lunes, 30 de marzo de 2015

Apuntes de fauna social (XVIII): El pseudoindignado

En esta época de estafa en la que nos ha tocado vivir, en el que se argumenta la existencia de una crisis financiera para desmontar todos los derechos que nos ha costado conseguir varios siglos con el único objetivo de que se beneficien unos pocos; en esta época en la que el neoliberalismo más salvaje campa a sus anchas para satisfacción de unos pocos y vergüenza de todos, la reacción social se puede encuadrar en dos grupos: el de los indignados, los que están dispuestos a luchar por defender unos derechos por muchas Leyes Mordazas que se impongan, y el de los resignados o Padefos, de los que ya hablé en esta serie y que no me merecen mucha más consideración: como leía hace un par de días en un tuit, tragar sólo es el preludio para seguir tragando.

Bueno, hay un tercer grupo, posiblemente irrecuperables, que son todos aquellos que ni saben, ni quieren saber, de que va la vaina. Y cuyo comportamiento quedó retratado con un triste ejemplo, su defensa numantina de #mhyv ante la demora informativa producida por el accidente del vuelo de GermanWings la pasada semana… aunque hay  otros muchos comportamientos más que cada día se pueden descubrir en las redes sociales y en la vida misma.

Pues bien, recuperando ese grupo de padefos –y quizá algunos de los irrecuperables del párrafo anterior, aunque por razones distintas-, de aquellos que aguantan estoicamente su ‘mierdestino’, no deja de ser curiosa su reacción cuando la ‘presión’ –eufemismo para hablar de una simple sugerencia, de un consejo, de una alternativa- procede de otra persona o grupo que no tiene una influencia directa en su vida socioeconómica. Entonces su tradicional abulia, apatía, resignación y conformismo se troca en una reacción que, como mínimo, denota una absoluta falta de educación o de criterios morales, pero que puede llegar incluso a la violencia física, a una actuación desproporcionada con el prójimo, que está en su mismo rebaño, que nunca será el 'enemigo', aunque no quiera ser tan oveja como él. Un gesto que solo ratifica lo desgraciados que llegan a ser.

Y cada día son más, compruebo alarmado, que diría el gran Forges, del que una vez más tomo una de sus ilustraciones con la mayor admiración y respeto.

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