viernes, 31 de octubre de 2014

La corrupción aflora, la ciudadanía se harta, pero la destrucción de España sigue firme

Por mucho que la sociedad española esté harta de casos de corrupción, aunque me temo que aún quedan unas cuentas ‘Operación Púnica’ para que colme el vaso –tanto desde el punto de vista de la inacción de los políticos como en la reacción de la ciudadanía-, no debemos olvidarnos de que la vida sigue. Y que el PP continúa dando pasos en su destrucción sistemática del Estado del Bienestar y en la elaboración de normas que impidan cualquier tipo de reacción ciudadana.

Ayer fue aprobada la Ley de la Propiedad Intelectual, un nuevo paso en el ridículo internacional de nuestra cacareada ‘Marca España’. Una normativa que se vende con el simple y falaz argumento de ‘ley antipiratería’ o contra el ‘todo gratis’, pero que es contraria al derecho comunitario, pensada para favorecer solamente los intereses económicos de los poderosos… que en muchos casos se les volverán en contra, como ha pasado en Alemania; que nos impide la cesión gratuita y sin remunerar de nuestras obras para que pasen a entidades de gestión a las que no pertenecemos ni podremos pertenecer, y en el que la potestad para juzgar posibles ‘delitos’ pasa de los Jueces –derecho democrático elemental- a Comisiones administrativas poco definidas.  Y sobre la que ni siquiera los propios legisladores saben resolver las muchas dudas de un proyecto tan incoherentemente pensado, antidemocráticamente tratado y absolutamente mal parido. No me quiero extender más: si queréis profundizar, hay mucha literatura en la red, esa que cada vez será menos abundante por culpa de este bodrio neonato, aunque no me resisto a recomendaros este artículo de Enrique Dans, que enlaza con el primer párrafo.



Y en Parlamento, a punto de nacer la Ley de Seguridad Ciudadana, la Ley Mordaza, que el sobrenombre lo dice todo, cuya valoración internacional en un país de nuestro entorno como Francia nos debería mover a algo más que una simple reflexión de lo que es Españistán, siglo XXI, Tercer año de la Victoria.

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