jueves, 4 de septiembre de 2014

La verdadera regeneración de la democracia

Del significado etimológico de ‘gobierno de las mayorías’ se ha pasado a una perversión, ‘gobierno en mayoría’. Por encima de todo, y, lo que es más grave, de todos.

Me estoy refiriendo a la democracia, que lejos de profundizar en su sentido último de gobierno popular, mediante sus representantes o, mejor aún, de forma directa –que hoy en día no sólo es necesario, sino técnicamente posible-, se está pervirtiendo en una partitocracia que no sabe –bueno si, lo tiene muy claro- cómo aferrarse a las instituciones para seguir manteniendo sus privilegios. Unos privilegios que quieren mantener no sólo mientras que están en el poder sino, sobre todo, después, siguiendo chupando de lo público (retiros dorados, órganos consultivos, sueldos ‘en diferido’ y pensiones escandalosas…) y de lo privado, las llamadas puertas giratorias, no hay que explicar más. Y que son tanto para ellos, como para sus familias y, sobre todo, para los correligionarios cuya única habilidad es estar en el momento adecuado junto a la político adecuado, y para aquellos que, a cambio de meter mano en lo público, luego les permitirán acceder al gran beneficio, el soñado y muy bien remunerado consejo de administración.

Así pues, cuando oigo hablar a nuestros (des)gobernantes de sus medidas de regeneración, me parto de risa, por no ponerme a llorar, porque lo único que pretenden es gobernar en mayoría al precio que sea, lo cual significa no sólo hacer lo que me de la gana –reléase el segundo párrafo, si no ha quedado muy claro- sino impedir la entrada en las instituciones de cualquiera que lo impida. Y sobre todo si es de una forma decidida, como están mostrando los movimientos sociales en estos últimos meses.

Porque democracia es un término que, cuando se ha querido, se ha equiparado a consenso. ¡Pero ha sido tan pocas veces! Y es mucho mejor pactar, negociar, intercambiar, ceder… para lograr una norma, una ley, un simple acuerdo que refleje a la mayor parte de un colectivo, de una entidad, de toda la sociedad. Eso sí, los ‘chantajes’ de algunas minorías también han producido importantes perversiones democráticas en este país. Pero no por ello debemos aceptar esa mentira –profundamente instalada ya en el ideario y en el argumentario PPopular- de que el mejor gobierno es el de una mayoría. Porque ahora son los Ayuntamientos y las Comunidades, pero si sale bien será el propio Parlamento.

No señores: el mejor gobierno es el que mejor representa a los ciudadanos, cuantitativa y cualitativamente hablando. Y la mejor regeneración, la que simplemente acabe con los privilegios antes mencionados. Simple y llanamente.

PS: Una vez más, gracias al maestro Forges por tener tan claras las ideas y poder expresarlas en una simple viñeta

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