domingo, 20 de abril de 2014

Apuntes de fauna social (XV): El comprometido, el obediente, el escaqueado


La obediencia se debe, el compromiso se gana

Esta es una de mis frases favoritas y un postulado básico de lo que debe ser un comportamiento en una organización. Claro que hay quien puede decir que la propia obediencia es el primero y el más básico de los compromisos que tienes que asumir.

Sin embargo hay diferencias fundamentales que afectan al desempeño… y a la relación vertical en una organización. Por ejemplo, la obediencia es una imposición externa, un deber; el compromiso es una autoimposición, tiene un trasfondo más voluntario, y posiblemente más importante.

Para buena parte de las organizaciones, el compromiso es mucho más valioso que el simple hecho de resignarse a cumplir. Claro que también se puede decir que para apretar tornillos no hace falta mucho compromiso. Pero en el momento que hay un mínimo de creatividad en esa organización, está claro que cualquier aportación personal puede ser muy valiosa…

… siempre que se acepte por ‘los de arriba’. Y es que desgraciadamente en todos los sitios, y más en este país, esa relación bidireccional no siempre es muy bien vista por el miedo a que se demuestre la poca valía de esa dirección.
 
Tuve un jefe –poco tiempo, afortunadamente, pero cuyas consecuencias llegan hasta hoy en día- cuya frase favorita era “a ti no te pagan por pensar”. Era la típica persona cuyas actitudes y aptitudes de gestión pasaban por ocultar o hundir a los demás para que solo él fuera considerado imprescindible. En este caso el compromiso era molesto, peligroso y solamente se apreciaba y se fomentaba la obediencia ciega. Y como he leído en una cita de Steve Young, experto en marketing de consumo, “si aquí uno le ordena a alguien que haga algo, esa persona jamás volverá a hacer nada por uno”.

Insisto, no considero que una persona obediente pueda ser más válida que otra que busca el compromiso en determinadas circunstancias y colectivos -¿Las Fuerzas de Seguridad, la degenerada política actual?-, pero en ambos casos existe un peligro latente por cansancio, por desidia, por abulia. Y es que lo contrario del amor no es el odio, sino la indiferencia, o dicho de otra forma, no es la desobediencia, sino el incumplimiento, ese algo tan español como el escaqueo. Y curiosamente, una forma tan negativa de comportamiento se une a otras igualmente perniciosas como ser un pelota o un trepa para progresar más que con el propio compromiso o que con la obediencia.

Con todo mi respecto y admiración al gran maestro, Forges

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