jueves, 23 de febrero de 2012

Uno de cincuenta

No se han devanado demasiado los sesos los amigos del RAE al definir cincuenta como “cinco veces diez”, o más aún diciendo que es el “signo o conjunto de signos con que se representa el número cincuenta”. Claro que en wikipedia nos encontramos otra definición de Perogrullo, en la que nos aseguran que “cincuenta es el número natural que sigue al cuarenta y nueve y precede al cincuenta y uno". 

Eso sí, nos aportan algunas interesantes curiosidades matemáticas. Por ejemplo, que es el primer número que se puede expresar como la suma de dos cuadrados 1² + 7² = 5² + 5². O que también es de los pocos que se puede expresar por la suma de tres consecutivos: 50 = 3² + 4² + 5². Claro, que si pasamos del sistema decimal al binario, nuestro cincuenta se convierte en 110010. Y en Roma estaríamos hablando de una simple L.

Siguiendo con la matemática, nos encontramos con que es el símbolo estadístico de la equiprobabilidad (50%), aunque su versión británica del fifty-fifty resulta más atractiva y snob.

Pasando a la física (nuclear), es uno de los siete números mágicos, concretamente el quinto; es también, en electrónica, el estándar de la frecuencia en las redes eléctricas de Europa; el establecido en óptica para la lente media de fotografía, o el número atómico del estaño, en esa materia como la química que siempre he aborrecido.

Y es que, por bien que se me dieran las matemáticas, siempre he sido de letras. Por lo tanto, asocio más el número cincuenta a las bodas de oro, a las 50 puertas de la Sabiduría que describe la Cábala, a esa cifra que representaba la Justicia en la antigua Roma, o simplemente a la cantidad de estrellas que encuentro en la bandera estadounidense, una de las cuales, el mítico Dave ‘Almirante’ Robinson, llevaba ese numerito en su camisetas… cifra que nadie volverá a lucir jamás.

Pero ante todo quiero ser práctico. Y cincuenta es el límite de velocidad en vías urbanas en España y en la mayor parte de Europa. Y claro está, ese punto kilométrico en el que se abre el avituallamiento en las carreras ciclistas, y del que tanta veces he dado aviso haciendo de radio vuelta.
Hay gente al que le da un cierto respecto el guarismo en cuestión –“Miedo a los cincuenta”, de Erica Jong- aunque hay que ser realistas y reconocer que “si a los cincuenta te despiertas sin molestias, es que estás muerto”.

Pues bueno, aquí hemos llegado, pero no vamos a parar: Cincuenta, cinquante, cinquanta, fifty, fünfzig, Пятьдесят, berrogeita hamar…

Uno de 50, y no es publicidad, está aquí. Y que sea por otros cincuenta más, como poco. Aunque la verdad, es que, para mí, es un día y un año más, pero me parece una cifra curiosa sobre la que escribir.

PD: Y por mi exacta que sea la matemática, las cifras son engañosas en todos los sitios, como nos muestra la fotografía

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