lunes, 12 de noviembre de 2012

Los suicidios que vienen


Ha tenido que ser el suicidio de más de una persona desesperada el que pusiera un poco de sensatez -¿o miedo?- en la avidez de los bancos de cobrarse en vidas, si era menester, sus deudas particulares, que no las de determinadas entidades políticas, que se condonan como si no pasara nada. Realmente mucho, pero que la chusma no lo sepa.

Unas muertes que, sin embargo, siguen poniendo en evidencia a los políticos, que son capaces ahora de mostrar su cara más ‘humana’. Como ese ministro que es capaz de decir que "ninguna familia de buena fe puede quedarse sin techo por crisis económica", cuando varias decenas de miles ya están en la calle. O esa ex ministra con aspiraciones políticas pero sin memoria –la que sí tenemos los ciudadanos y las hemerotecas- que se lamenta de no haber regulado la dación en pago, quizás porque se preocupó prioritariamente de agilizar los desahucios.

Otros no se suicidan, pero se buscan la ruina tomándose la justicia por su mano, ante una Banca que les aprieta y les ahoga. Porque el Estado se ha equivocado deliberadamente en los que tiene que ayudar.

Pero los suicidios seguirán siendo la mayor causa de muerte en este país en vías de subdesarrollo, y se incrementarán con personas a las que han despojado de toda su dignidad, que han perdido toda su esperanza. Puede ser cualquiera de los seis millones de parados, sin presente ni futuro, de los cinco de inmigrantes, de los estudiantes sin acceso a la educación…

O puede ser simplemente tu vecino, con nombre y apellidos. Que se quede sin asistencia médica, digo sin vida, en una urgencia desatendida. Por culpa de los recortes, de las ‘modulaciones’… de aquellos que no escatiman, sin embargo, ni un céntimo del medio millón de euros en rediseñar una puñetera web que alabe sus inutilidades.

Que no se pongan medallas, por favor. Pero que tampoco se nos olvide en manos de quienes estamos.

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