lunes, 27 de enero de 2014

No dejes que la verdad te estropee una buena crítica

Hace muchos (muchos, muchos) años, cuando estudiaba en la Facultad, me dijeron una de las pocas (pocas, muy pocas) enseñanzas que realmente me ha servido y me ha podido influir de alguna manera en mi quehacer profesional, tanto como en mi sentido crítico de lector, oyente o televidente: “No dejes que la verdad te estropee una buena noticia”.

Así comenzaba hace un par de años un post, que ahora retomo y adapto con una interpretación parecida y quizás más dolorosa: “No dejes que la verdad te estropee una buena crítica”. Y es que el homo nosapiens, y en especial el que vive en Carpetovetonia o Españistán, es especialista en formarse opiniones, criterios o prejuicios que le sirven de guía en su quehacer diario, en su alineamiento –o alienamiento, está por ver- personal: desde ese momento atrae y magnifica aquellos hechos o datos que refuerzan su posición preestablecida, rechazando todas las demás que se oponen, o simplemente, no la corroboran. Y, por supuesto, las opiniones de aquellos que toma como referentes, aunque sea por mero servilismo.

Y es que también este país otrora llamado España también se caracteriza por la falta de criterio a la hora de tener una opinión. Por ello, tomamos la del prójimo, pero, ojo, asumiéndola como propia si es necesario, y al mismo tiempo reconociendo al mentor: es lo típico de los políticos que quieren promocionarse y no pueden permitirse un desliz que dé al traste con su carrera, pero también la de los empleados dóciles y peloteriles que siguen al jefe… hasta el segundo antes de hundirse. Recordando al gran Marx –Groucho-, “estos son mis principios, pero si no le gustan tengo otros”: y es que el cambio de opinión sobrevenido, sin memorias ni remordimientos, también es algo desgraciadamente habitual.

Sin embargo, y de forma paradójica respecto a lo expresado en el párrafo anterior, ese Hispanus Carpetovetónicus se ha hecho especialista en refrendar esa coña surgida a raíz de las encuestas de opinión, en la que el ‘No sabe/no contesta’ se ha trasformado en ‘No sabe PERO contesta’. Aun pudiendo estar callado, aunque sólo sea a la espera de tener los suficientes elementos de juicio para poder opinar, prefiere significarse. Bien multiplicando esa opinión interesada de aquel que tiene como referente, bien inventándose una sarta de incongruencias que ratifican el viejo dicho: ‘Mejor estar callado y parecer tonto, que hablar y demostrarlo’.

Y para no extenderme más, sólo unas líneas para destacar el carácter destructivo de la mayor parte de esas críticas, de personas que solamente van a derribar, a demoler, de forma interesada. “Que caiga España, ya la levantaremos nosotros” como dijo el ínclito Montoro.

Todos estos especimenes pululan por nuestra sociedad, y el mundo del ciclismo no iba a ser una excepción, desgraciadamente, de aquellos bocazas que 'no saben, pero critican'.

1 comentario:

  1. Te falta una cosa: los que son critican a todo lo que se mueve, pero son tan cobardes de no señalar al culpable, a la persona con nombre y apellidos. ¿Van por ahí los tiros?

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