lunes, 15 de julio de 2013

Lo verdaderamente grave (II)

“Creo que es muy triste que el día después de la victoria más importante de mi vida estemos hablando de dopaje", comentaba esta mañana francamente molesto Chris Froome, en una rueda de prensa que fue un bombardeo sobre las sospechas acerca de su rendimiento espectacular.

Y por mucho que tenga razón el británico, en este deporte cualquier atisbo de espectacularidad –y no digamos la superexhibición de ayer- enciende la llama de la sospecha. Así de claro, y así de triste. Y eso es lo verdaderamente grave para que este deporte recobre su imagen. Así de sencillo.

Ya no valen con pasar decenas de controles antidopaje, que únicamente sirven para ‘pillar’ a inútiles y estúpidos como Sayar. El ciclismo profesional –el ProTour y asimilados- está en otra dimensión. El pasaporte biológico es el mejor avance, pero insuficiente. Tampoco valen medidas a posteriori –represivas- como las que propugna el MPCC.

Hay que hacer humano lo divino.

Por ello, quizás habría que pensar en contestar –todos, no sólo el Sky- a la pregunta retórica que se planteaba esta mañana Dave Brailsford: ¿Qué podríamos hacer para que no tuviéramos que responder a la misma pregunta una y otra vez?". Simplemente responder, y de una forma clara.

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