lunes, 29 de abril de 2013

Apuntes de fauna social (XIII): El séptimo sombrero que no previó De Bono


Aunque su aportación más conocida es el pensamiento lateral, una técnica para la resolución de problemas con una visión distinta, creativa, una de las más interesantes teorías del psicólogo y especialista en organizaciones Edward de Bono es la conocida como 'Los seis sombreros para pensar'.

En el libro, publicado hace ya casi treinta años, defiende una metodología para la toma de decisiones en grupo. Tras criticar el pensamiento grupal occidental basado en que cada uno tiende a aportar una idea completa y que cada persona sólo intenta defender sus propios argumentos y atacar los de la parte contraria al precio que sea, considera que el proceso de pensamiento debe contemplarse desde cero, con las aportaciones desde seis puntos de vista, emparejados dos a dos, y cada uno asociado a un color. Y todos ellos representados como sombreros, como símbolo del la ‘funda’ exterior del pensamiento.



De esta forma, junto al sombrero blanco, el de los hechos, nos encontramos el rojo, de las emociones y las opiniones. El negro representa lo negativo, frente al amarillo, el positivo. Finalmente asocia el verde a la creatividad, en contraposición al azul, el de la organización, el control. Todos ellos son necesarios en un momento dado y el trabajo grupal se beneficia de la sucesión en sus apariciones, en un orden determinado según las circunstancias.

Hoy en día, sin embargo, se ha puesto de moda un séptimo sombrero, de una calidad insuperable, pero invisible para cualquier estúpido, como nos contaba Hans Christian Andersen en ‘El traje nuevo del Emperador’. Supongo que conocéis la historia, en la que todo el mundo comenzó a alabar el magnífico traje del monarca, aun sin verlo, por temor de quedar en evidencia por su incapacidad o su estupidez, hasta que un niño, en su absoluta sinceridad, dijo: “Pero si está desnudo”.

Ese sombrero que jamás previó De Bono en sus esfuerzos constructivos, es el de la mediocridad, el del compadreo, el del peloteo, el de la lisonja, el de la incapacidad. El de la irresponsabilidad. El siempre inoportuno, aunque sea el que tanto abunda en nuestros días, para arruinar las aportaciones de los otros seis. Y sin que la sinceridad de las críticas honestas sirva para terminar con él. Más bien al contrario. 

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