lunes, 2 de junio de 2014

2 de junio, día de la República

La ¿inesperada? y kafkianamente mal planificada abdicación del rey Juan Carlos ha originado, aparte la propaganda oficialista basada en panegíricos nauseabundos sobre el monarca, un movimiento popular insistiendo en la petición de, como poco, un referéndum vinculante para elegir entre monarquía y república, que los españoles opten entre estos dos modelos para la jefatura del Estado.

Vaya por delante que siempre he pensado que la monarquía –en cualquier país moderno que se precie, incluso Gran Bretaña- es una institución caduca, trasnochada, y que en el caso español, profundamente ‘tocada’ por unos escándalos vergonzantes e indignos de un sistema democrático, que hicieron bajar su popularidad de un 7,46 de nota en 1994 a un 3,72 veinte años después. Todo ello lo expresaba hace dos años en un post titulado 14 de abril, día de la monarquía, al que ahora contrapongo en título éste, aunque en el fondo vengo a decir lo mismo: hay otros asuntos bastante más urgentes que tratar en este país.

Y como se decía en un comentario al mismo, posiblemente me de más miedo tener a un presidente de la República absolutamente partidista y ‘castista’ como pudiera ser Felipe, Guerra, Serra, Aznar, Rajoy, Rato, Cascos, ZP, Fernández de la Vega, Chaves, Salgado, Rubalcaba o Soraya, por mencionar solo a aquellos que han ejercido como presidentes o vicepresidentes en este país, con el PPSOE, el único que podría ganar esta elección presidencial, no nos engañemos, que esto no es un Parlamento donde entran (casi) todos; aquí el ganador se lo lleva todo. Hoy por hoy ni me voy a considerar menos súbdito por no tener un rey ni más ciudadano por estar representado por un presidente como esos.

La disyuntiva de España en 2014 –y años sucesivos, que no es un tema de dos días ni de una simple consulta- no es monarquía o república, sobre todo si este debate se capitaliza en derechas e izquierdas, sino si vamos a seguir tolerando que poderosos y políticos actúen por encima de la Ley; en si queremos seguir manteniendo la oligocracia, la timocracia, la partitocracia o trabajamos por recuperar y dar sentido a la democracia. E independientemente de que haya que cambiar algunas leyes e incluso la Constitución para lograrlo, en muchos casos simplemente bastaría con empezar a aplicar con justicia, con rigor –y sin impunidad ni indultos- las normas existentes. Ya habrá tiempo para comenzar a construir la casa desde abajo y llegar a la Corona, al debate que hoy, 2 de junio, se plantea de forma anticipada y quien sabe si ocultando y postergando esas otras prioridades a las que antes me refería.

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