miércoles, 5 de junio de 2013

La UCI tendrá las segundas elecciones presidenciales desde 1991, ¿cómo en 2005?


Con la decisión oficialmente manifestada ayer por el británico Brian Cookson de optar a la presidencia de la UCI, las elecciones que se celebrarán con en el próximo Congreso –el 19 de septiembre en Florencia- contarán con al menos dos candidatos, si bien en el caso del británico debe plasmarse en la presentación de la correspondiente carta de candidatura ante el máximo organismo mundial, con el único requisito de estar redactada en francés o en inglés, y el apoyo de su Federación, y siempre antes del próximo 17 de junio, 90 días antes del Congreso como se establece en los Estatutos del máximo organismo mundial. Supongo que no tendrá ningún problema en cumplir ninguno de los requisitos, pero de momento la UCI no lo ha publicado en su web, algo que si hizo cuando la candidatura de Pat McQuaid fue presentada por su federación, ¡la suiza!

No voy a entrar a valorar los méritos, deméritos, intenciones o programas de los dos candidatos (o de alguno más que pudiera surgir en estas dos semanas que quedan para cerrarse en plazo). Simplemente quiero recordar que, desde 1991, sólo ha habido un proceso electoral en el máximo organismo mundial, en 2005,  cuando el tristemente desaparecido ‘Tito’ Moreno, se presentó con una candidatura demasiado precipitada y un proceso electoral realmente triste que ojalá no se repita en esta ocasión.

Hay que tener en cuenta que no todas las federaciones nacionales votan, sino que cada Confederación Continental elige a las naciones con derecho a voto por un periodo de cuatro años en los siguientes Congresos de la UCI. Para esta elección presidencial… y cualquier otro que se plantee en las asambleas anuales. Según los estatutos de la UCI, son un total de 42, distribuidos así: 7 de África, 9 de América, 9 de Asia, 3 de Oceanía y 14 de Europa. En el caso de la Unión Europea de Ciclismo (UEC), su Congreso del pasado mes de marzo eligió a Alemania, Austria, Bélgica, Chequia, Eslovaquia, Francia, Gran Bretaña, Italia, Luxemburgo, Mónaco, Noruega, Países Bajos, Rusia y Suecia como delegados votantes.

¿Y fuera de Europa? Ahí está el quiz. En el 2005, la candidatura de Moreno se quejó en repetidas ocasiones que la UCI no les facilitó la identidad de los delegados continentales, que les remitió a las confederaciones continentales y que allí tuvieron problemas para conseguir los nombres. Incluso en el caso de la asiática, denunciaban, existía una doble lista. También les llamaba la atención el hecho de que Oceanía tuviera tres delegados, cuando realmente sólo hay dos federaciones que puedan considerarse como tal.

El segundo problema que planteaban era la inexistencia de ninguna reglamentación de este proceso. Ni siquiera existía un comité electoral y se dio la paradoja que el propio Hein Verbruggen, que presentó su candidatura aunque la retirase el mismo día de las votaciones en una extraña maniobra de control sobre la que no me voy a extender, controlaba el proceso en el que se presentaba. Juez y parte… como McQuaid ahora. Aunque la culpa no es del irlandés, sino de la simple e incomprensible inexistencia de dicha normativa y de que nadie haya hecho nada por resolverlo. Hasta el propio COI admitió el trato de favor hacia el candidato ‘oficialista’, pero Verbruggen –miembro del organismo olímpico en aquellas fechas- fue exculpado de violar los principios éticos de la Carta Olímpica.

El proceso quedó reducido a un turno de palabra de diez minutos en el propio Congreso, para pasarse a una votación secreta, nominal y por continentes, que dictaminó el triunfo, esperado, de McQuaid por 31 votos a 11.

No deja de ser curioso que el Comité Directivo se ratifique en dicho congreso, pero que haya sido elegido ‘de facto’ por cada una de las conferencias continentales, con el voto de todos los países que la forman. Así, en marzo la UEC decidió sus miembros –junto al presidente electo David Lappartient (Francia)- en las personas de Renato Di Rocco (Italia), Igor Makarov (Rusia), Tom Van Damme (Bélgica), Peder Pedersen (Dinamarca), Marian Stetina (Chequia), Emin Muftuoglu (Turquía) y Artur Lopes (Portugal)… y el propio Cookson, que sería directivo con McQuaid –pero no al revés-. Aunque el presidente siempre puede nombrar directamente un par de directivos, como hizo el irlandés con su predecesor.

2 comentarios:

  1. una pregunta señor Román ¿qué diferencia hay entre esta pantomima de elecciones y lo que se conoce por corrupción?

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  2. Es algo parecido al envase y al contenido. Con un mal recipiente es más fácil que se pudra lo que hay dentro, pero dependerá de la 'integridad' de cada uno. Pero para evitar tentaciones, hay que mejorar el continente.

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