lunes, 25 de marzo de 2013

Escrache, el cobrador del Frac en versión política


Tengo que reconocer que jamás había escuchado la palabrita de marras, pero también puedo asegurar que, después de haberla oído tantas veces en los últimos días, jamás se me olvidará.

Escrache, sin embargo, es un término antiguo. Tanto en su origen rioplatense, como bien se explica en la Wikipedia, como en el concepto, como forma de ‘avergonzar’ públicamente a alguien que se ha destacado por un comportamiento, digámoslo así de suave, ‘poco ejemplar’.

Y es que esta nueva forma de protesta social tiene un antecedente muy directo en las empresas especializadas en perseguir a los morosos profesionales, con nombres y fórmulas tan llamativas y clarificadoras como ‘El cobrador del Frac’, ‘El payaso cobrador’ o ‘El torero del Moroso’, aparte de otras figuras atosigantes en forma de ‘Pantera Rosa’, ‘Zorro’ o legionario romano. Incluso políticos como el alcalde Alvarez del Manzano ya tuvieron su ‘Oso anti alcalde moroso’.

Y aunque hubo algunas tímidas voces en protestar contra el acoso de estas figuras antimoroso, en general fueron bien aceptadas aunque la caradura de los destinatarios soportaba estoicamente esta reclamación económica enfundada en denuncia social. Es más, incluso alguno de los disfrazados recibiría una buena mano de leches de estos especialistas en dictar su propia justicia.

Ahora, en cambio, los escarches vienen a ser la mayor de las perversiones antidemocráticas y diabólicas, la nueva ‘kale borroka en palabras de Cristina Cifuentes, esa que en 2009 legitimaba cualquier tipo de protesta ciudadana. No digo yo que algunas formas de este acoso sean potencialmente ilegales y perfectamenbte evitables. Pero tampoco debemos obviar que en este país donde todavía no hay (ni habrá) un solo culpable de la crisis, digo de la estafa, la paciencia de los ciudadanos tiene un límite y la expresión popular de ese ‘malestar’ sólo tiene la calle como manifestación democrática. Desgraciadamente.

Y que la mejor forma de acabar con los escarches no es denunciar a los participantes, sino simple y llanamente detener, juzgar y encarcelar a los estafadores.

1 comentario:

  1. Totalmente de acuerdo, hay que saber no traspasar ciertas fronteras, pero las personas quieren hacerse escuchar, y eso es algo lícito

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