miércoles, 21 de febrero de 2018

La realidad de la pista en España (y III): las pruebas femeninas


Uno de los grandes momentos del ciclismo femenino español se produjo en los Mundiales de Londres, en 2016, cuando Tania Calvo y Helena Casas confirmaron su clasificación matemática para los Juegos Olímpicos de Río, en la velocidad por equipos y, por ende, para las pruebas individuales de velocidad y keirin.

Y aunque ese último peldaño era relativamente fácil de subir -básicamente se trataba de no 'cagarla' ante Francia y Gran Bretaña- detrás quedaban dos años de esfuerzo, y de regularidad, en las distintas citas clasificatorias para lograr ese sueño de estar en Río. Paradójicamente, ese octavo puesto logrado entonces era el peor de la dupla española en todo el ciclo olímpico: sextas en Cali 2014, séptimas en Minsk 2013, Saint Quintin 2015 y los propios Juegos, lo mismo que en los últimos Mundiales, en Hong Kong.

Unos resultados que dejan clara la realidad de nuestra dupla: estar entre las mejores del mundo, aunque sin opciones reales de luchar por medallas en una competición, es decir, estar en esa franja de los llamados diplomas. Lo que pasa es que el 'veranillo de San Miguel' que suele suponer las primeras competiciones post-olímpicas propició unos resultados excelentes pero que debían ser valorados en su justa medida y momento: plata en el Europeo y dos históricos oros en las primeras Copas del Mundo, en Glasgow y Apeldoorn. No obstante, muchos advenedizos lanzaron las campanas al vuelo, dando una imagen irreal de nuestras velocistas.

Hoy por hoy el 'privilegio' de los metales corresponde a Alemania -con un equipo ya histórico con Kristina Vogel y Miriam Welte que ya tiene relevo en Pauline Sophie Grabosh-; a China -con velocistas que salen debajo de las piedras-, y a Rusia, cuya pareja Daria Shmeleva-Anastasiia Voinova tiene aún mucho recorrido. Ligeramente por detrás, Países Bajos y Australia, mientras que países como Canadá e incluso Colombia y Lituania son una amenaza para las españolas. Además, Francia mejorará bastante con la llegada de la joven promesa Mathilde Gros, aunque de momento no estará en el inminente Mundial, mientras que Gran Bretaña seguro que conjunta un equipo competitivo con la vista puesta en Tokyo... sobre todo para borrar la afrenta de no haberse clasificado para los últimos Juegos, escándalos machistas al margen.

Es cierto que las dos españolas mejoraron ligeramente en el inicio de ciclo olímpico sus registros del anterior, pero también que la mejora es cada vez más marginal, y costoso, y que las rivales también lo están haciendo. Dicho de otra forma, el objetivo de estar en Tokyo 2020 es  realista y asequible, pero si se mantienen criterios parecidos a los de Río -nueve equipos con un máximo de cinco europeos-, la tarea volverá a ser difícil, muy difícil, para Tania y Helena. Razón de mas para que se reconozca el mérito de ambas... y que no se lancen las campanas al vuelo.

Y ojo, que no les pase nada en esos dos años de clasificación. A pesar de su buena voluntad, la navarra Gudane Araiz, la tercera del escalafón, no es hoy por hoy una sustituta de garantías para aspirar a esos objetivos, aunque afortunadamente se vislumbra una velocista no sólo con opciones sino de muchos quilates en la persona de la madrileña Eva Anguela. Aunque en este caso antes tiene que decantarse hacia la pista en lugar de la carretera, disciplinas que actualmente combina con notable éxito.

En el resto de pruebas la situación es similar a la que describíamos hace unas semanas en los hombres: una velocidad en la que es factible estar en las grandes citas pero lejos de los diplomas; un keirin en el que podrían aspirar ambas a un buen resultado -hablamos de una final B- si todos los condicionantes en competición son favorables, y unos 500 metros en los que las opciones de la alavesa son siempre altas, es decir, estar entre las ocho mejores, pero estamos hablando de una prueba que no tiene el marchamo olímpico, con todo lo que conlleva.

De la persecución inexistente al polémico fondo

Hablar de persecución por equipos femenina no nos llevará más de un párrafo: actualmente no hay cuarteta. Es cierto que hay apariciones esporádicas y puntuales. Pero la falta de resultados y, sobre todo, el coste que supone trasladar a cuatro corredoras muchas veces a decenas de miles de kilómetros, cierra las opciones de llevar una continuidad y, por ende, de  pensar en un futuro para esta disciplina. Si hablábamos que hacía falta mucho trabajo para pensar en una cuarteta masculina con opciones olímpicas, en el caso de las chicas hay otros muchos condicionantes, comenzando por la propia disposición o dedicación de las corredoras. En cualquier caso, si hay que pensar en alguna cita, debe ser como poco en París 2024, aunque debe comenzarse a sentar las bases lo antes posible.

Y terminamos con el fondo, donde quiero pasar de lado de la tensión existente entre el actual seleccionador, Raúl Mena, y la corredora Leire Olaberria, que reclama su oportunidad tras su maternidad y su rentrée, a pesar de su edad.

Lo cierto es que hoy por hoy, el presente del omnium se llama Ana Usabiaga, que ha conseguido su clasificación para el Mundial por su labor de hormiguita, aunque hay que ser realistas y conocer las limitaciones actuales de la de Ordizia, pensando sobre todo que de cara a Tokyo, los criterios serán mucho más excluyentes, como bien conoció Olaberria cuando se quedó fuera de la última cita olímpica. Y desde luego, no vendría mal que un enfrentamiento deportivo, claro está, y directo entre ambas -que no sucedió en el Nacional de Galapagar- contribuyera a clarificar el 'status quo' de cada una, así como el del resto de fondistas españolas: Irene Usabiaga, Ane Iriarte o Eukene Larrate.

Nos queda solamente la madison, una prueba que España no ha clasificado para el Mundial, pero que debe ser un objetivo preferente ya que, paradójicamente, parece más asequible que otras de cara a Tokio, debido a la menor cantidad de naciones que cuentan con una dupla con opciones. Eso sí, a día de hoy parece complicado compaginar a los dos bloques existentes, el de las hermanas y Ane frente al de Olaberria y Larrarte.

Fotos: RomanMendoza para RFEC

domingo, 18 de febrero de 2018

La Copa de España llega a su vigésima edición y estrena patrocinador


El próximo domingo, 25 de marzo, viviremos en Don Benito (Extremadura) el inicio de la Copa de España élite y sub23, que llega a su vigésima edición, con una importante novedad: la presencia de un patrocinador, Ikolan-Lanaldi, en los maillots de líder. Un circuito plenamente consolidado hasta tal punto que es -a diferencia de otras competiciones similares en carretera u otras disciplinas, sin tanta continuidad en la presencia de los grandes protagonistas- una referencia obligada para el pelotón nacional aficionado.

La Copa de España nacía en el ya lejano 1999 gracias a la visión del entonces presidente de la Comisión Técnica, Josep d. Bochaca -la persona que más ha hecho por adaptar la reglamentación ciclista a la realidad de nuestro deporte-, y que ha tenido en Manuel Moreno, presidente de AEOPCES, a su segundo gran artífice, especialmente estos últimos años, aunque sin olvidar nunca a los propios organizadores ni a los equipos, a los que no les vendría mal la existencia de unos premios globales que desaparecieron con la crisis.

