sábado, 7 de mayo de 2011

Las dos Españas

Con la perspectiva que me dan mis cuarenta y pico años ya comienzo a entender eso de las dos ‘Españas’. Y me asusta. Tenemos la suerte y la desgracia de vivir en una tierra donde eres alto o bajo, nunca de talla media; donde eres blanco o negro, nunca gris (salvo por la asociación de este color a la mediocridad, pero ese es otro tema); donde eres rico o pobre, donde eres amigo o enemigo. Donde te alineas con Juan o con José. Y donde se te tiene que encasillar en una u otra opción, siempre dicotómica, nunca gradual. Ni alternativa. Malo o bueno, en definitiva.

Una opinión define, de forma directa e irreversible, toda tu vida, sin posibilidad de escapar. Y es lo que termina determinando esas dos Españas, tan falsas como interesadas. Si dices, por ejemplo, que te parece una barbaridad X –sustitúyase por lo que se quiera-, entonces ya eres un racista. Y por añadidura un carcamal, un tarugo, un antiliberal, un descerebrado, un negativo, un fascista… y por supuesto un machista y un homófobo, claro está. Ya se da por hecho que seré un acérrimo seguidor de Losantos y que mi voto esté a la ultraderecha de Rajoy.

Pero si lo que denuncias lo malo de Y –es decir, lo contrario de lo de antes-, lo que estás haciendo es significarte como un peligroso rojeras, comunista o anarquista, un antisocial –también un negativo y un descerebrado que estos los hay, y en abundancia en ambas opciones partidistas-, un libertino y siguiendo con los encadenamientos, un feminista, un ecologista e incluso destacado protagonista del orgullo gay. En este caso, ni siquiera tengo voto: posiblemente ande poniendo bombas para acabar con la sociedad.

Pues no, nada de eso. Tengo muchas X y muchas Y en mi vida: lo que realmente me da significado, lo que me califica y define, es que algunas veces estaré más cerca de unas posturas, otras veces me alejaré de ellas. Pero siempre será por lo que conozco, por lo que siento, por lo que pienso; nunca por lo que me dicen, por lo que quieren que diga o que dé por supuesto sin reflexionar. No pertenezco, ni quiero pertenecer, a ninguna de esas dos trasnochadas España que esa gran mayoría está interesada en mantener y justificar, pero que personas tan personas como Arturo Pérez Reverte definen mejor en una frase que yo en todo este artículo: "No soy de derechas ni de izquierdas. Ni de centro" .Y es que, en estos casos, alinearse es renunciar. A tu libertad.

1 comentario:

  1. Lo fácil es definir, etiquetar, catalogar y encasillar. Así no hay que pensar. Pero a mi, me gusta otra canción que dice: No soy de aquí, ni soy de allá...

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