viernes, 28 de junio de 2013

La Marca España (I): El deporte

Hace diez días, el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García Margallo –uno de los pocos que está a la altura de su cargo en este Desgobierno, aunque tenga una preocupante e injustificable tendencia a oficiar en la política religiosa nacional- definía en el nuevo programa de Ana Pastor esa entelequia llamada ‘Marca España’ como “transmitir la realidad de España, que es mejor que la imagen distorsionada que algunos tienen”, para añadir que  España es mucho más que sólo un gran país para vivir, que es la imagen general y tópica que la gran mayoría tiene.

Es muy cierto el dicho que “Si habla mal de España, es español” y que somos los primeros críticos con el país, aunque la actitud resolutiva la mayoría de las veces no pase de la charla del bar. Pero también es cierto que no se puede pretender que las formas sean más importantes que el fondo, y que actividades concretas englobadas en esa ‘Marca España’ quieran ocultar la lamentable realidad de nuestro país.

El deporte es el mejor ejemplo. Los éxitos de las selecciones –principalmente la de fútbol, pero también cualquiera que esté en la cresta de la ola, aunque sea de forma coyuntural- se aprovechan enseguida como el mejor ejemplo de la ‘Marca España’. Independientemente de que piense que estos éxitos deberían utilizarse en primer lugar para el fomento del propio deporte –lo que no sucede casi nunca-, y que en ningún caso deben servir para narcotizar a la sociedad, ese ‘Pan y circo’ que tanto se ha utilizado –y se utilizará- en nuestro país.

En estos casos siempre me viene a la memoria un excelente artículo titulado ‘Si la selección fuera una empresa española’ que pese a sus dos años está más vigente que nunca y desmonta cualquier tipo de comparación entre la España deportiva y la real. ¿Cuál de ellas es la verdadera ‘Marca España’, la idílica, que queremos mantener, o la de pesadilla que deberíamos cambiar?

En el plano de los deportistas individuales, tres cuartos de lo mismo. ¿Cuántos españoles –y especialmente los que están en cargos de responsabilidad política o económica- tienen las mismas cualidades de un Rafa Nadal, un Pau Gasol o un Miguel Indurain? O incluso, ¿los valores morales de estos fenómenos se transmiten realmente a los españoles?

El tema me preocupa, por lo que lo retomaré en próximas fechas intentando descubrir cómo es realmente España y cómo somos los españoles. Es decir, la auténtica ‘Marca España’.

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