Es precisamente el desvelo del jienense el que ha conseguido que la Copa de España 2018 tenga, por primera vez desde 2004 -entonces fue la revista Ciclismo a Fondo-, un patrocinador, aunque este primer acuerdo con Ikolan-Lanaldi se ciña a la presencia en el maillot y no tenga contraprestación dineraria, sino de servicios por parte de la ETT vasca. Tanto AS como Teledeporte -aunque la producción del resumen corra a cargo de cada organizador- seguirán contribuyendo a la difusión de este escaparate del mejor ciclismo aficionado.

Pasando a los aspectos deportivos, la Copa de España 2018 tendrá un nuevo nombre en su palmarés, ya que ninguno de los ganadores anteriores -entre ellos Gonzalo Serrano, vigente ganador tras un reñido duelo con Sergio Samitier, mejor sub23- milita ya en el campo aficionado, con la excepción de Jaume Sureda, mejor sub23 en 2016. Fran Gutiérrez, que se impuso en tres ediciones (2002, 2005 y 2006), y Antonio ‘Chava’ Angulo, ganador por partida doble (2016 y 2017), se destacan en un palmarés que incluye, entre otros, a los actuales profesionales Alejandro Valverde (2001), Raúl Alarcón (2010) o Eduard Prades (2012). También reseñar que el murciano, Gutiérrez –en su primer triunfo-, Fran Moreno (2011) y Fernando Grijalba (2013) han sido los únicos ciclistas que se han impuesto en la clasificación absoluta siendo sub23. Por equipos, mencionemos los cinco triunfos del Comunidad Valenciana -con diferentes denominaciones- y los cuatro de Caja Rural, precisamente el último vencedor.

Desde el punto de vista reglamentario, destacar la supresión de las clasificaciones secundarias de montaña y metas volantes -establecidas en 2012-, que no sólo no aportaban ningún interés sino que eran un engorro, aunque se mantiene el sistema de puntuación que 'premia' a los cincuenta primeros de cada carrera, una cifra exagerada de corredores que no tiene ningún sentido y que debería reducirse a los doce o quince que realmente están disputando: llevo años abogando por esta medida, sin éxito.

El recorrido de la Copa de España estará formado por las mismas nueve pruebas que el año pasado, con un ligero intercambio en las fechas de las tres carreras centrales del mes de abril:

25.2. Circuito Guadiana. Sin cambios en el recorrido tradicional, con cuatro vueltas al circuito de Magacela, una selectiva rampa que suele tensar el grupo, pero sin llegar a ser decisiva. De hecho, es frecuente que se decida al sprint, aunque el viento hasta Don Benito puede ser también un elemento importante de cara al desenlace. Serrano fue el último vencedor... comenzando a sentenciar desde el principio su triunfo final.

4.3 Aitzondo Klasika. Posiblemente la carrera que presenta opciones para más tipos de corredores. No tiene un punto clave en el recorrido, sino que hay varios en los que se puede jugar la carrera, por lo que es una prueba muy interesante desde el punto de vista táctico. Fiel a su habitual rotación de finales en las poblaciones del valle, este año terminará en Larraul, después de cubrir el recorrido habitual, con las seis vueltas finales al circuito de Aitzondo. También ganó allí Serrano en 2017.

11.3. Trofeo Guerrita. Tampoco hay cambios en el recorrido de la prueba murciana, con una primera parte caracterizada por la montaña, con la subida a Collado Bermejo, y un final idóneo para las emboscadas, sobre todo si el viento sopla. Alexander Grigoriev lograba en Alcantarilla la primera de sus dos victorias en la pasada edición.

8.4. Memorial Valenciaga. Tras el paréntesis de la Semana Santa llega la segunda parte de la Copa, con el Valenciaga, una prueba que no necesita presentación, aunque este año la vuelta inicial por la costa se hace por el interior, y se recupera el final en la antigua Dos de Mayo, frente al club deportivo, hoy Toribio Etxebarria. Ixúa y San Miguel en los últimos kilómetros son el momento clave de una carrera que tiene suficiente dureza previa como para dejar a muy pocos corredores con opciones en este final. Alvaro Cuadros lograba el año pasado una prestigiosa victoria en Eibar.

15.4. Clásica Ciudad de Torredonjimeno. A pesar de no tener un perfil de grandes puertos, es una carrera que se suele hacer bastante dura, con un final muy selectivo por la presencia de los altos de Locubín y Valdepeñas. En esta ocasión, hay cambios en la parte inicial, aunque no en ese final, que el año pasado registró el triunfo del chileno Elías Tello.

22.4. Memorial Momparler. La prueba de Villanueva de Castellón fue en sus primeros años una carrera diferente por los tramos de adoquinado. Pero el peligro latente para un pelotón tan numeroso hizo cambiar a un recorrido más montañoso -que será el mismo en 2018-, con la subida a Campello como juez de paz, Y aunque parece alejado de meta, posibilita que la gente llegue' cascada'. El año pasado Francisco García Rus se impuso al saltar en la parte final.

1.5. Santikutz Klasika. La única carrera con fecha fija en el calendario también tiene un punto clave, Deskarga, donde tradicionalmente juega la carrera con un ataque de corredores más o menos numeroso, aunque hay otros puntos importantes como el 'Kirtemberg', descubierto el año pasado y que permanece en un recorrido sin variaciones. Samitier fue el último vencedor, desbancando del liderato a Serrano, como anticipo del emocionante desenlace.

6.5. Clásica Xavier Tondo. La benjamina de la Copa de España endureció su recorrido en 2017, con la presencia del col de Lilla a diez kilómetros de meta... en un trazado que no tendrá modificaciones en la próxima edición. Grigoriev lograba en Valls su segundo triunfo en el circuito nacional, en una prueba caracterizada por el protagonismo de corredores secundarios.

13.5. Gran Premio Macario. Otra prueba que puede presentar muchos desenlaces, dependiendo de la voluntad de los corredores y de lo decidida que esté la general de la Copa de España. De vivir un sprint casi masivo en alguna edición a recordar el portentoso ataque de Serrano que desbancó a Samitier, en un recorrido que tampoco presenta novedades  y que va haciendo daño según pasan los kilómetros. García Rus fue el último triunfador en Alcalá de Henares.
Foto: Román Mendoza/para RFEC

sábado, 17 de febrero de 2018

Mal comienzo para la Emakumeen Bira en el World Tour


En un año de excelentes noticias para el ciclismo femenino nacional -sin entrar a valorar las causas de la drástica reducción de las pruebas de la Copa de España, que ya habrá tiempo para ello-, en el que se destacan la aparición del Movistar Team femenino o la promoción de la Emakumeen Bira al circuito UCI Women's World Tour -después de dos años de desvelos y menosprecios-, es precisamente la carrera vasca la protagonista de una pésima novedad al anunciar la participación en su próxima edición con la presencia de una sola escuadra española, precisamente el equipo telefónico, y sin que se haya invitado a las otras dos escuadras UCI españolas, Bizkaia Durango-Euskadi Murias y Sopela Women's Team.

Personalmente la noticia no sólo me ha sorprendido, sino que me ha dolido viniendo de una persona que siempre ha estado volcada con el ciclismo femenino como Agustín Ruiz Larrigán. Y que, por supuesto, el organizador siempre tiene el 'derecho' -a falta de una reglamentación más precisa- de decidir a quién quiere, y a quien no, en su prueba. Pero dejar fuera a dos equipos UCI nacionales -y que además son vascos y vizcaínos como Agustín, precisamente presidente de aquella Federación- es algo que no me cuadra. Ni me gusta.

