jueves, 5 de diciembre de 2013

A un amigo se le perdona todo, y así nos va

Hace poco más de una semana me quedé anonadado cuando vi el magnífico reportaje de ‘Alogonzo’ en ‘El Intermedio’ sobre la petición de indulto por parte de la mayoría de los diputados del PP en el Parlament Valenciano para el ex alcalde de Torrevieja, Pedro Hernández Mateo, diputado del mismo partido y condenado por prevaricación y falsedad en documento oficial. Especialmente en el momento en el que el presidente de la Diputación Valenciana, Alfonso Rus, justificaba su firma porque “es amigo mío”.

Es cierto que en su actitud se vislumbraba claramente ese halo que tienen los políticos en Españistán de estar por encima del resto de los mortales a la hora de justificar lo injustificable. Y darle lo mismo. Pero también que el argumento expuesto le parecía sobradamente adecuado como argumento de su decisión.


En este país, por amistad, aunque sea solamente por interés, Andrés, se llega a defender lo indefendible. Puedo entender y compartir frases como “un amigo es aquel que sabe todo de ti, y sin embargo sigue siendo tu amigo" (Cobain) o “la amistad es un tráfico desinteresado entre iguales” (Goldsmith), cuando afectan única y exclusivamente a esas dos personas, a estos dos amigos.

Pero cuando aparece en liza un tercero –sea persona, objeto, entidad o idea-, se le comienza a dar a la amistad un falso valor absoluto por encima de otros principios tan válidos -para mí mucho más- como son la justicia o la igualdad, incluso la mera legalidad: “A un amigo se le perdona todo”. Y así nos va.

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