miércoles, 18 de julio de 2012

Un País de Pandereta (III), con 450.000 políticos

Aunque la cifra había sido dada por buena en muchos foros de Internet, resulta que el número de políticos en España no asciende a esas 450.000 personas, sino que parece que son algo menos de 80.000. Me da lo mismo, no lo voy a comprobar; lo que si puedo decir es que, sea la cifra que sea, sobran la gran mayoría de ellos, dada sus escasas cualidades profesionales y personales. Lo de profesionales lo digo porque son los únicos servidores de la ‘res pública’ a los que no se les demanda ni exige ninguna cualificación, al contrario que los denostados funcionarios. Y así nos va. Y respecto a las personales, ya profundizaremos más adelante, aunque tenemos muchos ejemplos bastante poco ejemplarizantes cada día.

De todas formas, la cifra –la que sea- se puede incrementar sensiblemente si consideramos a asesores, cargos de confianza, secretarios, enchufados y demás privilegiados que, en su gran mayoría, también deben ser considerados políticos, ya que ‘viven’ de esta profesión, pero a costa de la sociedad. Pero insisto, no quiero entrar en una guerra de números.

Lo que sí que es inconstatable es que la casta política está completamente desprestigiada. Y se lo han ganado a pulso. Primero por estar de espaldas a la sociedad, por no atender a lo que piden sus votantes, por no hablar del absoluto engaño que está protagonizando el PP con la absoluta falta de identidad entre promesas electorales y sus realidades interesadas. Y en segundo lugar, por no dar ejemplo en estos momentos: si es necesario apretarse el cinturón, que sean ellos los primeros, y que lo demuestren no sólo con gestos para la galería.

Un ejemplo que se tendría que llevar a cabo con seis medidas tan simples como efectivas, en cualquier ámbito de la administración. Y propongo éstas, pero serían válidas cualquiera en el mismo sentido:

1. Supresión de las administraciones e instituciones innecesarias, desde las Diputaciones al Senado, y reducción de miembros en las restantes, aunque combinado con un sistema que garantice la representatividad de las minorías y no el rodillo de las mayorías.

2. Limitación de “liberados” (es decir, perceptores de un sueldo público) a los cargos estrictamente imprescindibles, tanto en tareas de gobierno como administración. El personal gestor debe ser en su gran mayoría profesional (funcionario de carrera) y los asesores políticos, limitados en número y a áreas de máxima responsabilidad, y en un número establecido legalmente.

3. Salarios establecidos por Ley en función de puesto, ámbito y responsabilidad, sin ningún beneficio añadido a cargo de las arcas del Estado o por encima del de cualquier otro trabajador (viajes, seguros, planes de pensiones, jubilaciones…)

4. Incompatibilidad de compatibilizar el cargo político para el que ha sido elegido con cualquier otro por designación, tanto en otra administración como en empresas públicas, semipúblicas y privadas, incluso sin percibir remuneración.

5. Dado que servir a las administraciones es una función y un honor, no una carrera, nada mejor que la limitación de los mandatos, tanto en una misma administración como en la globalidad de los cargos públicos. Y por supuesto, una serie de incompatibilidades de por vida tras dejar estas funciones.

6. Y una pizca de buena educación, de civismo. Aunque sólo sea para dar ejemplo.
Y como apéndice, que se establezca por Ley que el programa electoral es un contrato que se debe respetar, bajo pena legal (llegando incluso a la prisión para las persona y la disolución del órgano de gobierno) por incumplimiento, con fórmulas que exijan el consenso entre formaciones y personas en aras de la mayor representatividad social, así como el fomento de la participación ciudadana.

Posiblemente muchas personas dejaran así de tener interés en la carrera pública, y que seguro que nos perderíamos algún político válido aunque la mayoría de las ‘bajas’ corresponderían de especuladores, advenedizos y sobre todo de los despreciables políticos de carrera. Pero lo que es cierto es que la gran mayoría de los que quedasen tendrían una mayor preocupación

¿Es tan extraño lo que se pide? En Suecia es lo habitual, pero en este País de Pandereta, sí. No es solo una utopía, sino que incluso alguno te puede tildar de facha –como llamó el domingo Anasagástegui a un Pérez Reverte cabreado pero al que no faltaba ni un ápice de razón-, antidemócrata y antisistema. Pero parafraseando al Mayo de 1968, “seamos realistas, pidamos lo imposible”.

1 comentario:

  1. Ayer leía esto, que demuestra que no quieren renunciar a nada: Los eurodiputados españoles siguen volando en clase 'business' para trayectos de dos horas

    http://www.elconfidencial.com/espana/2012/07/17/los-eurodiputados-espanoles-siguen-volando-en-clase-business-para-trayectos-de-dos-horas--102066/

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