martes, 10 de abril de 2012

‘El enredo de la bolsa o la vida’, la última tentación de Eduardo Mendoza

Una vez más –y como era de esperar- hoy he incumplido esa máxima de no comprarme un libro hasta que no termine de leer los que tengo en lista de espera. Pero ver en un escaparate ‘El enredo de la bolsa o la vida’, la última novela de Eduardo Mendoza, es una tentación a la que no he podido –ni querido, sinceramente- resistirme.

Esta nueva historia recupera la cara B del escritor catalán, la del escritor irónico, sarcástico, a veces, casi demencial, pero al mismo tiempo perfectamente lúcido. Como bien se define en la nota de la Editorial, "no se puede contar el libro sin una sonrisa; pero es imposible leerlo sin carcajadas”. Y es que, como ya comenté en su momento, Mendoza es uno de los pocos novelistas que es capaz de hacerme reír hasta tal punto de saltárseme las lágrimas. Y digo la cara B sin el menor atisbo de minusvalorar estas novelas, solamente en contraposición a otras obras más reconocidas como ‘La verdad sobre el Caso Savolta’ o ‘La ciudad de los prodigios’, en las que también se destila ese tono que te deja la sonrisa dibujada en la cara, con una asombrosa variedad de registros narrativos.

Poco voy a contar de ‘El enredo’, salvo que comparte protagonista con ‘La aventura del tocador de señoras’ –la primera obra mendocina que leí-, y con las más antiguas ‘El misterio de la cripta embrujada’ y ‘El laberinto de las aceitunas’, un personaje del que ni siquiera conocemos su nombre, después de sus tres aventuras, pero que nos incita a seguirle muy de cerca en otra historia delirante y rocambolesca.

Y hasta aquí puedo escribir.

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