viernes, 7 de marzo de 2014

Príncipe Pío ha perdido el Norte

Jamás ha existido en la realeza española un Príncipe Pío: este nombre corresponde a un noble italiano llamado Francisco Pío de Saboya y Moura, que vivió en España a principios del siglo XVIII. Este personaje no tenía nada que ver con la dinastía que reinó efímeramente en nuestro país antes de la I República como se puede comprobar por su apellido, que en realidad era el estrambótico y pomposamente compuesto Pío de Saboya.

Francisco heredó varias posesiones en España, entre ellas una finca que se denominaba La Florida –que se extiende desde lo que hoy en el Parque del Oeste hasta las proximidades de la Cuesta de San Vicente, por donde bajaba arroyo de Leganitos hasta desembocar en el Manzanares- y que tuvo un importante papel en la historia de España, como escenario de los fusilamientos del Tres de Mayo.

Pero a nivel popular, esa dicha finca, en cuesta, siempre fue conocida como la Montaña del Príncipe Pío y con ese nombre se bautizó extraoficialmente a la estación ferroviaria que comenzó a construirse en 1859 para ser la cabecera de las líneas que iban al Norte de España, lo mismo que Atocha sería la del Sur y el Este. De ahí su denominación oficial, Estación del Norte.

Las escasas posibilidades de ampliación de la estación, encajonada entre la ‘montaña’ y el río Manzanares, originó que se optara por construir una nueva infraestructura realmente al Norte, en Chamartín, que comenzó a funcionar en 1967, dejando progresivamente sin tráfico a la protagonista de nuestra historia.

En los años 90, tras varios años semicerrada, se recuperó como punto intermedio de una línea de cercanías que, a través del túnel de la calle Ferrocarril, llegara hasta Atocha. De la misma forma se ideó que fuera un intercambiador, con conexión con tres líneas de metro y numerosas de autobuses, fundamentalmente interurbanos, recibiendo ya de forma oficial, en 1995, la denominación de Príncipe Pío. Así pues la famosa estación ferroviaria madrileña no tiene nada de real… salvo que realmente hoy en día es una auténtica mierda.

Escaleras automáticas que llevan más de un mes paradas, a las que en un principio se las puso un disfraz confeccionado con vallas de ‘escalera en revisión’, pero que ya no engaña a nadie por las cagadas secas de pájaros que las adornan. Torniquetes de acceso a los que se les secó la tinta –posiblemente antes de que muriese el original Pío de Saboya-, lo que te obliga a mil y una batalla dialéctica con esos portentos de la inteligencia que son algunos interventores, que se empeñan en mantener la teoría de que eres un presunto ‘infractor’ que no ha pagado, cuando la invisible banda magnética demuestra tu civismo. Máquinas expendedoras de billetes o abonos que se toman libre un día sí y otro también en lo que se refiere a la posibilidad de pagar con tarjeta, pro falta de conexión telemática. O taquilleros ferroviarios cuyo nivel de raciocinio está a la altura de los interventores, de esos que, aun sabiendo que llevas toda la razón, solamente saben decirte que ‘hay otros medios de pago’, cuando ni tienes un mísero cajero automático para permitirte buscar la alternativa.

Eso sí, las dos construcciones que circundan la estación, tienen un presente o un futuro más esperanzador. El edificio que se sitúa en el lateral de la calle de la Florida es, desde hace varios años, un concurrido centro comercial y de ocio; el de cabecera, que da a la Cuesta de San Vicente, declarado Bien de Interés Cultural, ha sido puesto en alquiler por la módica cifra de150.000 euros al año. El plazo de presentación de ofertas acaba el 24 de este mes. Y confío que con la ‘pasta’ que saquen, lo primero que hagan es darle ese lavadito de imagen que se merece no el bueno de Pío, sino los santos de todos los usuarios.

Foto procedente de www.edicioneslalibreria.es 

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