Faltan pocas horas para que llegue ese 2012, ese año que se nos presenta con unas perspectivas bastante negras, aunque visto lo visto en el 2011... No es que el mundo se vaya a acabar, como malinterpretan algunos las tradiciones mayas que en ningún modo cabe calificar de profecías. Ni siquiera creo que se deba entender como un cambio de ciclo, aunque sinceramente no nos vendría mal una profunda catarsis, aunque ello depende en gran medida de nosotros.Y es que, como leí hace unos días en un interesante artículo, en una situación de crisis como la actual, los seres humanos tienden a defender los sistemas en los que están inmersos, aunque éstos sean corruptos o injustos. Es lo que se conoce como Teoría de justificación del sistema, que se da principalmente bajo cuatro condiciones: cuando el sistema está amenazado, cuando se depende del sistema, cuando resulta imposible escapar al sistema o cuando los individuos pueden ejercer un escaso control personal. Vamos, que ni calcado a lo que tenemos, especialmente en la segunda y en la cuarta premisa. El sabio refranero español lo resume perfectamente en el archiconocido “Más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer” o en el fatalista dicho “Virgencita que me quede como estoy”. Y se plasma en la conocida política del avestruz: lo que no veo no existe.
El 2012 dependerá, en gran medida, de que sigamos justificando el sistema, y sus subsistemas, aunque nos caigan golpes injustos a mansalva y veamos desfilar impunemente la corrupción por doquier, o que asumamos que el primer paso debemos darlo todos y cada uno de nosotros.
Por ello, mi mejor deseo de felicidad para el 2012 es que te la desees tu mismo, es decir, que te la busques y te la trabajes, en cada minuto de los 366 días que tenemos por delante.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada