jueves, 18 de julio de 2013

Discriminaciones falsas e interesadas

Por mucho que existan grupos que, “por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”, puedan sentirse discriminados en determinadas ocasiones, e incluso que la Constitución vele, en su artículo 14, por su igualdad, hay dos razones en que cualquier reclamación de estos derechos no sólo es injustificable, sino absurda.

La primera es cuando se argumenta esta circunstancia como justificación ante un quebrantamiento de una norma legal. Desgraciadamente todos conocemos casos de inmigrantes, por ejemplo, que se quejan de un mal trato –escrito separado- cuando realmente lo que se está contemplando es un delito, sea español o extranjero, blanco o negro, hombre o mujer. Y ya no hablo de los que argumentan esa condición para exigir un derecho inexistente, por ejemplo, una vivienda. Simple de comprender, pero muy oportuno de argumentar para enredar, sabiendo que algunos defensores de pleitos pobres van a entrar al trapo.

Pero hay otro caso en que no procede hablar de discriminación, y es simplemente cuando existe una normativa o legislación específica. Nadie puede decir que se le discrimina por razón de sexo o de raza, por ejemplo, por no permitírsele trabajar en la Administración… cuando ni siquiera ha aprobado un examen. O, centrándonos en el mundo del ciclismo, que se ‘vete’ a unos pobres ciclistas para participar en el Tour de Francia… cuando tienen la licencia de master 60 o compiten en tándem.

Me revienta que se argumenten estas decisiones reglamentarias en base a una discriminación que, simple y llanamente, no puede ser jamás entendida como tal. Pero como decía antes, está pasando, y hay mucha gente que no sabe, pero contesta. Y enreda.

PD: Y otro día, quizá, hablaré de discriminaciones positivas, que hasta el mismo nombre tiene su miga.

1 comentario:

  1. Se me olvidaba: Y si alguien considera una norma discriminatoria, que luche por cambiar esa reglamentación, nunca pidiendo un trato de favor (¿discriminación positiva?) en la aplicación de la misma

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