miércoles, 31 de octubre de 2012

De la desobediencia civil a la económica


Como suele ser habitual, Jordi Evole nos dio el pasado domingo una lección de periodismo –para sonrojo de los medios convencionales- y de sentido común –para escarnio de nuestra clase dirigente- en un ‘Salvados’ con un tema no sólo de actualidad, sino que será vital en los próximos meses si queremos mantener un mínimo de dignidad social en ese Estado de Bienestar que están derribando de forma premeditada e interesada a marcha forzadas.

La Desobediencia Civil es la única forma de protesta –incluso de rebedía obligada para salvar la democracia- que nos queda a los ciudadanos que vemos que nos imponen normas injustas e ilegítimas, por mucho que quieran justificarlas por una falsa aritmética electoral que pretenden irrefutable e inquebrantable.

Sin embargo, el PP es consciente de esta situación y mientras que una parte de su aparato legislativo se dedica a desmontar el Estado de Bienestar para beneficio de los mercados, la otra mitad se dedica a parir a gran velocidad todo tipo de artimañas y argucias legales para impedir, bloquear y castigar la protesta ciudadana. Por ejemplo, las aparentemente inocuas Normas de Convivencia Ciudadana, o el vergonzoso y vergonzante Tasazo Judicial.

Sin embargo, hay un arma más poderosa que han aprendido a usar nuestros gobernantes. Si la clave de una protesta ciudadana es la cantidad –“no nos van a meter a miles de personas a la cárcel”- y la calidad –crear un líder, un icono como Gandhi-, la de los poderes públicos es, aparte de una violencia desmedida, el castigo selectivo, con detenciones aisladas y programadas para esos que llaman ‘los convocantes’, y donde más duele: no con un periodo de encarcelamiento que muchos asumirían en pro de la causa, sino en forma de cuantiosas multas.

Pero todo tiene sus alternativas: la desobediencia civil tiene que transformarse en una desobediencia económica, habida cuenta de quien mueve los hilos en esta crisis, ese Quinto Poder al que se aludía en ‘Salvados’. Por ejemplo, si se retirasen permanentemente todos los depósitos del banco deshauciador, tendría un problema pero que muy grave. O si durante un mes se evita la compra de todo producto alemán a favor de los nacionales, la Sra. Merkel posiblemente pensase de otra forma respecto a los españoles, aunque quizá peor. Si ‘marginásemos’ por espacio de una semana a una sola petrolera –al azar, pero siempre la misma- seguro que se acabaría con esas prácticas monopolísticas que fijan los precios de los combustibles al alza. Y si se señalase un día –no es necesario más, en principio- para evitar comprar en esa cadena de supermercados que no quiere donar sus productos caducados, posiblemente combinaría mejor economía y solidaridad.

Son simples ejemplos de desobediencia económica, más dolorosa y efectiva, que tan sólo necesitan comunicación –hoy en día bastante fácil a través de las redes sociales- y seguimiento, algo más complicado pero todo es empezar, ya que conllevan bastante menos riesgo: Y es que este tipo de acciones –al menos hoy en día- no son ni reprimibles, ni mucho menos sancionables.

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