martes, 7 de agosto de 2012

Un País de Pandereta (V): El modelo Lavapiés

Sé que alguno posiblemente me tildará de racista, incluso de fascista, pero no es mi intención criticar a las personas, sino al ‘sistema’, llamando la atención sobre una estructura comercial que, de forma tan ilógica como interesada, algunos alaban e intentan reproducir en nuestro país, pero que no deja de ser un salto atrás en el tiempo. Claro que si hacemos caso a los que dicen que España –como Grecia, como Portugal- en un país en vías de subdesarrollo, bien está comenzar a aprender lo que se va a llevar por estos lares, si no lo evitamos con todas nuestras fuerzas.

Y es que ayer pasaba por Lavapiés. Hacía muchos años que no caminaba por allí. Y me he quedado sorprendido, incluso asustado. Pero sobre todo preocupado y cabreado. No por la gente, insisto, sino por ver que el llamado comercio tradicional ha desaparecido, dando paso a un número increíble, y claramente excesivo, de lo que se ha dado en llamar ‘tiendas de chinos’, aunque de cualquier producto inimaginable y con personal de razas variopintas, no sólo orientales.

Algunos –desde el presidente de Mercadona, Juan Roig, hasta el alcalde de Bilbao, Iñaki Azkuna- han destacado este tipo de comercio en base a una supuesta cultura del esfuerzo. Pues bien, en muchos casos –y con honrosas excepciones que sí cumplen esa premisa- el supuesto esfuerzo del que hablan estos prebostes del neoliberalismo no es sino simplemente tener abierto muchas horas, sentados tras un mostrador, sustituyendo el empleo regulado por el trabajo familiar, incluso infantil, con unas ventas ínfimas para lograr un simple ¿salario? de subsistencia.

Gente que no se quiere dar cuenta que tener abierto muchas horas no es libertad de horarios; algo que debemos entender como la decisión de cuándo y cuánto abres tu comercio, sin que te obliguen a cerrar domingos y fiestas de guardar, si tú no quieres. Por no hablar de la falta de controles de todo tipo sobre estos establecimientos, a la que también se refería el mencionado gobernante. Eso sí, me imagino que pagarán religiosamente el IVA y demás impuestos y tasas, como se nos exige a los demás mortales, ¿no?

Siempre ha existido –y me temo que seguirá existiendo- ese infracomercio, pero pensaba que en España se trataba de evolucionar hacia unas fórmulas dignas, no hasta la degradación total de estas pequeñas estructuras que son las que, en gran medida, sostienen un país.

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