jueves, 27 de septiembre de 2012

Quien calla, no tiene por qué otorgar


El señor PPresidente ha vuelto a caldear un poco más el ambiente social con unas manifestaciones –desde Estados Unidos, ya que en España suele ser más taciturno- en las que ha alertado contra los "intereses de vuelo corto" que hay en España y ha rendido homenaje a la "inmensa mayoría" de españoles que no se manifiesta contra las decisiones del Ejecutivo.
 
No voy a entrar a comentar lo que llama “intereses de corto vuelo”, ya que demuestra a las claras que no quiere entender el fondo –no hablo de las formas- de una protesta social. Tampoco es el momento de escribir sobre esa filosofía de afrontar la problemática social ignorándola o agrediéndola.
 
Ni siquiera voy a debatir interpretaciones matemáticas sobre mayorías calladas y minorías alborotadoras, ya que esto depende de contra quien se actúa, como demostraron aplaudiendo y magnificando antiguas protestas minoritarias… porque iban contra otros. Si tanto les gusta la aritmética, deberían recordar una sencilla proporción: 10.830.693 de votantes sobre un total de 47.190.493 de españoles significa que tuvieron –en el momento de la votación, que ahora hay muchos arrepentidos- un apoyo del 22,95%. Es decir, una mayoría –silenciosa o alborotadora, es lo mismo- del 77,05% no los respaldó.
 
En lo único en que ha acertado es en el oportunismo de sacar a relucir ese término de ‘mayoría silenciosa’ en el país donde nació, merced a un discurso de Nixon sobre la Guerra del Vietnam –las comparaciones son odiosas-, aunque el concepto fue bastante asumido por los españoles en épocas que creíamos superadas.
 
Quizá hubiera sido más oportuno un refrán español, “quien calla, otorga”, aun a sabiendas que es tan falaz como la sentencia anterior. No protestan –y están lejos de otorgar- todos aquellos a los que la reforma laboral les ha impuesto unas condiciones tan leoninas que no pueden ni manifestarse. Por no hablar de los que ni siquiera tienen para coger un metro o un autobús –por no hablar del tren- para acudir a la protesta. O aquellos que tienen que destinar hasta el último segundo de su tiempo a la mera supervivencia.
 
No protestan tampoco todos aquellos que –gracias a las hábiles técnicas de desinformación o simplemente ocultamiento- no conocen ni el fondo de las protestas ni los intereses creados de una minoría económica, contra los que legítimamente se manifiesta esta otra ‘minoría’ social. Ni tampoco aquellos infelices que jamás leyeron a Martin Niemöller, que se creen a salvo de la tormenta y aún no saben que algún día les tocará también a ellos. Ni tampoco lo hacen muchos que, por abulia o simple experiencia vital, piensan que estas acciones no sirven para nada, cuando es lo único que nos queda ante el secuestro de las instituciones.
 
Y es que silencios –como el del desencanto- también dicen más que mil palabras. Y no nos olvidemos que muchas veces los más callados son los que más energía despliegan cuando despiertan.
 
PD: Recibí por Twitter esta imagen que viene como anillo al dedo a este post, pero desconozco la autoría, por lo que no cito la referencia. Mis disculpas (y mis felicitaciones al autor por su acierto).

1 comentario:

  1. Callo, porque no tengo nada que añadir a lo que tan bien dices

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