Una vez más, el diccionario de la RAE demuestra lo difícil que es adaptarse con rapidez al léxico de la calle. En concreto con el término sobrado: todo el mundo puede hacer una definición bastante precisa de lo que se entiende por ‘ir de sobrado’. Pues bien, entre las nueve definiciones que presenta tan sólo la cuarta se acerca al significado coloquial, con un creído (muy pagado de sí mismo), aunque circunscribe este término al Ecuador y Perú, cuando –desgraciadamente- encontramos personas que ‘van de sobrados’ por doquier. Y es que en cualquier organización que se precie podemos encontrar a esos tipos arrogantes, petulantes, engreídos, presumidos, soberbios, vanidosos, jactanciosos, presuntuosos, fatuos, petimetres… y seguro que decenas de calificativos más que se adaptan a su condición, a sus aptitudes y a sus actitudes.
Por su carácter podríamos pensar que son aquellos que han alcanzado los más altos escalones y pueden presumir libre pero falsamente por ello, independientemente de sus actuaciones como pelota o trepa que le hayan llevado hasta ese pedestal. Pues no, casi son más graves aquellos sobrados de nuevo cuño, fanáticos talibanes que se creen en posesión de la verdad, que piensan que pueden romper con cualquier pasado que consideran caduco… pero que cuando comprenden la dura realidad que les rodea, pierden toda su capacidad de crítica, toda su presunta originalidad, adoptan el ‘sibwanismo’ y pasan a ser tan mediocres como aquellos a los que han criticado, haciendo bueno ese dicho de “perro ladrador, poco mordedor”.
Con todo mi respecto y admiración al gran maestro, Forges.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada