martes, 23 de octubre de 2012

Un país de pandereta (VII): ‘A Dios rogando…’


Somos unos descreídos y así nos va. La ministra de Trabajo reza a la Virgen del Rocío para solucionar la crisis’ y una semanas después nos llega  el milagro de ‘San’ Adelson y su iglesia de Eurovegas con sus cientos miles de empleos libres de todo, incluso de dignidad. Hace unos días, el ministro del Interior profundizaba en esa misma línea divina, pidiendo al Papa rece por España, por lo que en breve tendremos otro filón laboral.

Pero mucho me temo que deberá ponerse a orar todo el Parlamento –incluidos los autonómicos, esos refugios de tiempo libre que propugna Cospedal- a San Judas Tadeo, patrón de las causas imposibles, para que esto se solucione. Y no lo digo por los cinco millones de parados, sino por la falta absoluta de racionalidad a la hora de crear verdaderas políticas que fomenten el empleo, más allá de esos gestos de beatería decimonónica.

Descartado por PPrincipios –neocon, claro- cualquier tipo de actuación desde el sector público, a pesar de la experiencia previa de una crisis muy similar hace ochenta años –salvo en la voracidad de los mercados-, no hay que mirar al cielo para buscar inspiración divina, sino simplemente para contemplar al sol, esa fuente de energía y de riqueza que podría hacer de España un paraíso. Y no turístico. O por lo menos emprender un camino distinto y más productivo que el ladrillazo especulativo. Es cierto que aún es cara, pero precisamente la inversión es lo que conlleva a la reducción de costes. Si a eso le sumamos una serie de tasas a otras fuentes energéticas más contaminantes podríamos tener un panorama que ni en los mejores rezos ministeriales: no sólo no dependeríamos del petróleo árabe, sino que nuestros queridos ‘aliados europeos’ podrían comenzar a adorar a nuestro sol. Y no porque les ponga morenos, precisamente.

A más corto plazo, el sálvese quien pueda… si nos dejan, que ni en eso podemos confiar. Esta mañana leía un preocupante informe, ‘Crear una empresa en España es más difícil que en Zambia’, en el que se comentaba que nuestro país ha caído al puesto 136 en lo que se refiere a facilitar un procedimiento básico y absolutamente necesario en la crisis actual.

En ese sentido, la solución que aporta Martin Varsavsky, y que se puede leer en los dos últimos párrafos de este artículo, no es más que sentido común… y la aplicación de lo que se hace en otros países, quizá no tan católicos pero si igual de ‘liberales’ como Gran Bretaña: exención de impuestos y otros costes laborales hasta que no se alcance una determinada rentabilidad que garantice la viabilidad, el futuro económico.

Y es que lo que no puede ser es aplicar el ‘A Dios rogando, y con el mazo dando’.

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