domingo, 1 de mayo de 2011

No me gustan los ‘Primeros de Mayo’ así

No fue sino casualidad que ayer, un día antes del Primero de Mayo, fuese al cine a ver ‘Company Men’ una película sobre las dramáticas consecuencias que tiene en tres ejecutivos el despido en su empresa de toda la vida, a esa que han dedicado todos sus esfuerzos, sus sueños, y que les corresponde con ponerles de patitas en la calle, ni siquiera cuando van mal dadas las cosas, sino en el momento en que simplemente es necesario fingir que van mucho mejor (ya se sabe, balances de situación maquillados y beneficios adecuados para el accionista que siempre tiene donde elegir) de cara a una venta que sólo beneficia a los que están arriba, muy arriba. Una película correcta –con la presencia de Tommy Lee Jones bastaría-, quizá demasiado americanoide, pero que te da que pensar sobre esa jungla que es el mundo laboral. También podría hablar de los castillos en el aire que tantas personas construyen en base a situaciones de bonzanza que piensan que son para toda la vida, pero no es el tema del post de hoy.

La primera idea, tremendamente falsa, que se te viene encima es la suerte que tenemos en España de contar con un sistema de protección social ante el despido caprichoso por parte de unos empresarios –o simplemente unos gestores- como los de la película, y que aquí se traduce en unas indemnizaciones legalmente establecidas y en unas prestaciones por desempleo en función del tiempo cotizado –que no trabajado- que amortigua lo que para quien más quien menos es un drama. Y pensamos entonces, como los obsoletos sindicatos españoles, que es lo primero que hay que defender a muerte.

Posteriormente nos damos cuenta que, diferencias aparte, lo único que hace el sistema español es retrasar las consecuencias y, como mucho, permitir la picaresca del empleo sumergido mientras estás cobrando el paro. De ahí que los casi cinco millones de parados que se anunciaban esta misma semana no puedan ser tantos, analizando ese mercado español. O si no debería haber estallado ya la revolución.

Y es que el gran drama no es perder el puesto de trabajo. Es algo que debería entrar en la cabeza que nos puede suceder en cualquier momento, por mucho que tengas un contrato fijo, vistos los caprichos del sistema y de los que dirigen este sistema, tanto de forma general –los políticos- como de forma específica en cada organización, en cada empresa. La tragedia es no encontrar trabajo después. Por ello las prestaciones y subsidios –salvo en el caso de alguno que lo tiene muy seguro y se toma esta situación como una pausa en su vida laboral, para prepararse mejor- solo dilatan para mal una realidad que no convendría a ninguno. Y la línea de actuación política y sindical –y empresarial, claro está- debe ser posibilitar ese trabajo para todos, incluso para mayores de 50 años, jóvenes que se incorporan al mercado laboral, mujeres, colectivos desfavorecidos… o simplemente personas que desean un puesto a tiempo parcial. Como siempre digo, flexibilidad e imaginación… y ganas de dialogar, de trabajar.

Por ello, me indigna que lo único que sepan hacer los sindicatos, en este Primero de Mayo, sea preocuparse por algunos mínimos recortes sociales, por el retraso en la edad de jubilación –algo perfectamente comprensible dada la mayor esperanza de vida-, o incluso rematar su discurso con mensajes en pro de la solidaridad con los pueblos de Japón o Libia -¿hoy es el día para eso, tantas semanas después?-, aludiendo al ‘gran éxito’ que supuso la huelga general del 29 de septiembre. Después de tantos años en connivencia con el Gobierno, las posturas de los sindicatos no convencen a casi nadie, a pesar de esos cinco millones de parados, sus razones para existir. Pero no se dan cuenta de la realidad actual: sólo piensan en mantener su estatus, aunque la gente –los trabajadores- reclaman una mayor implicación.

Lo cierto que es necesario un cambio en el modelo económico, en el modelo productivo, en el modelo social. Pero, si no los primeros –los partidos políticos-, los segundos que deben cambiar, que deben renunciar a sus privilegios, tendrían que ser los propios sindicatos. Que se dejen del mismo discurso manido de siempre y de sus celebraciones de cántico y bocadillo que dan vergüenza ajena. Por no hablar de los millones de euros de subvenciones que reciben.

1 comentario:

  1. frustrante panorama Luis. Una corruptela impuesta y redes clientelares que todo lo controlan, y de ahí no saldremos. El problema es de base, de raíz, veo muy poca gente preparada y con luces para poder sacarnos del atolladero. Esto es un maricón el último...

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