jueves, 16 de agosto de 2012

Un País de Pandereta (VI): Trabajo por encima de todo, incluso de la dignidad


Todos los días nos encontramos con que cualquiera de los –pongan ustedes el descalificativo que se les ocurra, que no se quedarán cortos- componentes de la llamada ‘troica’ alaban los esfuerzos españoles ante la crisis –algo tienen que decir-, pero los tachan de insuficientes, proponiendo nuevas y originales medidas de ajuste. Como por ejemplo bajar los sueldos, facilitar el despedido, reducir las prestaciones por desempleo, subir los impuestos indirectos o aniquilar los servicios públicos. Un día comentan que no se pueden pedir más esfuerzos a España, para añadir casi de seguido que hay que aplicar reformas más drásticas. Pero más alucinante aún es que al mismo tiempo que se exige a España esta destrucción económica y social se diga diciendo, con la boca pequeña, que las medidas se lleven a cabo en un marco macroeconómico "más prudente", criticando la situación del mercado laboral con ese 25% de parados.

Pese a todo, no hay la más mínima contradicción entre todas estas informaciones. Más bien todo está entrelazado. Y bien entrelazado. Y es que ese altísimo número de parados es una auténtica bomba de relojería que saben que puede estallar en la cara del Gobierno en cualquier momento, por lo que se ha pospuesto la eliminación del subsidio extraordinario de los 400 euros.

Por eso, se ha empezado a tomar como prioritaria la reducción del desempleo: expulsión de la competencia extranjera, fomento de la emigración –con campañas sibilinas cada vez más frecuentes- y búsqueda de nuevos ‘yacimientos’, aunque las condiciones laborales sean más propias de la esclavitud que del siglo XXI. El Sur de Europa tiene que volver a ser competitivo, tiene que ser la cantera del trabajo sucio y malpagado para que pueda seguir viviendo bien la Europa de clase ‘business’. Trabajo por encima de todo, incluso de la dignidad.

De esta forma, verdaderas aberraciones como Eurovegas se venden como la tabla de salvación de la economía y el empleo en España, cuando son un regalo -¿?- envenenado que no quieren en ningún país medianamente civilizado. Y mientras que Madrid y Cataluña se tiran los trastos rebajando de forma vergonzosa las condiciones ofertadas a Mister Adelson para ser los elegidos, en media Europa se descojonan de lo estúpida que puede llegar a ser la clase dirigente de Españistán, mientras que la otra mitad se echa las manos a la cabeza pensando en las consecuencias que pueda producir tamaña aberración.

Si se quiere crear empleo de verdad, hay dos vías más efectivas, de las que ya hablaré próximamente. Porque, recordemos, hay que trabajar para vivir, no vivir para trabajar, por mucho que ahora suene horriblemente incorrecto.

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