domingo, 31 de agosto de 2014

Apuntes de fauna social (XVII): La portera

No hace mucho tiempo era normal que buena parte de los edificios en las grandes ciudades tuvieran un encargado de vigilar la entrada y salida de personas, de limpiar las zonas comunes, de hacer pequeñas tareas de mantenimiento o de avisar a las compañías encargadas si la avería era más grave.

Un personaje que no solo vivía en el edificio, sino que disponía de un espacio a la entrada del edifico donde desarrollaba su trabajo… o que simplemente le valía para conocer los movimientos de todos los vecinos y disponer de dicha información como le viniera en gana, aireando intimidades o simplemente chantajeando de una forma u otra en forma de pequeñas recompensas que le supongan un cierto poder en la comunidad. Y aunque en muchos casos se trataba de un matrimonio, lo más habitual es que esa función fiscalizadora –por no decir simplemente chismosa- correspondiera a la mujer, a la llamada de forma despectiva portera, aunque tengo que reconocer que he conocido a porteros, de sexo masculino, que cumplían mucho mejor con el estereotipo marcado. Claro, que si recurrimos a los tópicos, nada mejor que recordar a Chus Lampreave, como Chus, en ‘Mujeres al borde de un ataque de nervios’, o la anónima portera de 13, rue del Percebe.



Hoy en día, este puesto es cada vez menos frecuente y está perfectamente regulado en cuanto a sus funciones en el Convenio Laboral de Empleados de Fincas Urbanas –una denominación políticamente mucho más correcta-, aunque se sigue hablando de portero si vive en el inmueble, o de conserje, si no lo hace.

Sin embargo, esta figura, la de portera, no se ha perdido definitivamente en la sociedad española, sino que está plenamente vigente. No en las fincas urbanas, claro, sino en todo tipo de organizaciones. Una persona que controla el flujo de las informaciones que entran y salen, que lo utiliza muchas veces en su propio beneficio y no en el de la organización, y cuyo trato con respecto al resto de miembros supone una forma de poder nada despreciable. Y ojo, no tiene por qué ser quien se siente físicamente en algo parecido a una recepción o una centralita, o que controle su equivalente 2.0 en redes sociales: las porteras aparecerán donde menos se las espera.


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