miércoles, 14 de agosto de 2013

El derecho a ser un burro

Me he levantado esta mañana con una frase de Eduardo Mendoza, uno de mis escritores favoritos, que me ha golpeado primero en los ojos, luego en lo más profundo de mi ser: "Si el ciudadano no quiere leer y ser un burro toda la vida es su derecho".

Si entendemos la literatura, o simplemente la lectura, como una forma de ocio, evidentemente todo individuo tiene esa libertad de elección, de preferir unas actividades u otras en su tiempo libre. Lo mismo que el cine, el deporte, la danza o la gastronomía, por ejemplo. Pero eso no quiere decir que el que renuncie a la lectura sea un burro, aunque para mí esa decisión de prescindir de los placeres de un libro sea algo difícilmente haría.

Pero si entendemos la lectura como un paso básico en la formación –y ojo, sin olvidarnos de que existen cada vez más alternativas audiovisuales, informáticas o telemáticas, y que en su momento mucha gente aprendió en la calle lo que no pudo encontrar en los libros que no llegaron a su alcance-, la libertad individual debe supeditarse siempre al interés social. Y una persona no formada –burra, en palabras de Mendoza- es un ser sin capacidad crítica. Y eso no es algo ante lo que debemos permanecer impasibles… por mucho que a los gobiernos les gusten las masas indiferenciadas, dóciles y aborregadas.

Dicho de otra forma, y parafraseando a Mendoza, si un ciudadano no quiere asearse y ser un cerdo toda la vida es su derecho. Pero si entra en un autobús atestado… el problema, y olorosamente grave, es de todos.

PD: Y casi más grave es todavía el caso de aquellos que presumen de lectores… sin asimilar absolutamente ni una letra.

No hay comentarios:

Publicar un comentario