrados, está prohibido fumar en el interior y alrededor de los parques infantiles al aire libre, en la puerta de los hospitales y de los centros educativos. En todos estos casos, es el propio ciudadano el que debería preocuparse por cumplir la ley y evitar el consumo… aunque en muchos casos el ‘mono’, junto a la falta de educación y respeto, puede bastante más. Por lo tanto, tiene que ser el afectado quien llame la atención al fumador, lo que normalmente suele causar alguna trifulca verbal. O incluso más. En estos casos, desgraciadamente más vale una retirada a tiempo… que una derrota, aunque tengas toda la razón.

Y de estos casos, el más sangrante es el de los alrededores de los centros escolares, donde mucho mozuelo confundido –que sigue relacionando cigarrillo con rebeldía e independencia- fuma a sus anchas, sin que la presencia de policía –“venimos a vigilar el tráfico, oiga”- o de docentes –esos que reclaman la condición de autoridad pública dentro de las aulas para imponer por la fuerza lo que no saben imponer por la lógica, pero que fuera pasan de ‘casi’ todo- sirva para lo más mínimo en lo que debe ser el cumplimiento de una ley que, recordemos, no va contra de los ‘derechos’ de los fumadores, sino a favor de la salud de los no fumadores.

PD: Obviamente hay muchos policías y profesores que no pasan de esta actitud y por lo menos reprenden a los fumadores, pero también hay una importante cantidad que ‘pasa’, aunque sea su obligación, profesional y moral.

Imagen procedente del blog peoresnada.com

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