viernes, 17 de abril de 2015

Conozcamos a nuestro próximo presidente, Mr. TTIP

Mañana sábado, se van a desarrollar en muchos puntos de toda España acciones de protesta contra el TTIP, el Acuerdo Transatlántico para el Comercio y la Inversión que negocian la Unión Europea y Estados Unidos, y realmente me gustaría animar a la gente que se manifieste contra la forma y el fondo que se está llevando esta actuación.

Me podréis preguntar, ¿por qué tengo que protestar ante algo que desconozco o que no me afecta? Primero, precisamente por eso, por la opacidad y absoluta falta de transparencia con que se está llevando un acuerdo comercial que va a estar por encima de las legislaciones y constituciones de los países. Y lo segundo, queda contestado, aunque hay más que saber.

En teoría se trata de un acuerdo para favorecer el comercio entre los dos lados del Atlántico, de unos países que están perdiendo peso económico y geopolítico ante el avance de las economías emergentes, principalmente de Asía. Los defensores consideran que es la única forma de que crezcan las economías occidentales; los optimistas, que es mejor entenderse con Estados Unidos que con China. Quizá haya algo de verdad en ello. Pero sólo con la forma en que se está llevando acabo el proceso negociador suscita fuertes dudas, ya que no sólo no se está dando toda la información necesaria a los ciudadanos, sino que se está ocultando o tergiversando. Lo poco que se conoce es a base de filtraciones y de especulaciones. Y eso siempre es malo. Y el hecho de que la Comisión Europea prometa que hay unas líneas rojas que no va a cruzar suscita recelos, como poco, dado su comportamiento en la actual crisis, como parte de la ‘trioka’. Por cierto, los medios de comunicación españoles también callan ¿luego otorgan?



Básicamente se buscan tres objetivos. El primero, la eliminación de los obstáculos aduaneros y arancelarios, lo que, a priori, no está mal, aunque no sea ninguna panacea esa accesibilidad del mercado norteamericano: para gran parte de las empresas españolas, el objetivo nunca será Estados Unidos; en cambio las grandes corporaciones norteamericanas podrán llegar aún más fácilmente.

El segundo objetivo es acabar con otros problemas que faciliten ese comercio. Y aquí es donde surgen muchas sospechas. Que las normas para comercializar un vehículo a ambos lados del Océano sean similares no puede entenderse como algo negativo. Pero que Europa acate los estándares americanos bastante más ‘relejados’ en medio ambiente o alimentación nos hace pensar en transgénicos, productos hormonados y mil otras barbaridades ‘aún’ prohibidas en nuestro Viejo Continente. Eso, por no hablar de la protección laboral, inexistente en Estados Unidos y orgullo, hasta hace poco, de nuestros Derechos. La Unión Europea señala este tema como una de las ‘líneas rojas’, pero no con la contundencia necesaria.



Finalmente, el tercer punto es el que nos debe inducir a la protesta, a la oposición o simplemente a la reflexión crítica, aunque nunca al pasotismo. Y es que se faculta a las grandes empresas a que denuncien a los Estados que aprueben normas que perjudiquen a sus intereses en pro del libre comercio. Y no ante los tribunales nacionales o internacionales, sino ante un órgano de arbitraje, el Mecanismo de Resolución de Disputas entre Estado e Inversor -ISDS por sus siglas en inglés- constituido por abogados nombrados para la ocasión.  No hace falta decir más, pero sí recordar las denuncias de las compañías tabacaleras por poner publicidad ‘fuerte’ en las cajetillas, de las reacciones contra los intentos por acabar contra el fracking, o de otras denuncias por considerarse perjudicadas por el aumento del salario mínimo establecido por Ley. Un mecanismo que estas empresas suelen interponer en países tercermundistas… y que ahora pretenden hacer llegar también en Europa.


Esto es lo poco o mucho que sabemos del TTIP y lo menos que se puede exigir es un nivel mayor de información antes de que sea algo irreversible. Y no falta tanto ya que el calendario prevé que se establezca antes de final de año. Mi impresión es que se trata de consolidar internacionalmente el ‘sistema’ actual de liberalismo salvaje, de dominio de las corporaciones sobre las personas, de sometimiento legal de los estados a un mecanismo comercial empresarial. El TTIP no fomentará esas privatizaciones salvajes que ya estamos viviendo en España, en campos como la Sanidad y otros servicios públicos, pero sí impedirá que haya cualquier tipo de reacción legal ante tamañas aberraciones.

En este enlace podéis encontrar una amplia relación de actividades que se desarrollarán para que puedas sumarte… o simplemente informarte, insisto. Por cierto 2,5 millones de personas han firmado ya en contra de un acuerdo que, de properar gobernará tus vidas. Como alguien dijo acertadamente, el próximo presidente no será ni Rajoy, ni Sánchez, ni Iglesias. Será el TTIP.

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