miércoles, 26 de diciembre de 2012

Autónomos y autónomos


Entre la marea de cifras negativas que nos ha traído este 2012 –y que el Gobierno actual no sabe, no puede o no quiere afrontar- hay una que ha pasado bastante desapercibida. Pero que no por desconocida debe ser obviada: el año se cierra con 50.000 autónomos menos.
Ya en algún post anterior había escrito que una de las soluciones a esta crisis es fomentar el autoempleo y no proyectos megalómanos como Eurovegas. Pero es que ser autónomo en Españistán es imposible, sobre todo para aquellos que tienen una idea nueva, los emprendedores, que no saben si va a funcionar o no, que lo único que necesitan es tiempo y algún que otro empujón. Pues bien, desde el primer día deben pagar lo mismo que cualquier negocio consolidado (y mucho menos que una fortuna a base de rentas de capital, claro está). Los empujones son para que tropiecen, ya que tienen una presión burocrática y administrativa insoportable, que les caerá como una losa que entierre sus aspiraciones a la más mínima inconveniencia. Por no hablar de las coberturas cuando –por cualquier razón puntual, enfermedad, situación familiar…- las cosas no vienen tan bien dadas. Ni tampoco del doble rasero: paga a la Administración inmediatamente, pero si trabajas para ellos, soporta sus retrasos estoicamente.
De hecho, he leído más de un artículo que enseña, con un poco de picaresca y visión transnacional, pero sin engañar a nadie -eso es cierto-, a instalarse al otro lado de la frontera francesa o incluso en Gran Bretaña, con un régimen mucho más favorable. Eso sí, con unos controles fiscales españoles que ya quisiéramos ver aplicar a las grandes fortunas.
Pero tampoco quiero hablar de estos futuribles autónomos, de los que pueden ser nuestro mejor futuro, sino de buena parte de los 50.000 que han dejado oficialmente de serlo hartos de pagar impuestos y cotizaciones pero que deben buscarse la vida. Y nada mejor que trabajar en negro, con precios bastantes más baratos que los de su competencia ‘legal’… o con los mismos, pero un margen de beneficio mucho mayor que les permite incluso una vida aún más holgada de la que tenían. Lo mismo que hacen muchos ex trabajadores de la chapuza que encima tienen el sostén del desempleo. Y que pasan a ser lo peor de nuestro pasado. O de nuestro presente.
Y nuestros políticos, preocupándose como siempre menos de lo malo conocido que de lo bueno por conocer.

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