Es más, ni siquiera parece necesario a estas alturas, ya que faltan tres meses para la carrera y todo el mundo con el que he hablado me comenta que el asunto se arreglará. ¿De qué forma? ¿Pretendiendo que los dos conjuntos compitan en peores condiciones económicas? ¿Esperando a presionar a las entidades públicas o a los patrocinadores para que se 'estiren' y aporten un 'plus' que permita contar con ambos conjuntos? ¿O cediendo incondicionalmente pero mostrándose como la víctima en este asunto? No estamos hablando de póker, sino de ciclismo, un deporte en el que normalmente hace falta muchísima más claridad y sinceridad.

Que nadie se piense tampoco que existe -o se puede provocar con ello- un enfrentamiento entre Movistar y los otros dos conjuntos. La lógica diferencia de nivel es una cosa, pero todos ellos saben que están en el mismo 'barco' y que nada se gana con este tipo de polémicas. De hecho, hay algo que les honra tanto a Bizkaia como a Sopela, y es que no hayan levantado la voz. ¿Aún?

Es el momento de hacer caso al dicho 'rectificar es de sabios' y siendo Agustín una persona sensata -y amante del ciclismo femenino, insisto- atajar el problema cuanto antes y no dejar que se enquiste y pasar a otra frase, desgraciadamente también habitual en este deporte: "De aquellos barros estos lodos".

lunes, 12 de febrero de 2018

Gracias Anna y enhorabuena (pero la lucha continúa)


Anna González ha recibido esta mañana de manos del director general de Tráfico, Gregorio Serrano,  la Medalla al Mérito de la Seguridad Vial con distintivo azul por su implicación y compromiso con los valores de la seguridad vial. "Es un privilegio conceder esta medalla a personas como tú, personas que a título personal se han comprometido  con mejorar la seguridad vial,  personas luchadoras que intentan con sus actuaciones cambiar lo que consideran injusto: la impunidad de muchas muertes en carretera y el abandono a las víctimas tras un accidente; en definitiva,  personas que son ejemplo para los demás”, declaraba el responsable de Tráfico con motivo de la entrega.

No hace falta recordar la lucha primero personal y después de todo un colectivo con esa iniciativa #PorUnaLeyJusta. Al final, el cambio legislativo parece que está en marcha aunque González no se ha cortado a la hora de manifestar, en declaraciones recogidas por Europa Press, que "me estoy decepcionando con la reforma del Código Penal", criticando que el proceso de reforma se encuentra en estos momentos "parado". "Está yendo mucho más lento de lo que me dijeron, creía que iba a ser más rápido".

Pese a todo, ha querido agradecer a Serrano su trabajo "en la protección del colectivo ciclista, por escuchar a las víctimas y, sobre todo, por tu humanidad". Y es que aunque la gestión del director general de Tráfico está siendo francamente cuestionable en algunos aspectos, en el tema de la seguridad vial de los ciclistas no hay nada (de momento) que objetar, por lo que no estaría mal que, desde su organismo, diera ese empujoncito que reclama Anna en aras a la máxima rapidez legislativa.

Tampoco estaría mal que el colectivo ciclista no pensara que se ha llegado a la meta y que todos aquellos que han estado a su lado desde el principio -no los advenedizos, que se juntaron sólo para la foto- diesen un último relevo a esta iniciativa.

En cualquier caso, gracias Anna y enhorabuena.

miércoles, 7 de febrero de 2018

Reconversión ciclista (VI): Fermín Trueba, el epicentro de las comunicaciones

Fue con Jesús Guzmán -la voz en moto de Radio Vuelta más importante del pelotón nacional-, con quien iniciaba esta serie de ciclistas reconvertidos en profesiones relacionadas con las competiciones ciclistas, pero sin caer en los ‘tópicos’ de directores deportivos, auxiliares o conductores en competiciones- Y es otra persona vinculada a las comunicaciones en carrera, Fermín Trueba -como responsable de una empresa que proporciona estos servicios-, el protagonista de esta sexta entrega.

Trueba es, sin duda, un apellido con tradición en nuestro deporte, especialmente en su Cantabria natal, aunque nuestro Fermín no tiene ninguna relación cercana con Vicente Trueba o Fermín, hermano menor de la mítica ‘Pulga de Torrelavega’. “Eran primos de mi abuelo -nos cuenta-, pero no tuve ningún contacto con ellos”. No obstante, sí tiene raíces ciclistas, ya que su padre -Marcos- fue ciclista amateur y director de equipos, lo que influyó para que se dedicara a este deporte, con notables éxitos en las categorías inferiores, aunque sin poder estrenarse en la máxima, donde militó dos años en Zahor -1988 y 1989- y uno más en Paternina -1991-, después de un paréntesis de una campaña recalificado en el campo amateur. “Pasar es difícil, pero mantenerse lo es más y desgraciadamente no depende sólo de ti. Preparación, calendario, suerte y resultados pueden llevar a mantenerte como profesional o a quedarte fuera”. Aun así se muestra muy satisfecho de aquellos años: “Realmente lo valoras mucho más después”.

Como bastantes ex corredores, su carrera mantuvo la vinculación habitual con el ciclismo: director de equipo, comercial, responsable de una tienda en Santander o conductor en Vuelta a España -también llegó a ser durante algunos meses vocal de la RFEC- hasta que casi de rebote se encontró metido en el mundo de las comunicaciones ciclistas, lo que se conoce como radio vuelta. “Tuve una experiencia que salió mal, pero pensé que podía ser interesante para seguir vinculado con el ciclismo”.

Así Trueba Sport -precisamente la denominación de su comercio- pasaba a tener una nueva faceta a partir de 2014. “En España, principalmente trabajo en carreras de aficionados, como Galicia, Coruña, Navarra o Zamora, aunque ya llevo varios años acudiendo a la Challenge de Mallorca. Pero también acudo a pruebas en América, en países como Paraguay, México o República Dominicana. En principio, cuento con unos medios suficientes para cubrir cualquier tipo de carrera -entre 70 y 80 equipos se suelen distribuir-, salvo aquellas como Vuelta a España en las que ya entran en juego otros factores tecnológicos, como pueden ser las comunicaciones aéreas”, precisa.

Y aunque esta experiencia “me permite estar en contacto con el ciclismo, no suelo enterarme mucho de lo que sucede en las carreras. Conozco a muchos ciclistas, pero por relaciones exteriores; cuando estamos en competición no me fijo en ellos, ni siquiera sé quien gana. Mi preocupación es que no haya problemas en las comunicaciones”. Aparte de aquellas etapas en las que la orografía juega en contra, “los principales problemas llegan cuando hay una escapada con muchos minutos de diferencia, en la que tienes que hacer de puente para garantizar que se escuche bien, y al mismo tiempo dar un apoyo a las motos de información, que no pueden moverse con tanta facilidad entre grupos por las distancias”.

La ‘avería’ más común: no encender la emisora

En este sentido, “mi trabajo tiene una visión radicalmente contraria a la de la propia competición. Cuando gana un corredor recibe todas las felicitaciones del mundo. Pero aquí cuando todo sale bien, no hay ninguna muestra de elogio; es cuando fallan las emisoras cuando todo el mundo se ‘acuerda’ de ti. En general la gente es bastante comprensiva, aunque hay algunos que se ponen nerviosos y te llegan con malos modos”. Lógicamente no quiere sacar nombres a relucir, aunque tampoco se acuerda -pese a la insistencia- de alguna anécdota, salvo “el hecho de que la mayor parte de las ‘averías’ son simplemente que se han olvidado de encender o enchufar la emisora, o que llevan el volumen bajado”.

