viernes, 9 de noviembre de 2012

UCI: Trick or treat


Con una semana de retraso, la UCI celebraba su festividad de ‘Halloween’ anunciando "una amplia consulta para hablar de los problemas del ciclismo”, un trato con todos las partes implicadas que ojalá no sea una treta, parafraseando el tradicional dicho en la norteamericana Noche de Difuntos.

No soy de los que golpean a la UCI por sistema, de aquellos que piensan, poco más o menos, que “no nos entienden a los españoles”. Coincido con el máximo organismo mundial en algunas de sus líneas de actuación, aunque bien es cierto que nunca se han distinguido por el diálogo, por el trato, y ahí están los casos de los ‘pinganillos’ o de la involución tecnológica, en el caso de la carretera, o del mismísimo omnium, en lo referido a los velódromos. Por no hablar de aspectos prácticos que no vienen al caso en este momento.

Además, eso de las consultas masivas, de las ‘sentadas’ –como desacertadamente las denominó Lissavetsky-, suelen terminar con excelentes manifiestos programáticos, pero sin consecuencias de aplicación práctica a corto plazo. Y más en un deporte como éste, tan compartimentado –en filosofías, en legislación, en especialidades, en actores protagonistas…- lo que genera no sólo intereses contrapuestos sino a menudo irreconciliables. El Principio de Pareto, además, encuentra pleno significado en el ciclismo: el 80% del interés público se concentra en un 20% que es el ciclismo profesional –y no todo-, por lo que existen tres cuartas partes que no tienen la misma problemática. ¿Es justo, pues, incluir este amplio porcentaje, tan distinto, en el debate? ¿O descartarlo? Difícil disyuntiva.

En todo caso, lo que parece claro es que el problema crucial e inmediato es el del dopaje, pero desde el prisma del engaño, y centrado en esa cúspide de la pirámide, en ese porcentaje superior de Pareto. Y ahí es donde muchos temen que la acción de la UCI se pueda tomar como una ‘treta’ ante la contundente reacción del llamado MPCC, el Movimiento por un Ciclismo Creíble.

Once de los equipos del Wolrd Tour forman esta asociación que ha dictado unas normas de autorregulación más duras que las de la propia UCI, con el objetivo de  "poner todos los medios para recuperar la imagen del ciclismo". En la práctica, se traduce en castigos más severos, fuera de la propia normativa reguladora, con lo que puede llevar de alegalidad, incluso de injusticia.

Pues bien, si ese es el camino, nada más fácil que reglamentarlo desde ya, de aplicar –sin tantos prolegómenos ni falsos consensos- esa sanción a perpetuidad por dopaje cada vez más propugnada… y abrir no una mesa de diálogo, sino las que sean necesarias, para tratar otros temas tan necesitados o más de intercambio de opiniones, buscando un ciclismo del siglo XXI que no puede llegar sólo por el camino de la mundialización. McQuaid no se olvidaba de decir en su oferta de diálogo que “este año hemos constatado en los Juegos Olímpicos que el ciclismo es una de las disciplinas deportivas más populares, tanto desde el punto de vista de los participantes como de los espectadores”.

Y, desde luego en esa búsqueda de futuro, creo que ya es hora de que el ciclismo se deje de comparar con otros deportes, por mucha razón que tenga, y que no mire de forma continuada hacia atrás con un rictus inquisitorio y morboso, y lo haga más hacia delante, con ilusión, esperanza… y ganas de sumar. Sin trucos.

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