viernes, 16 de mayo de 2014

Crispación y Twitter

Hay que dar gracias a que no haya sido un perroflauta, un tuitero, un antisistema, un catalán u otro espécimen de una calaña similar quien haya asesinado a la presidenta de la Diputación, que Dios tenga en su gloria. Porque la que se está liando por un simple ajuste de cuentas entre dos militantes del PP es algo inaudito. Y eso que las presuntas asesinas ni siquiera tenían Twiter.

Como no se ha podido aprovechar este luctuoso hecho –sobre el que algún día habría que poner luz y taquígrafos para conocer las verdaderas relaciones políticas, laborales y de amistad que han llevado a este macabro desenlace- en los términos previstos de criminalizar a los escraches, se le ha dado la vuelta, por la presencia de varias decenas –o centenares o millares, que más da la cantidad- de ‘tontosdelculo’ en la red que han tenido su día de gloria -es un decir- diciendo alguna patochada u obscenidad sobre la finada, aunque realmente el número de seguidores de estos imbéciles sea muy limitado. Y su trascendencia, nula... si no fuera por el efecto difusor que tienen políticos interesados y medios afines.
 
Y manos a la obra: a criminalizar Twitter y las redes. A aprovechar la coyuntura para amordazar el único canal que realmente no controlan, después de haberse hecho con las riendas de todos los medios tradicionales, léase prensa, radio y televisión, salvo honrosas excepciones. Hagamos nuevas leyes que se diferencien de las existentes por su carácter represor e intimidador, pero que resultan innecesarias puesto que ya hay una legislación que castiga los exabruptos, las apologías, las injurias y las calumnias. En la vida real… y en Internet.

Sabéis que soy un acérrimo defensor de Twiter, de sus ventajas comunicativas e informativas, lo cual no es óbice para que reconozca que, como cualquier otra herramienta, puede pervertirse con opiniones lamentables. Pero lo mismo pasa en los medios convencionales, en los que tenemos que leer de vez en cuando ataques de ‘periodistas’ como Tertsch, Marhuenda, Sostres o San Sebastián, cayéndosenos la cara de vergüenza… pero sin que pase absolutamente nada. Ni por lo civil ni por lo criminal. Pero si es un pobre imbécil tuitero, o un grafitero de cotas entendederas, ya es algo muy peligroso para el sistema, para los políticos.

Tampoco conviene menospreciar la importancia de Twitter: muchas de las cosas que se leen en el ‘pájaro azul’ se escuchan a diario en las (deterioradas) estaciones de metro, en las cafeterías (cada vez más vacías), en la sala de espera del médico (cada vez con más gente y peor atendida)… Pero no es la crisis lo que nos harta de los políticos: es cómo nos obligan a cargar con sus consecuencias, mientras que ellos siguen manteniendo sus prebendas y sus privilegios, y viven a espaldas de la realidad. Y cuando les pilla muy de cerca y les puede salpicar, se dan la vuelta y se van, como ocurrió ayer en el lamentable abandono de los concejales populares de Toledo que se negaron a escuchar a un ciudadano. Esa persona que quizás les votó hace tres años y para el que le están pidiendo el voto para dentro de diez días.

En fin, como bien decía Wyoming, esto no es un asesinato político, sino el asesinato de un político por unas razones que no conviene difundir no sea que se les caigan encima los palos del sombrajo y se les desmonte todo el chiringuito. Porque está muy claro que los ciudadanos estamos bastante crispados con la clase política, pero no tanto como para asesinarles: simplemente nos gustaría que cambiasen (prácticamente imposible)… o lucharemos por cambiarlos (difícil, pero con paciencia y democracia, posible).

2 comentarios:

  1. Por si te interesa leer una pequeña opinión en mi blog personal.

    http://esmicolumna.blogspot.com.es/2014/05/todas-las-muertes-traen-sus-danos.html?m=1

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    1. La sensatez solo te lleva a un mismo pensamiento en este caso. Podrás compartir o no algunas cosas, pero criminalizar tuiter por las tonterías que dicen algunos es como cerrar los bares por la misma razón. Lo que pasa es que tuiter es peligroso... porque no lo controlan, por la simple razón de que es muy distinto a ellos. Mírate este artículo de Ana Pastor. bit.ly/1sZawTT Un saludo

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