domingo, 24 de agosto de 2014

Los Seis Días de Galapagar

Por fin en casa, sabiendo que no voy a tener que salir corriendo para una de las sesiones de los Campeonatos de España, esos que hemos vivido durante la semana que está a punto de terminar y que, aprovechando el símil pistero los podríamos llama los ‘Seís Días de Galapagar’.

Por aquello del marketing –o mejor dicho, por no haberme documentado lo suficiente sobre épocas pretéritas- definí estos Nacionales como los primeros en disputarse de forma conjunta para todas las categorías. Más falso que un velódromo de arena, ya que a mediados de los 90 todavía se disputaron algunos Campeonatos conjuntos, como los de Alcázar de San Juan en 1994, y los de Valencia en 1995. Claro que entonces el programa no tenía muchas de las pruebas de ahora, caso del scratch, el keirin, la velocidad por equipos o las disciplinas por equipos femeninas, por lo que no era tan intenso como en estos tiempos, en los que hemos tenido 49 podios diferentes (uno más si no hubiese fallado la persecución por equipos de las féminas cadetes). Eso sí, el haberme documentado al respecto en una fuente distinta, me ha permitido recuperar nombres para esos palmarés pisteros que estaban un poco abandonados y descuidados.

Volviendo a los Nacionales, se pueden hacer muchas lecturas, pero por aquello del número mágico, vamos a centrarnos en seis:

1- Magnífico el nivel (y sobre todo la ilusión) de los cadetes en Galapagar. Están en esa edad en la que se comen el mundo y, además, haciendo buenos registros, lo que demuestra que hay futuro. Claro que ese futuro puede ser muy diverso y volvemos a lo de siempre: un porcentaje cercano al 100% se orientará hacia la carretera, olvidará la pista en juniors, y se desperdiciarán grandes talentos, especialmente en velocidad. Hay un par de nombres interesantes que ojalá dejen de escuchar cantos de sirena y se centren en el ciclismo que más opciones les ofrece a sus condiciones, aunque no sea ese destino natural de la carretera.

2 – Tengo que reconocer que me hizo mucha ilusión ver a Eduardo Chozas en el velódromo. Acudió por una relación de amistad con la cadete valenciana Sandra Alonso, una aficionada tempranera -que fue con apenas nueve años a su campus- y campeona futura a la que habrá que seguir la pista. Me hubiera gustado ver a algún colega más por Galapagar, aunque en esta ocasión está la ‘excusa’ de la coincidencia con el inicio gaditano de la Vuelta a España que se come todo. Quien sí estuvo en el velódromo fue Joan Llaneras, comprobando que la saga continúa en la persona de su hijo Pau, ya doble campeón de España –persecución por equipos y contrarreloj en los Escolares- en su primer año cadete. “Me ha pasado en un año”, nos contaba Joan, tremendamente orgulloso, mientras que los nervios correspondían a la madre, Eva.

3 – En juniors, en cambio, ya se dejan sentir esas ausencias de ciclistas más o menos profesionalizados que podrían seguir compatibilizando ambas disciplinas sin problemas. Y no es cuestión de fechas, sino de cabeza. No obstante, es bonito ver la ilusión que despliegan algunas Federaciones por ‘levantar’ la pista. Tras unos años malos, la Comunidad Valenciana está dejando ver una impresionante cantera. De Baleares, nada que decir, allí la pista es una religión y pueden presumir de tener a dos futuribles como Marc Buades, que no desentonó nada con Torres en la madison, o Xavi Cañellas. Euskadi es siempre una garantía. Y ojito con Asturias, que pese a ser la selección que tiene el peor velódromo para entrenar, suple con ganas –con muchas ganas- esas carencias para intentar estar con los mejores, lo que ya está comenzando a lograr en determinados momentos. Ojalá que Cataluña y, sobre todo Madrid, puedan volver por sus fueros.

4 – Como sabéis, desde hace tiempo siento una especialidad debilidad por Julio Alberto Amores, el pequeño gran ciclista alicantino, desde que le ví competir como junior en Tafalla. No le fue muy bien en el Mundial, menos aún en el Europeo, pero en Galapagar ha recuperado ese desparpajo que le caracteriza, demostrando que hay que contar con él en el futuro... siempre que tenga las oportunidades necesarias para prepararse en carretera. Junto a él ganando el oro de la siempre espectacular madison un Sebastián Mora que sigue creciendo, especialmente como persecucionista. Sin embargo, para mí la gran estrella de Galapagar fue Albert Torres. Gracias a una ‘dispensa’ especial salió en la madison con ese ‘arcoiris’ que tanto echábamos en falta en los velódromos. Y tras haber ganado una increíble puntuación el sábado no solo no se escondió en la madison de esta mañana, sino que como gran maestro dio la alternativa a uno de esas promesas, a Buades, que como decía antes no desentonó… aunque terminase totalmente reventado. Un gran gesto del menorquín que sabe, como nadie, que hay que apostar por el futuro.

5. Volviendo a la fórmula del Campeonato, decir que ha sido aceptada casi unánimemente por las federaciones, aunque sería convenientes algunos ajustes de cara al futuro. La sucesión en el programa por categorías –mejor que entremezcladas- posibilita incluso que algunas jóvenes promesas puedan probarse en categorías superiores y, sobre todo, ha salvado la competición de persecución femenina en las categorías mayores, una de las prioridades olímpicas. Seis días de competición con ese programa son bastante llevadores para todos, aunque tengo que reconocer que psicológicamente me ha costado mucho cambiar el chip de los tres días de un solo Nacional a estas seis jornadas encerrado en el velódromo.

6 -  No puedo terminar sin hacer mención a Twitter, que se ha confirmado una vez más como la mejor herramienta para la difusión de una prueba ciclista, a tenor de la gran cantidad de favoritos y retweets que hemos tenido en estos seis días. También hubo una experiencia de ‘streaming’ con Sport Winner Live, con unos medios algo precarios, pero con muy buena voluntad una vez que cogieron el tranquillo, demostrando que también es otro vehículo comunicativo a tener en cuenta, especialmente en espacios reducidos como es el ciclismo en pista (o el BMX).

PD: Tampoco puedo ni quiero olvidarme del luctuoso hecho de la muerte de un colegiado, Pepe Gómez, prácticamente en plena competición y delante de sus paisanos, compañeros y amigos. Había coincidido con él en el cierre de la Copa de España de carretera en Torredonjimeno, una prueba que era una especie de premio ante su jubilación… que nadie esperábamos fuese de esta forma tan trágica e inesperada. DEP.

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