Los peores momentos llegan cuando “no das con el problema. Por ejemplo, cuando piensas que es un problema de recepción de un equipo y lo que falla es la emisora. O cuando ya sabes dónde ubicar el problema, pero crees que es el aparato y a lo mejor es el cable de la antena”. Y si la instalación de emisoras conlleva un trabajo adicional, la recogida de las mismas tras la prueba también requiere una dedicación especial y más motivada por las prisas de terminar y salir corriendo, “aunque lo normal es que no haya ningún problema y tanto equipos como organización devuelven todo el material en condiciones”.

Y entre carrera y carrera, Fermín sigue viviendo de cerca el ciclismo. No en la tienda, sino por sus vástagos. Por un lado, Alvaro, un chaval de 25 años, que este año se estrena con los colores del Sporting Tavira portugués, después de dos años militando en el Efapel, también el país vecino. “Espero que la experiencia de las dos primeras campañas en las que trabajó para sus compañeros le sirva para tener oportunidades este año y demostrar su valía”. Y aunque Fermín ha dirigido a su hijo en varias ocasiones “creo que nunca he hecho radio vuelta en una carrera en la que él estuviera participando”. Y por otro al pequeño Pablo, que con 17 años sigue en la línea familiar, y no sabemos algún día su nombre sonará por las emisoras de Trueba Sport.

viernes, 2 de febrero de 2018

La UEC aboga por reducir el kilometraje de sus Campeonatos de Europa de carretera

En plenas vísperas del Mundial de ciclocross, la Unión Europea de Ciclismo ha aprovechado el desplazamiento de los federativos europeos miembros de su Comité Directivo para celebrar en Valkemburg una reunión de este organismo, cuyo tema estrella ha sido la reforma de los Campeonatos de Europa de ciclismo en carretera a partir de 2019.

Tras el invento para este año de los European Sport Championships en Glasgow (y Berlín para otros deportes), a los que ya me referí ampliamente, que reúnen en esta ciudad escocesa las competiciones élite de las cuatro modalidades ciclistas olímpicas, pero que obliga a organizar otros Europeos para el resto de categorías habituales (juniors y sub23), para 2019 se hace una apuesta distinta que justifican así: “Para convertir las pruebas más espectaculares y apasionantes para el gran público y la prensa, las pruebas se disputarán en circuitos cortos y los kilometrajes serán reducidos”.

Sobre lo primero, decir que es tradicional que los Mundiales (y también los Europeos) se disputasen en circuitos de unos 15-18 kilómetros en una única sede, pero la necesidad de sacar recursos económicos para hacer viables estos eventos ha supuesto que se regionalicen los Campeonatos -el caso de Innsbruck 2018 es terriblemente significativo-, con varias sedes y circuitos en el que los tramos en línea -de ciudad a ciudad- son cada vez más frecuentes.

Pero lo segundo, la reducción del kilometraje, es lo que no me termina de cuadrar. Es cierto que los Europeos de Herning el año pasado fueron agobiantes, con hasta tres pruebas en línea en una misma jornada. Y si se reduce el kilometraje, se disminuye la duración, lo cual agradecerán todos los miembros de los staff de las Federaciones, aunque no los corredores, que vivirán en algunos casos ‘pruebas de juguete’.

Porque las distancias propuestas son, en general, de risa: 20 a 30 kilómetros para las contrarrelojes de todas las categorías, incluyendo a los élites que normalmente cuelen estar muy cerca de los 50; un máximo de 120 kms. para las féminas, que llevan mucho tiempo reclamando con razón mayor dureza, y, lo que es ya el ‘summum’: solamente 180 kilómetros para los élite, para los ‘pros’, algo que choca frontalmente con la realidad que he vivido en muchísimos Mundiales: es a partir de los 220-240 kilómetros cuando se separa el grano de la paja.

Es cierto, como se plantea a UEC, que los Europeos deben ganar en interés, pero para ello deben consolidarse en el calendario: y si en 2016 tuvieron la suerte de esa ‘ventana’ post Vuelta debido al retraso del Mundial de Qatar, en 2017 su ubicación a principios de agosto resultaba demencial: quien no estaba descansando del Tour estaba pensando en la Vuelta, o corriendo en alguna de las muchas pruebas coincidentes. No hace falta recordar los apuros que vivió Javier Mínguez para formar el ‘nueve’ español.

La solución, pues, no debe ser reducir distancias, sino proteger un evento… o pensar incluso que pueda no tener carácter anual: de hecho el ciclismo debe ser el único deporte que tiene todos los años su Mundial y su Europeo.

miércoles, 31 de enero de 2018

El Mundial de ciclocross llega a su sexagésimo novena edición: cifras y curiosidades

Valkenburg, una localidad con una gran tradición en el ciclismo en carretera -final de la Amstel Gold Race y sede del Mundial en 1938, 1948, 1979, 1998 y 2012- se estrena este fin de semana con su primer Campeonato del Mundo de ciclocross, el sexagésimo noveno de la historia, si bien en 1949 existió un Criterium Internacional catalogado oficiosamente como Mundial.


Por este motivo, he actualizado el post que escribí en 2015, basado en la magnífica serie ‘Arcoiris en el barro’, de Max Bulla en Biciciclismo, que me sirvió como base de esta recopilación estadística de los Mundiales.

Un total de trece países han acogido alguna vez este evento, todos en Europa salvo Louisville (Estados Unidos) en aquella concentrada edición de 2013. Bélgica encabeza la relación con 9 ediciones, seguida de Francia (8), Suiza, Países Bajos, Alemania y España (7), Italia (6), Luxemburgo y Chequia (5), Gran Bretaña (3), Dinamarca, Eslovaquia y Estados Unidos (1). Nos falta un país, Saarbrucken, que cuando acogió su Mundial en 1955, era territorio independiente, aunque ahora pertenezca a Alemania.

Como sedes, Tabor, Luxemburgo y Zolder han vivido tres Campeonatos, mientras que han organizado más de un Mundial Pontchateau (Francia), Ginebra (Suiza), Koksijde (Bélgica), Hannover y Sankt Wendel (Alemania), Hoogerheide (Países Bajos) y Tolosa, en nuestro país.

Siete Mundiales se han disputado en España, todos ellos en Euskadi -las localidades guipuzcoanas de Oñate, Beasain y Tolosa y las vizcaínas de Amorebieta y Getxo- y Navarra, en Bera de Bidasoa. Una cifra muy similar a la de las grandes potencias, si bien hay que remontarse a 1990 para encontrar la última edición disputada en nuestro territorio. ¿Alguien se anima a recuperar la tradición? También Suiza lleva desde hace mucho tiempo, concretamente desde 1988, sin Mundial, si bien lo tendrá en Dubendorf 2020.

A pesar de que hoy en día se asocia de forma indisoluble ciclocross y Bélgica, no fue hasta la decimoséptima edición, celebrada en Beasain, cuando se produjo el primer triunfo belga, precisamente con el hombre que tiene el record mundial de victorias, Eric De Vlaeminck, con 7. Bélgica es el país con más ‘arco iris’, un total de 29, a los que une 21 platas y 18 bronces.

Ese número es justo el doble de medallas que Francia, la segunda selección en el medallero (68 a 34), la nación que dominó en las primeras ediciones, con nueve triunfos consecutivos, aunque el décimo (y último) no llegó hasta 1993 con Dominique Arnould.

Suiza (siete), Alemania, Italia y Países Bajos (seis) y Chequia (cuatro) son el resto de países que han tenido alguna vez un ‘arco iris’ en la máxima categoría, mientras que Estados Unidos, Dinamarca y Luxemburgo son los que han logrado alguna de las otras medallas en juego. En cuanto a España, la mejor posición jamás lograda fue un cuarto puesto de Antón Barrutia en 1960, así como tres quintas plazas, la última en 1972.

