martes, 5 de abril de 2011

Recicla, pero algo queda

Posiblemente en este país todavía se gaste más dinero en publicidad sobre cómo reciclar que en el propio reciclaje. Y quizás hasta aún sea necesario: en los contenedores más cercanos a mi casa puedo comprobar desgraciadamente cada día como todavía hay gente capaz de ‘cargar’ de basura variopinta una caja de cartón antes de depositarla en el cubo verde, o ver como depositan incluso paneles de vidrio en el de papel. Por no hablar de aquellos que no saben que una caja plegada cabe donde no entra una entera o los que tienen duda de cuál es el contenedor adecuado… y lo dejan todo fuera para que decida el basurero.

Sin embargo, ese esfuerzo –a veces no tan pequeño- que nos piden a los ciudadanos de separar la basura desde tu casa no veo que tenga correspondencia en otros ámbitos de la sociedad, concretamente en muchas empresas fabricantes, distribuidoras o vendedoras, e incluso en la propia ‘cadena’ del reciclaje. Y es que las mismas empresas que retiran –mejor dicho, cobran- las bolsas de plástico de la compra no hacen el más mínimo gesto para retirar los embalajes de plástico o ‘corcho blanco’ que usan por su propias comodidad –para manejar, para transportar, parta apilar…- de los productos que comercian. Por cierto, todo este material plástico se debe y se puede reciclar en el ‘contenedor amarillo’, aunque la propaganda oficial limite su uso, como se puede ver en la foto adjunta (solo para envases de plástico, latas y briks) y no se comenta nada de toda esa basura que son los embalajes y los envoltorios.

Aparte de este contenedor, sabemos que existen otros tres: el de papel y cartón, el de vidrio y el de basura orgánica, aparte de recogidas más ‘selectivas’ cuyo servicio varía mucho según el interés medioambiental –o el presupuesto- de los distintos municipios (muebles, ordenadores y electrodomésticos, ropa y calzado, pilas, radiografías, medicamentos, restos de poda, residuos tóxicos, teléfonos móviles…), aunque en muchas ocasiones son inaccesibles para muchos ciudadanos, al estar fuera de las poblaciones y es necesario el transporte en coche, incluso en furgoneta. Por el contrario, en otros funciona un aceptable sistema de recogida ‘a domicilio’.

¿Pero que sucede con aquellos artículos que no son estrictamente reciclables, incluso reutilizables, pero su depósito en el ‘contenedor verde’ es contaminante, al menos a corto plazo? Maquinillas de afeitar, cajas y envases de madera, herramienta y menaje desgastado, bolígrafos usados, vajilla rota… y miles de ejemplos que podrían salir en el día a día y a los que ahora no es necesario recurrir.

¿Dónde los llevamos si no existe un punto limpio específico? ¿Los juntamos –por descarte- con el resto de la materia orgánica o exigimos a las administraciones que den un paso más y se preocupen específicamente por ‘trabajar’ con estos residuos? Yo lo tengo claro. Amarillo claro.

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