miércoles, 30 de abril de 2014

Privatizando nuestras meadas, insultando al cliente

Hace algún tiempo, el alcalde de una ciudad española recomendaba a sus conciudadanos que salieran de casa con las necesidades hechas. Ignoro las razones de esta sugerencia aunque hay que reconocer que la mayor parte de nuestras poblaciones no tienen esos aseos públicos modulares tan habituales en otras capitales europeas, quizá porque los españoles preferimos entrar en un bar, tomarnos una cañita y satisfacer nuestras necesidades que pagar por la simple meada. Claro, que la sencilla y práctica solución ‘made in Amsterdam’ también nos valdría (a los hombres solamente, claro está).

¿Pero que pasaría si en el bar, aparte de cobrarnos por lo que ‘metemos’ lo hiciesen por lo que ‘sacamos’? La bronca que montaríamos podría ser de escándalo y el establecimiento entraría en nuestra particular lista negra, y en la de muchos, seguro. O en un hotel, en el que aparte de pagar por la cama lo hiciésemos por cada uso del baño. O en el hospital… bueno, de privatizaciones sanitarias mejor ni hablamos.

Pues bien, cuando montamos en el tren de cercanías, es bastante común que los servicios, o no existan, o estén estropeados, como consecuencia de los recortes en mantenimiento de este tipo de empresas públicas con futuro privado. También puede suceder que parezcan una pocilga, aunque en este caso no sé si tiene más culpa la falta de limpieza de la empresa que el porcino comportamiento de muchos usuarios.

Llegar a la estación de destino tampoco es la solución a nuestras imperiosas necesidades: algunas como Príncipe Pío no tienen servicios públicos en la estación y hay que ir a la zona comercial anexa; otras, los tienen cerrados… salvo que pidas la llave al bar de al lado, que te la dará o no según le caigas en gracia… o gastes en alguna consumición. Y en los que están abiertos, la suciedad o incluso algunas prácticas –prostitución, sobre todo homosexual-, son la excusa perfecta para tomar medidas.

Claro que si llegas a Atocha, te parecerá que te reciban con la música más melodiosa, con cánticos celestiales que te conducen hacia los primeros aseos de lujo, eso sí, privatizados, de la capital donde, pagando 60 céntimos, puedes disfrutar de unos baños completamente limpios, con aire acondicionado e incluso obtener un bono descuento para la compra de productos en una tienda adjunta… cuando lo único que quieres es simple y llanamente mear e irte lo más rápidamente posible.

La vergonzosa noticia propagandística que aparece en un medio de comunicación habitualmente bastante más riguroso o este sonrojante comentario de otro canal normalmente más ‘vendido’ por el que no sabes si reír o llorar -Lo que se pretende es crear  un ambiente de lujo y sobretodo una experiencia única- no debe de hacernos olvidar que no se trata de una mejora, ya que bastaría con incrementar la limpieza y la vigilancia, sino un afán recaudatorio más. Y no lo digo porque Papa Estado tenga que incluir estas minucias en su Estado del Bienestar, sino porque simplemente un usuario, un cliente –de un bar, de un hotel, pero también del ferrocarril-, debe tener un trato más considerado y no intentar cobrarle extras por todo. Si el viajero del AVE tiene sus baños reservados, y gratuitos, en la zona de embarque, ¿no debería tener el ‘proletario’ de Cercanías el mismo derecho? ¿No podría acceder a estos mega-guay-baños con el abono transportes o el billete normal? ¿O simplemente instalarle unos urinarios simples pero limpios?

Y termina la propaganda de A3: “ADIF asegura que no se trata de privatizar sino de mejorar el servicio, ya que se trata de una estación con mucho turismo y quieren dar una buena imagen al exterior. Si el sistema funciona lo veremos en el futuro en muchas otras estaciones de España”. Arreglar las escaleras mecánicasde estaciones como Príncipe Pío también ayudaría, ¿no?.

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