Y solamente Bélgica (1971, 2002, 2003, 2004, 2005 y 2012) y Francia (1950, 1951 y 1953) han sido las naciones capaces de hacer un triplete en este evento

Siete títulos para De Vlaeminck

En cuanto a los grandes triunfadores, tras Eric De Vlaeminck –el ganador más joven, además, con 20 años-, encontramos a tres pentacampeones, el francés André Dufraisse, el italiano Renato Longo y el suizo Albert Zweifel, un tetraganador, el belga Roland Liboton, así como a cinco tricampeones, el frances Roger Rondeaux, los belgas Mario De Clercq y Edwin Vervecken, el checo Zdenel Stybar y el alemán Rolf Wolfshohl, el hombre que más veces ha subido al podio, en doce ocasiones (cinco veces plata y cuatro bronce). A ellos puede unirse este año el belga Wout Van Aert, ganador de las dos ultimas ediciones, del que dicen que se despedirá en breve del barro para centrarse en el asfalto. Sven Nys, el más grande de todos los tiempos, solamente tiene dos ‘arco iris’, en 2005 y 2013, aunque subió otras siete veces al podio.

En el mencionado artículo se sostenía la diferencia, incluso la oposición, entre ciclocross y carretera, pero muchos ‘arco iris’ en invernales han brillado en el resto del año. Desde el primer ganador, Jean Robic, ganador del Tour de Francia, hasta el campeón olímpico Pascal Richard, pasando por los grandes clasicómanos Roger De Vlaeminck y Adrie Van der Poel, el ganador de la Vuelta Rolf Wolfshohl o el esprinter Klaus Peter Thaler, que también destacó en la ronda española.

Por no hablar del neerlandés Mathieu Van der Poel, campeón del mundo junior de carretera y ciclocross, que saltaba antes de acabar su periplo por edad a la máxima categoría en la que se estrenaba con el título absoluto en 2015. En este sentido fue más precoz que su padre, Adrie, que fue cinco veces subcampeón antes de conseguir el arco iris.

Radomir Simunek, Richard Groenendaal, Lars Boom y Niels Albert son otros de los ciclocrosistas que, como Van der Poel, lograron el título juvenil y posteriormente el élite. Algo que no dudamos hará en el futuro la nueva sensación, el británico Thomas Pidcock, que también sabe lo que es ganar un Mundial en las dos disciplinas, en este caso contrarreloj, en el mismo año.

El oro de Vijandi

Siguiendo con los Mundiales juniors, decir que comenzaron a disputarse en 1979 y ese año se consiguió la única medalla de oro del ciclocross español en cualquiera de las categorías oficiales, con el mítico Iñaki Vijandi, del que por cierto no he encontrado ninguna foto en dicho evento, ni siquiera con el 'arco iris'. Otras dos platas han sumado nuestros juveniles, a cargo de Jokin Mujika (1980) y Gaizka Lejarreta (1996).

En el medallero de esta categoría dominan los Países Bajos, con nueve ‘arco iris’, por delante de Chequia/Checoslovaquia, con ocho, Bélgica y Suiza, con seis, habiéndose estrenado también Gran Bretaña, Francia, Alemania, Italia, Estados Unidos, Dinamarca y, claro está, España. Por cierto, británicos -el año pasado- y belgas, en 2014, han sido los únicos que han copado el podio.

Terminamos el repaso de las pruebas masculinas con la categoría de plata, amateurs (1967 a 1993) y sub23 (desde 1996), en la que también encontramos algunos ganadores que luego lo serían en la máxima categoría como Roger De Vlaeminck, Thaler, Mike Kluge, Danielle Pontoni, Nys, Bart Wellens, Stybar, Boom, Albert y Van Aert. Y solamente en el 2002 encontramos un podio copado por corredores de la misma nación, claro está, Bélgica.

Y aquí encontramos otras dos medallas españolas, ambas de plata, a cargo de José Mari Basualdo en 1970, y la que aún retenemos en nuestras retinas, la del año pasado de Felipe Orts.

En cuanto al campeonato femenino, que se disputa desde 2000, vemos a dos nombres por encima de todo, la heptacampeona neerlandesa Marianne Vos y la cuatro veces triunfadora, la alemana Hanka Kupfernagel. Las dos coinciden en el número de presencias en el podio, hasta en diez ocasiones. Por detrás, a muy larga distancia, la francesa Lawrence Leboucher es la única que ha subido un par de veces a lo más alto del podio. Aparte de Países Bajos, Alemania y Francia, solamente Bélgica sabe lo que es llevarse el oro, en una categoría en la que siempre han estado muy repartidas las naciones en el podio.

A diferencia de los hombres, ambas han reinado –y de que forma en el caso de la primera- en carretera y ciclocross, lo mismo que la francesa Pauline Ferrand-Prevot, que ha conseguido el ‘arco iris’ no sólo en estas dos disciplinas, sino también en BTT.

La quinta y última categoría del programa mundialista es la de féminas sub23, que engloba también a las juniors y que se incorporó en 2016. Por lo tanto, en Valkemburg viviremos la tercera edición.


lunes, 29 de enero de 2018

Cuatro minutos con #GoTorresGoMora

Albert Torres y Sebastián Mora son las grandes referencias del ciclismo en pista en España. A falta de apenas un mes para el Mundial de Apeldoorn, he querido hacer este pequeño repaso de lo que ha sido su trayectoria, así como su futuro inmediato, en la cita con el arco iris, y a medio plazo, en ese reto de los Juegos Olímpicos de Tokio. Todo ello bajo ese interesante proyecto #GoTorresGoMora, en apenas cuatro minutos.

lunes, 22 de enero de 2018

La realidad de la pista en España (II): la persecución y el fondo masculinos

Los malos augurios que se cernían sobre la persecución por equipos masculina española se han confirmado este fin de semana en la quinta y última manga de la Copa del Mundo de pista celebrada en Minsk (Bielorrusia). Y es que, a falta de la confirmación UCI pero siguiendo el cálculo realizado por un experto como Didac Navarro -ex seleccionador y preparador de varios pistards-, España no ha logrado su clasificación para el Mundial de Apeldoorn (Países Bajos): ahora mismo ocupa la decimocuarta plaza y solo clasifican doce países. Y aunque se da por segura la renuncia australiana… la cuarteta española seguiría fuera salvo milagro o inesperada decisión del máximo organismo ciclista mundial. Y sería la primera vez que pasase desde que tengo recuerdos ‘pisteros’, con la única excepción de Los Ángeles 2005, aunque la ausencia en aquella cita se debió a una injustificable negligencia administrativa, ni técnica ni deportiva.

Como recordábamos el viernes en la primera parte de esta serie, dedicada a la velocidad, la pista española vivió también en el fondo un momento mágico a principios de siglo, que se plasmó en los bronces mundialista y olímpico de 2004, con aquel histórico equipo con Sergi Escobar, Carlos Castaño, Asier Maeztu y Carles Torrent, con Guillermo Ferrer como quinto hombre. Pero a diferencia de las pruebas cortas donde no se plasmó el relevo, en los siguientes años se mantuvo un nivel aceptable, cercano a los podios, y con la entrada de una nueva generación con plenas garantías.

