jueves, 15 de mayo de 2014

Ni la crisis ha terminado, ni va a terminar: recordadlo a la hora de votar

El 27 de septiembre de 2011 –después de una tramitación de urgencia sin precedentes, de solo 41 días- se publicaba en el BOE y entraba en vigor con carácter inmediato –algo que tampoco suele ser habitual en nuestro sistema legislativo- la reforma del artículo 135 de la Constitución, que consagraba dos principios fundamentales, impulsados desde ‘Europa’:

1. Todas las Administraciones Públicas adecuarán sus actuaciones al principio de estabilidad presupuestaria.

2. El Estado y las Comunidades Autónomas no podrán incurrir en un déficit estructural que supere los márgenes establecidos, en su caso, por la Unión Europea para sus Estados Miembros.

Nadie puede discutir que se trata de una regla de oro presupuestaria que responde a la lógica más elemental, pero que había sido incumplida sistemáticamente por nuestros gobernantes… sin que sucediera absolutamente nada. Sin ninguna responsabilidad civil o incluso penal. Ni siquiera política: ahí están haciendo uso y abuso de las puertas giratorias. Una reforma constitucional sobre la que tampoco se quiso ‘molestar’ a los ciudadanos con un proceso más o menos largo de referéndum, y a la que bastó con los votos favorables de PP (y su apéndice UPN) y PSOE, con la abstención ‘táctica’ de CiU y PNV.

Básicamente lo que nos exigía, y nos sigue exigiendo, ‘Europa’ –nombres como la Troika o los Mercados no pueden considerarse sinónimos, pero sí aliados con un mismo objetivo- es la reducción progresiva de dos magnitudes como el déficit público y la deuda pública para que lleguen al 0,5% y al 60% en 2020.

Para ‘meter miedo’, los Mercados se encargaron de inflar la prima de riesgo –básicamente los intereses que se pagan por la deuda emitida- a unos niveles de usura judaico-medieval. Una vez que se comprobó que ya se había metido en cintura a nuestros gobernantes, descendió hasta unos porcentajes más ‘adecuados’, y altamente satisfactorios al comprobase que España paga religiosamente –nunca mejor dicho- esos intereses, por otro lado económicamente bastante interesantes. Pero, ¿y el principal de la deuda? Poco a poco, tranquilos, ya llegará el momento de exigirlo.

España no va bien, aunque la macroeconomía mejore, índices de paro aparte. Y el problema, aunque se ha pospuesto en aras a los intereses electorales, volverá a surgir en un par de años. ¿Visionario yo? No, es que es algo tan obvio…

Hace algunas semanas, supimos que el déficit del 2013 ascendía a un 6,62% del PIB, ligeramente superior al objetivo del 6,5% al que se había comprometido el Gobierno con Bruselas, aunque la cifra al es del 7,08% si se incluyen las ayudas a la Banca, de las que también tenemos que responder como país, por mucho que nos digan que no cuentan. Pues bien, el ministro Cristóbal Montoro se mostraba muy satisfecho, pese al incumplimiento. “Mamá, he suspendido el examen y tengo que repetir curso, pero he sacado un 4,9; felicítame”.

Más aún asusta la cifra de la deuda pública, sobre la que hemos sabido hoy que supera por primera vez los 990.000 millones, lo que supone el 96,8% del PIB: dicho de otra forma: se tendría que dar casi todo lo que se produce en un año en este país para saldar lo que se debe. En este caso, es el secretario de Estado de Economía, Fernando Latorre, quien sale al quite, asegurado que el repunte de la deuda pública hasta marzo es "coherente" con sus previsiones ¿Quizá porque vaya a subir hasta el 104% en un par de años? Además, no se trata de la cifra más alta de la historia, ya que a comienzos del siglo XX, la deuda pública superó el 124%: una excelente justificación para que el PP siga agarrándose a la excusa de la herencia recibida, aunque en este caso haya que remontarse a casi cien años.

No nos olvidemos que hay dos importantes citas electorales. La primera, a diez días vista, que no es sino para ratificar esa ‘Europa’ que quiere aparentar que se preocupa por unas exigencias de futuro totalmente lógicas, pero cuyo principal objetivo es otro muy distinto, como ya hemos visto. Ya sabemos qué partidos están con esa filosofía, con esa línea de actuación y votarlos no significa sino perpetuar esa necesidad de dar primacía al pago de la deuda por encima de todo, cueste lo que cueste, incluso el sacrificio de los ciudadanos.

Y otros comicios, en 2015 ya a nivel nacional, en la que los partidos en el poder –y entiendo como tal tanto al que gobierna como al que hace el teatrillo de la oposición, pero comulga en el fondo como demostró en 2011- no pueden permitirse alarmar más aún a los ciudadanos, después de lo que nos ha caído en estos dos últimos años.

Pero en 2016, incluso antes si vuelven a presionarnos desde ‘Europa’ o con sus matones, habrá que comenzar a pensar en pagar la deuda para cumplir con el Pacto Europeo. Y ello supondrá tener que sacar el dinero de algún lado. ¿De una reestructuración del Estado español que acabe con entidades improductivas que solo benefician a la casta política? No, simplemente habrá más recortes en el Estado del Bienestar, que además benefician a los ‘amiguetes neocons’ o a esas grandes empresas en las que siempre hay puestos en sus consejos de administración para políticos dóciles. ¿De una verdadera reforma fiscal? No, basta con sangrar con más impuestos a los de siempre. Y los evasores, tan contentos. Más austeridad y punto; menos futuro y no se hable más.

Así pues, la crisis no solo no ha terminado, sino que aflorará en muy poco tiempo en su cruda realidad. Pero no os acordéis de esto que escribo entonces, simplemente pensadlo el 25 de mayo, antes de votar (sí, sí, votar, la abstención les beneficia igual). Y todos y cada uno de los días desde esa fecha.

PD: Una vez más, pienso y siento que una imagen de Forges dice mucho más que mil palabras de cualquier economista. Con toda mi admiración y respeto.

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