lunes, 10 de junio de 2013

La televisión en España cumple 65 años, la edad de la jubilación

Un día como hoy –de 1948- tenía lugar la primera emisión de televisión realizada en España. En estos 65 años, muchos cambios técnicos, pero sobre todo, muchas más cadenas: primero ‘La Segunda’, o UHF, como se la llamaba en sus inicios; luego las autonómicas y las privadas; y no hace mucho la TDT… Desgraciadamente todo ello no se ha traducido en más calidad o más oferta real como se podía prever. Y desde luego, hoy en día, el porvenir de la Televisión en España –y en gran parte del mundo- es bastante preocupante.

Según me enseñaron en la Facultad, los medios de comunicación deben informar, formar y entretener. La información es cada vez menos abundante –ojo, que a nadie se le olvide que es cara y cada vez las empresas informativas son más empresas que informativas-, incompleta, sesgada y banal, salvo muy escasas y honrosas excepciones. En cuanto a la formación, se confunde el concepto de dar pautas para que la gente pueda formarse libremente una opinión con el adoctrinamiento puro y duro a base de exposición de argumentos parciales y mediatizados, cuando no de la simple expresión opiniones interesadas… sin fomentar nunca la capacidad crítica.

Finalmente sobre el entretenimiento simplemente decir que cada vez se ciñe a unos esquemas establecidos con cambios mínimos, que se limitan a importarse, a adaptarse a la mentalidad de cada país y a explotarse mientras que sean rentables en términos de audiencia. Variedad, la justa; innovación, la mínima; alternativas, impensables. Incluso los contenidos formativos e informativos tienen cada vez más esa patina de espectáculo que los degrada.

Pero lo más grave en lo que se refiere al futuro de la televisión no es el contenido, el fondo, sino la forma. Y es que aunque el aparato receptor siga estando en un lugar preponderante del salón en la mayoría de los hogares españoles, cada vez tiene menos fieles. La gente –sobre todo los jóvenes- no soporta la ‘tiranía’ de las programaciones, de tener que ver su serie favorita cuando la emiten, cuando hay aparatos que permiten grabarla para visionarla en el momento deseado. Y sobre todo, cuando esos contenidos –y otros muchos- están permanentemente en Internet. Tan sólo se escapan –y no del todo- a esta regla aquellas emisiones ‘en directo’, como las retransmisiones deportivas, por aquello de la emoción del momento, aunque siempre es más fácil que el programa se adapte a tus horarios que tú a los suyos.

Una segunda tiranía es la geográfica: ¿Para que sentarse en el sofá del salón, cuando puedes ver cómodamente el programa en cualquier lugar del mundo gracias a los smartphones como a las tablets? Es algo a lo que podría contestar fácilmente cualquiera que no haya alcanzado la treintena.

65 años, la edad que significa la jubilación –pese al reciente aumento a los 67… y los que vendrán-, es un aniversario bastante significativo para este medio que, paradójicamente, es el que mejor se puede adaptar a todo lo que significa Internet: solamente hace falta que sus responsables, sus protagonistas, lo entiendan, y se adapten a todo tipo de consecuencias, entre ellas las publicitarias.

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