De hecho, en el Mundial de Melbourne 2012 se establecía un record nacional de 4:01.717 que nos llevaba a la quinta plaza, y unos meses más tarde, en los JJ.OO de Londres, se mejoraba la plusmarca, bajando de los cuatro minutos (3:59.520). Sebastián Mora, David Muntaner, Eloy Teruel y Albert Torres, con Pablo Ator Bernal como quinto integrante, componían aquella cuarteta olímpica cuya plusmarca aún no ha sido superada.

Incluso en Minsk 2013, un Mundial marcado por la precaria situación económica federativa pero con ese marchamo que tienen los años post-olímpicos, se lograba el mejor resultado desde Atenas, la cuarta posición -con Unai Elorriaga junto a Teruel, Maeztu y Mora-, para bajar apenas un puesto en Cali 2014, con los mismos hombres que habían establecido el record nacional dos años antes.

El declive

Desde ese momento el declive ha sido pronunciado y, hasta el momento, irreversible: en París 2015, con todas las selecciones ya lanzadas en la carrera de clasificación olímpica, un leve empeoramiento en los tiempos (4:02.488) se plasmaba en una sensible pérdida de posiciones, concretamente a la décima plaza, y sobre todo en ‘estatus’, ya que desde 1999 siempre se había estado en ‘diploma’. En Londres 2016, decimoterceros (4:09.909), aunque sin ninguno de los que habían establecido el record nacional en ese mismo escenario, repitiendo puesto, aunque con una marca sensiblemente mejor (4:03.424), en Hong Kong 2017, donde se recuperaba a Mora, Teruel y Torres, junto a Vicente García de Mateos.

Y ya en la presente temporada pasamos de la duodécima plaza del Europeo (4:09.542), a la undécima de Pruszkov (4:06.390), la duodécima de Manchester (4:06.974), la séptima de Milton, con bastante menos participación y un tiempo peor (4:10.667), y a la duodécima de este fin de semana, con un registro levemente mejor del obtenido por la selección autonómica balear en los Nacionales, el pasado mes de octubre (4:12.321).

En la primera parte de esta campaña formaron parte de la cuarteta los dos mejores ‘pistards’ de la actualidad, Mora y Torres, por mucho que sus objetivos sean las pruebas de fondo, mientras que Teruel se ha incorporado en las últimas, junto a dos de los mejores persecucionistas nacionales, Illart Zuazubiskar -además de uno de los pocos ‘profesionales’ de esta disciplina que hay en España- y García de Mateos, completando los equipos otros dos corredores que no son especialistas natos para los 4.000, pero cuya clase como fondistas y experiencia es innegable, Julio Alberto Amores y Xavi Cañellas.

Además, hay que recordar que a principios de temporada -el pasado mes de septiembre- se realizó un ‘campus’ de selección en el velódromo de Galapagar con todos aquellos fondistas que deseasen estar en el grupo que determinó los ciclistas que participarían en estas citas. Y fueron estos corredores los elegidos, cronometro en mano. Hoy por hoy, son la realidad del ciclismo en pista en España y no hay otros nombres… aunque se pudieran intentar buscar con soluciones que implicaran un mayor compromiso e imaginación. O pasar página y establecer otro esquema pensando en próximos ciclos olímpicos. Pero este no es el tema.

Muchas naciones por delante

Independientemente de que, con trabajo, mucho trabajo -es decir, con dinero- se podrían mejorar sensiblemente los tiempos, hay muchas, demasiadas, naciones por delante: estamos hablando de que la mejor marca de los últimos tiempos ha sido un 4:03, que aún se quedaba a tres segundos del ‘corte’ de los ocho mejores, una marca muy cercana al record nacional. Y es que no sólo las tradicionales Australia, Gran Bretaña, Nueva Zelanda y Dinamarca bajan holgadamente de esa barrera de los cuatro minutos, sino que países como Italia -admirable su trabajo y su hornada de pistards-ruteros-, Francia, Alemania, Rusia, Suiza o Bélgica también suelen hacerlo.

Por lo tanto, si no se ha clasificado para el Mundial, ¿podemos pensar de forma realista en que podamos estar en Tokio 2020? Como decíamos en la primera parte, aún no se conocen los criterios de clasificación, pero no deben ser muy diferentes a los de Río, cuando obtuvieron plaza solamente nueve naciones, con un tope máximo de seis europeas. La competencia es imposible.

Y si en los Campeonatos del Mundo persecución y fondo tienen una cierta independencia, lo cual nos permite que las sobresalientes actuaciones de Mora y Torres nos sirvan para compensar el balance global, de cara a los próximos Juegos Olímpicos la vinculación será mucho mayor, ya que buena parte de las plazas tanto de omnium como de madison se determinaran en base a la clasificación de la persecución por equipos, aunque todavía quedaría un número bastante alto que debería establecerse directamente por el ranking en estas pruebas.

Es de suponer que tanto el menorquín en el omnium como ambos en la madison no tengan problemas para clasificarse por sus pruebas si no sufren ningún contratiempo que afecte a sus prestaciones… pero sin el colchón de la tranquilidad de saber que también podrían entrar vía persecución por equipos. 

Fotos: RomanMendoza para RFEC

viernes, 19 de enero de 2018

La realidad de la pista en España (I): la velocidad masculina

El velódromo de Minsk (Bielorrusia) acoge este fin de semana la quinta y última manga de la Copa del Mundo de pista, una prueba en la que no están presentes los velocistas españoles, salvo Juan Peralta, ya que tanto el trío masculino como el dúo femenino ya están virtualmente clasificados para el Mundial de Apeldoorn (Países Bajos), el próximo mes de febrero.

Esta clasificación de nuestro equipo masculino debe ser convenientemente matizada para ser entendida: a diferencia de las selecciones más potentes, que no necesitan ser selectivas para clasificar y que pueden permitirse llevar equipos B, incluso C, en determinadas mangas para ir trabajando de cara al futuro, la española hizo una inteligente apuesta, aunque con su correspondiente coste económico más elevado: buscar la clasificación en las mangas americanas -en Milton y Santiago de Chile- con una menor competencia. Y ello conllevaba la renuncia a Minsk, siendo sustituida por una concentración que ahora mismo se lleva a cabo en el Palma Arena.

De esta forma, tras el decimoquinto puesto de Pruszkow y el decimotercero de Manchester, las sextas plazas logradas en las dos citas de la Copa del Mundo en el Nuevo Continente supusieron dar ese paso decisivo para entrar en un Mundial donde la clasificación no es fácil, aunque tampoco agónica: en Apeldoorn solo estarán entre 16 y 18 naciones, las doce mejores del Mundo, las campeonas continentales y la mundial.

Estar presentes en la cita con el arco iris es ya un objetivo más que suficiente a día de hoy para el trío de la antiguamente llamada velocidad olímpica, ya que la realidad de nuestros velódromos es poco halagüeña y queda muy lejos de los tiempos dorados, con José Manuel Moreno, José Antonio Escuredo, José Antonio Villanueva y el propio Salvador Meliá, cuando a principios de siglo era habitual la presencia en los podios de las grandes citas.

Con los dedos de una mano

Y es que en España apenas hay velocistas de alto nivel y lo que es más triste, no se vislumbra ningún relevo en categorías inferiores, a tenor de lo visto tanto en competición nacional como internacional. Los especialistas pueden contarse, literalmente, con los dedos de una mano: Peralta, Pepe Moreno y Alejandro Martínez forman un trío que solo tiene un recambio en la persona de Jaime Vega, aunque todavía no haya debutado con la selección en una Copa del Mundo o un  Mundial. En cuanto al ‘quinto dedo’ es muy de agradecer la colaboración puntual de un Itmar Esteban cuya presencia esporádica es solamente fruto de su amor por la pista, ya que su destino profesional no va ya por este camino.

