martes, 25 de marzo de 2014

Cuando la cabeza de una niña veas rapar, pon la tuya…

Esta mañana me he sorprendido, primero, y cabreado, después, con la noticia de que una niña de 9 años había sido expulsada de un colegio por afeitarse la cabeza… aunque fuese como señal de apoyo a una amiga suya enferma de cáncer y que estaba recibiendo quimioterapia.

Y es que las normas del colegio impiden a las niñas llevar la cabeza rapada y esa norma fue la que hizo valer la dirección del centro, sin admitir excepciones, aunque los padres explicasen el motivo del corte de pelo.

Sin embargo, posteriormente he pasado de la preocupación a la alegría, con matices. Porque, en el fondo, siempre encontraremos directores, administradores (o mandatarios) padefos que no quieren complicaciones y harán valer unas normas injustas para evitarse cualquier tipo de problemas al aplicar posibles excepciones.

Y es que en el fondo, es una cuestión de matemáticas, esas que tanto asustan a los gobernantes, sobre todo a la hora de cuantificar una protesta. Porque si la mayor parte de las niñas de la clase se rapasen sus cabezas, el problema ya no sería castigar a una ‘incumplidora’, sino dejar fuera a la mayoría. Es decir, el problema pasaría de la alumna sin pelo al director sin corazón o sin cerebro.

¿Algún día nos daremos cuenta? ¿Algún día haremos valer nuestro poder?

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