domingo, 15 de abril de 2012

14 de abril, día de la Monarquía

Que paradoja que ayer, 14 de abril, aniversario de la II República, apenas aparecieran imágenes de las distintas concentraciones conmemorativas en los canales televisivos. Los minutos correspondientes –y otros muchos más- fueron ocupados por el ‘accidente real’, con esa consigna de mostrar una imagen de normalidad, de transmitir ese ferviente y unánime deseo de “los españoles queremos que te recuperes pronto”. Claro, que por otros canales de comunicación, más libres y cada vez menos minoritarios, se destilaban posturas muy críticas con la actitud del monarca y sobre la mera existencia de la monarquía.

Siempre he sostenido que la disyuntiva democracia-república me parece secundaria ante otras realidades de nuestro sistema social que se plasman en la mínima representación de la voluntad ciudadana en el gobierno del día a día, en esa partitocracia que ha suplantado a la verdadera democracia. Pero actitudes como la de Botswana, que ya no son de la familia del Rey –como el escándalo de su yerno- sino del propio Rey, alientan que el debate esté en la calle. Por puro sentido común (o falta de él).

No quiero, sin embargo, entrar en esta disyuntiva, ni en otras que se han escuchado como la abdicación como solución o en esa eterna afirmación de que España no es monárquica sino juancarlista. ¡Pues menudo favor les has hecho! Simplemente quiero decir que la Corona, cualquiera, como institución, es una obsolescencia del pasado, perfectamente superable, y que no entiendo que en pleno siglo XXI se plantee esa dicotomía Izquierda-República vs. Derecha-Monarquía. El debate es simplemente elegir entre pasado o futuro, aunque, insisto, hay otros asuntos bastante más urgentes e importantes por tratar.

2 comentarios:

  1. Lo que me da miedo de la república es que el presidente sea un pardillo como los últimos presidentes que ni siquiera hablan idiomas (porque sería de PP o PSOE). En ese aspecto prefiero a los de ahora que me parece que las relaciones internacionales las llevan bien, saben idiomas, han sido educados para relaciones públicas y creo que se hacen respetar (chanchullos aparte).

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    1. Totalmente de acuerdo. Vista la 'calidad' de nuestra clase política, un presidente politizado sería peor remedio que la enfermedad.

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