El Mundial de Londres 2016 (45.013, 13º) supuso un punto y aparte en el equipo nacional. En el actual ciclo olímpico, la entrada del prometedor velocista Alejandro Martínez como primer relevo, pasando Pepe Moreno a la última vuelta, en lugar de Sergio Aliaga se notó, ya que en Hong Kong 2017 se subió a la décima plaza, con 44:695. Pero este año los tiempos no han mejorado: 44.976 en el Europeo de Berlín, 44.942 en Polonia y 44.843 en Manchester para no bajar de los 45 en las dos mangas de Milton. En cuanto a los registros de 44.381 y 44.319 de Santiago, no pueden considerarse como una mejora, ya que estamos hablando de un velódromo en altitud.

Es cierto que Martínez no está teniendo su mejor año y que puede y debe mejorar en varias décimas sus marcas personales: en 2017-18 ningún momento ha bajado del 18.1 que hizo el año pasado en Hong-Kong, siendo los 18.217 de Santiago su mejor arrancada. Moreno sigue pasito a pasito, mientras que el margen de progresión de Peralta está más limitado…. y orientado hacia otras disciplinas, como veremos a continuación.

Por lo tanto, esa barrera mágica de los ocho primeros -la que da derecho a las becas ADO y a una tranquilidad tanto financiera como deportiva- parece infranqueable hoy por hoy para la velocidad española. Y a falta de conocer los criterios olímpicos -seguramente en los meses posteriores al Mundial-, la presencia en Tokio 2020 está prácticamente descartada. No es ser agoreros, es comprender la realidad de lo limitada que está hoy en día la presencia olímpica en pista: en Río solamente hubo nueve tríos, con una máxima presencia europea de cinco selecciones.

Peralta, Escuredo y el keirin

Teníamos pendiente a Peralta. El navarro podría estar en la cita olímpica a través de la velocidad individual, ya que la clasificación de una plaza en esta prueba parece factible si se mantienen los mismos criterios de 2016, aunque en esta plaza también podría entrar un Moreno cuyos registros en los 200 van acercándose cada vez más al de Figarol: los dos ‘clavaron’ 9.958 en Chile. Y por supuesto Martínez, si ‘progresa adecuadamente’, aunque esto es una mera elucubración, ya que el alicantino no ha competido aún al más alto nivel en esta especialidad.

Peralta, pues, ha cambiado el chip y ha puesto su mirada en el keirin, una disciplina que ya afrontó en sus primeros Juegos, en Londres 2012, aunque sin ninguna trascendencia. Entrenado y, sobre todo aconsejado por un Escuredo que llevó esa misma progresión con notables resultados -doble subcampeón del mundo y subcampeón olímpico-, la nueva mentalidad del navarro ya se ha dejado notar tanto en Manchester, con la medalla de bronce, como en Santiago, donde fue relegado de la tercera a la sexta plaza por una irregularidad en el sprint. Y es que en keirin no siempre gana el mejor, como siempre ha dicho ‘Escu’, pero el que gana, aparte de no ser un ‘cojo’ puede verse favorecido por la suerte que no es nada determinante en el resto de disciplinas de velocidad, cronometradas.

Mientras que nos aferramos a estas escasas realidades, soñemos con que de cara a París 2024 e incluso a Los Ángeles 2028 el panorama del ciclismo en pista español sea bastante más optimista: y aunque parecen dos citas muy lejanas, sería necesario sentar las bases desde ya.

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Foto 2. RFEC
Foto 3: RFEC / roman_mendoza

lunes, 15 de enero de 2018

Tres minutos con José Manuel Moreno: presente y futuro del campeón olímpico

Después de muchos años sin coincidir en un velódromo, fue una agradable sorpresa ver a José Manuel Moreno en el Gran Premio Ayuntamiento de Galapagar.

Por ello no me pude resistir en charlar un buen rato con el campeón olímpico del kilómetro en Barcelona 92 y conocer su presente y, sobre todo, su futuro, con ese regreso a la competición, resumidos en estos tres minutos (escasos).


Así viví el Campeonato de España de omnium masculino en Galapagar

El velódromo de Galapagar me dio este fin de semana la oportunidad de vivir, por primera vez en vivo, un omnium con el nuevo formato. Y hasta cierto punto la ausencia de Albert Torres nos permitió ver la lucha y las distintas estrategias de los mejores especialistas nacionales, sin que la indudable clase del menorquín hubiera bloqueado la prueba.

Julio Alberto Amores (Comunidad Valenciana), un corredor al que siempre he admirado por su desparpajo en carrera, se hacía con el triunfo con 157 puntos, por delante de Eloy Teruel (Murcia), con un curioso comportamiento la parte final del omnium, que sumaba 139, de Illart Zuazubiskar (Eustrak), con 120, y de Enrique Sanz (Euskadi Murias), con 116.

Todo comenzaba con un scratch en el que Sanz se imponía con un potente sprint a Zuazubiskar y al sorprendente madrileño Javier Carrasco, aunque éste me reconocía que pronto desaparecería de la lucha, como así fue. Como ya conocemos, esta prueba es fundamental para empezar a ganar el omnium y los otros favoritos lo sabían: Amores era cuarto y Teruel, sexto.

Por el contrario, me sorprendió la ‘tempo race’: era bastante más sencilla de ‘spekear’ de lo que pensaba, al tener sólo que anunciar al ganador de cada sprint. Pero si la carrera se rompía y algún corredor se quedaba en ese ‘limbo’ de ganar o no vuelta, determinar la cabeza cambiaba pero que mucho el panorama: y así pasó en Galapagar, aunque dando vueltas perdidas. Por lo demás, Zuazubiskar, con siete sprints, y Sanz, con cinco, volvían a ser protagonistas, empatando a 78 puntos al frente de la general, en la que ya comenzaban a situarse también el alicantino y el murciano.

La eliminación es la prueba en la que no ganas, pero sí puedes perder el omnium. Por ello lo normal es ahorrar esfuerzos, no gastar fuerzas innecesariamente yendo mucho tiempo en cabeza, pero al tiempo no correr demasiados riesgos por estar atrás. Toda esta teoría le dio lo mismo a un Teruel que quiso probarse de cara a la Copa del Mundo de Minsk, por lo que rodó todo el tiempo escapado, sin ningún sentido en una interpretación lógica de la prueba, pero que le sirvió para ganarla… y para demostrar su buen momento de cara a Bielorrusia. Noel Martín, aunque reconocía estar aún muy corto de forma, era segundo y ‘Zuazu’, tercero. De tal forma que parecía estar entre éste y Sanz, separados por seis puntos, el triunfo final… sin olvidarse de Teruel, a 14-. Desde el punto de vista informativo, que las eliminaciones sean cada dos vueltas -como marca el reglamento UCI- en vez de una -lo que se aplica a las categorías inferiores para no extenderse demasiado-, nos hizo vivir una competición radicalmente diferente.

¿Y Amores? La décima plaza en la eliminación le había relegado a la sexta posición en la general provisional a falta de la puntuación. Es decir, descartado entre los que se vigilan y, por ello, candidato a poder dar una sorpresa: y eso fue lo que hizo de salida el valiente y desenfadado alicantino, futuro angloparlante aunque le de más miedo la gramática que los peraltes.

