martes, 11 de febrero de 2014

Adiós democracia, adiós

Hoy es un día muy triste para eso que algún día se llamó democracia, ya que se ha demostrado que lo que tenemos en el Parlamento no es el gobierno del pueblo. Ni siquiera el de las personas que dicen representarlo. Es simplemente el gobierno de los partidos, que solamente defienden unos intereses de organizaciones o grupos de presión que en buena parte de las ocasiones no se corresponden con las mayorías –más o menos silenciosas- que hay en la calle, en el pueblo, en el país.

Por mucha gravedad que suponga la nueva Ley del Aborto como un profundo retroceso en los derechos de las mujeres, lo verdaderamente preocupante son esos 183 votos del PP. A algunos diputados –y otros cargos electos o designados- del Partido Popular –¡que farsa de nombre!- se les había llenado la boca de libertades individuales y de otra palabrería tan falsa como interesada a la hora de manifestar su ‘oposición’ a la Ley Gallardón.

A la hora de la verdad, ni quiera el carácter secreto de la votación ha podido cambiar el sentido del voto. Hoy ha podido más la disciplina de partido, los intereses de ese catolicismo rancio al que se deben, que las conciencias individuales. Los intereses del cargo que los derechos de las personas. Era de esperar, pero la ya ratificada demostración confirma en manos de quienes estamos. Y no lo digo simplemente por el PP, ya que con otros partidos del ‘sistema’ podría haber sucedido lo mismo.

El resto depende de todos nosotros, si realmente queremos que el vocablo democracia tenga ese sentido que cada vez está más vacío.

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