Cogiendo vuelta casi de salida y con los puntos ganados se afianzaba en la primera plaza, que luego consolidaría con un segundo ‘bonus’. Sanz y Zuazubiskar se marcaban demasiado y cuando se dieron cuenta no sólo se les había ido el omnium, sino la segunda plaza y en el caso del navarro, la presencia en el podio. Y es que Teruel volvió a ‘escaparse’, aunque esta vez con un fin distinto: sumar el mayor número posible de puntos en los intermedios e intentar rematar con un ‘veinte’ en la parte final. Todo ello le salió lo suficientemente bien para llevarse la plata, pero incluso habiendo ganado el último sprint no hubiera podido desbancar a Amores.

Séptimo -y campeón 'espoir'- quedaba Unai Iribar, en sus primeras semanas como corredor sub23, que tuvo un comportamiento más que aceptable -estamos ante otro ciclista que ama la pista aunque su indudable clase le hará brillar en la carretera, de hecho le veremos la próxima semana en Mallorca- en las primeras pruebas y podría haber quedado incluso más arriba de no haber sido por un percance en la puntuación. 

Clasificaciones completas del omnium


PD: Me ha sido imposible hacer el mismo análisis con las féminas, por lo que os lo debo para un próximo evento.

jueves, 11 de enero de 2018

Los campeones más destacados y más curiosos del ciclocross español

Aunque Javier Ruiz de Larrinaga y Aida Nuño pueden alcanzar este domingo en Legazpi la cifra mágica de seis títulos, igualando en el primer caso a José Luis Talamillo (1958, 59, 69, 62, 63 y 65) y a David Seco (2000 a 2004 y 2006), y a Rocío Gamonal -con matices-, en el segundo, hay otros ciclopedestristas más o menos conocidos que tienen más ‘rojigualdos’ en su poder. Vamos a conocer algunos de los hombres y mujeres que han hecho historia en los Campeonatos de España de ciclocross, que comenzaron a disputarse en 1929, aunque su estructura actual comenzó a gestarse a finales de los noventa y principio de siglo XXI.

Ni Talamillo ni Seco consiguieron títulos en las categorías inferiores, ni en las de veteranos, algo obvio en el caso del primer que falleció atropellado cuando aún estaba en activo, en 1965. Del burgalés también ignoramos si subió al podio en otras ediciones, ya que no figura en el palmarés oficial; por el contrario, el vizcaíno fue cuatro veces subcampeón (1996, 1997, 1999 y 2005), así como tercero en 1998.

Por su parte ‘Larri’ tampoco triunfó en categorías inferiores y, como Seco, ha estado también en el podio élite, en este caso en cuatro ediciones: plata en 2015 y bronce en 2008, 2013 y 2017.

Más títulos que todos ellos -ocho- tiene el valenciano Francisco Pla. Tres como aficionado, categoría que existió hasta 1993 y que fue sustituida por la de sub23, aunque no son equipabales, en 1989, 1990 y 1993, y otros tres como élite (1996, 1998 y 1999), a los que suma otros dos más recientes, en 2014 como master 40B, y en 2017 como 50B, ambos delante de sus paisanos.

No le supera en cantidad, Jokin Mujika aunque sí en ‘permanencia’: el guipuzcoano ganó su primer título como juvenil en 1990, año en que fue subcampeón del mundo, sumó tres más como profesional (1993, 1994 y 1996) y puso la guinda -de momento, ya que sigue compitiendo- en el Nacional master 50B de Valencia.

Pasando a los masters, el más galardonado es el tristemente desaparecido Miguel Angel Gavilán, campeón master 60 cinco años consecutivos (2008 a 2012), así como en 2014 y 2015 cuando se subdividió la categoría, como 60B.

Curiosos son también los casos de los asturianos Miguel Angel Taboada y Marco Antonio Prieto. El primero, campeón de España en las categorías de master 30, 40 y 50; el segundo, con títulos en 30 y 40 -tres veces-, y presente en cuatro de los cinco triunfos de Asturias en el ‘team relay’.

No obstante, el rey de los master 40 es el vasco Xabier Mendiaraz, que tras rozar sin éxito el título en cuatro ocasiones cuando era master 30, en la siguiente categoría tiene la friolera de cinco triunfos y cuatro subcampeonatos. Promocionado ya a 50, es uno de los principales aspirantes al triunfo este sábado en Legazpi.

La compatibilidad entre carretera y ciclocross no es, desgraciadamente muy común en las principales categorías, excepción hecha del mencionado Mujika -que fue campeón de España en sus mejores años como ‘carretero’- y de algún otro como el mítico Julián Barrendero, Como campeones en categorías inferiores no es extraño encontrar nombres que luego triunfaron en el asfalto, como Pepe Recio, Fede Etxabe, Igor Astarloa, Iban Mayo -como juniors-, Gorka Izagirre y el llorado Victor Cabedo -en cadetes-, con el caso de Oscar Pereiro, doble campeón suyb23 como el más destacado. Más frecuente es ver a antiguos pros compitiendo como veteranos para matar el ‘gusanillo’: Ignacio Fandos, José Julián Balaguer, José Luis Rebollo, Jesús Ignacio Ibáñez Loyo o Arsenio González son claros ejemplos.

Por el contrario, entre BTT y ciclocross está siendo mayor en estos últimos años. Aparte de José Antonio Hermida, debemos destacar a David Lozano, que aunque ahora está centrado en la carretera, en su época biker fue campeón durante los cuatro años que militó como sub23 (2007 a 2010) tras haber ganado el título junior un año antes. Rubén Ruzafa, Guillermo de Portugal o Julián Adrada son otros ejemplos.  

La indiscutible reina de los Nacionales es Rocío Gamonal, con diez maillots. Como decíamos, fue campeona en seis ocasiones (2000, 2001, 2007, 2009, 2010 y 2015). Y aunque el segundo se considera como sub23 al haberse establecido podios separados, realmente fue la primera ciclista en atravesar la meta. A ello le suma cinco platas y dos bronces, así como cuatro oros más como integrante del relevo asturiano.

Muy cerca de ella, con nueve entorchados, está Lucía González, que junto a su hermana Alicia, es la única que los ha conseguido en todas las categorías femeninas: campeona absoluta en 2013, los cuatro de la categoría sub23 (2009 a 2012), los dos de junior (2007 y 2008), el de cadete en 2006, y el de relevos en 2011.
 
En cuanto a la menor de las González, la gran ausente en Legazpi, los sumó en 2010 y 2011 (cadete), 2013 (junior), 2014 y 2016 (sub23), así como en 2017, cuando lograba el título absoluto, siendo, por ende, la mejor sub23. En relevos, su mejor resultado es la plata obtenida en Torrelavega hace dos años.

En el caso de las féminas, es más común la compatibilidad con la carretera -por ejemplo Rosa Bravo o las mencionadas hermanas González-, el BTT -el mejor ejemplo, el de Gamonal- e incluso con la pista: la olímpica Tania Calvo fue campeona de España cadete en 2008 y junior en 2010.

No son infrecuentes los casos de padres e hijos que han competido en esta disciplina, incluso en la misma edición. Sin embargo, sólo he encontrado tres en que hayan sido campeones. Uno de ellos es el de los Izagirre, con el padre, José Ramón, campeón de España profesional y dos amateur, y el hijo, Gorka, triunfador como cadete y en relevos. Por cierto Jon también fue medallista junior. Otro, el de los Irusta, ambos de nombre Alfredo: el padre, tres veces campeón absoluto (1966, 69 y 71); el hijo, otras tantas como junior, cuando la categoría no se ceñía a dos años como actualmente. Y finalmente, el de Desiree Duarte e Isabel Castro, campeonas en la misma edición, 2012: la hija como cadete; la madre como élite… aunque no lo pudieron celebrar juntas ya que Isabel recibía su premio meses después por descalificación de la vencedora.