lunes, 14 de octubre de 2019

El Canal hacia La Rioja se ha desaguado en Burgos


Los neerlandeses tienen a Mathieu Van der Poel, capaz de ganar competiciones al más alto nivel en carretera, BTT o ciclocross; los belgas, a Remco Evenepoel, promocionado al World Tour desde junior, que se ha llevado en su primera temporada un Campeonato de Europa contrarreloj, una Vuelta a Bélgica o una Clásica de San Sebastián.

Foto: Rubén Navarro
Y los españoles no se quieren quedar a la zaga, por lo menos los de Burgos, y hoy han anunciado la contratación de Carlos Canal, campeón de España junior de CX y XCO, al que califican de fichaje estelar, y al que le auguran un destino muy similar al de los dos monstruos europeos, al dar el mismo salto que el belga para participar en las mismas competiciones que el neerlandés.

Solamente que hay diferencias muy notables.

La primera es que Van der Poel ya tiene 24 años y está bastante hecho como corredor como para afrontar las tres disciplinas… pero con algunas importantes renuncias –el Mundial de mountain bike- y algunos hundimientos memorables, como el de Yorkshire. La segunda es que Evenepoel llegaba al profesionalismo avalado por los dos títulos mundiales y los dos continentales, y con sendas exhibiciones. Por cierto, el neerlandés también sabía lo que era ganar un Mundial de carretera –el superselectivo de Florencia- antes de machacar en ciclocross o cross country.

¿Y Canal? Pues posiblemente no necesitemos más de una mano para contar las competiciones de carretera que ha realizado –no hablo siquiera de ganar-… y nos sobrarían unos cuantos dedos. Es cierto que el de Xinzo de Limia es uno de esos corredores que sorprende por su ambición, por su carácter ganador, como me decía José Antonio Hermida, “de los que tiene que tocar el hierro, aunque vea que está ardiendo”. No quiero poner en duda su valía para la carretera, siquiera antes de probar, pero sí que está muy claro que está muy verde, y que es una auténtica frivolidad que esta formación la realice como profesional, aunque sea en carreras menores. Julio Andrés Izquierdo, el manager del Burgos, dice que “le vamos a buscar un calendario acorde a su edad y estudios”, cuando la respuesta a esa cuestión está clara: para eso existe la categoría sub23.

Foto: Federación Española
El gallego estaba muy bien orientado para ser, junto a Jofre Cullell, el referente del BTT nacional en unos pocos años. Su camino conducía hacia La Rioja, donde Carlos Coloma le había tutelado en esta temporada como juvenil para integrarle la próxima en su estructura donde le podía ofrecer el mejor calendario mundial, el mismo que hace el medallista olímpico o la otra promesa, la madrileña Rocío del Alba García. Pero el Canal hacia La Rioja se ha desaguado en Burgos.

Hace algunos años, algún medio habría sacado punta a esta historia, y se habría preguntado el porqué de este extrañísimo viraje, que –a toro pasado- ya pudimos prever cuando renunció al Mundial de BTT, argumentando enfermedad. Hoy en día me conformaría haber visto en cualquier publicación algo más de sentido crítico sobre esta incomprensible contratación, y no la simple reproducción del comunicado oficial. Que alguien hubiese recabado el punto de vista de la Federación o de la Asociación de Corredores, acerca de permitir esta profesionalización, sin un mínimo bagaje deportivo. O de alguno de esos cientos de ‘amateurs’ que se dejan la piel en las carreteras por una plaza de profesional… que ahora tiene más fácil conseguir un juvenil.

Me llaman la atención las declaraciones de Izquierdo al decir que “en invierno no teníamos nada que ofrecer a los aficionados. Los meses de noviembre, diciembre o enero apenas generamos noticias, más allá de las renovaciones y nuevos fichajes. Con Carlos Canal nos hemos garantizado un especialista con talento que dará mucha presencia a nuestros patrocinadores", cuando tiene otras alternativas que le podrían dar mucho más rendimiento. Me estoy refiriendo a Albert Torres y Sebastián Mora, cuyos éxitos en la pista están fuera de toda duda, y cuya experiencia en carretera podría también aportar mucho a un equipo que sigue sin encontrar su rumbo.

lunes, 30 de septiembre de 2019

Eskerrik asko, Euskadi-Murias, pero ya no hay sitio para un equipo vasco


Lo siento profundamente. Notables resultados, intachable imagen, excepcional comunicación ¿Por qué no se entiende todo esto “fuera”?

Este es el tuit que escribía pocos minutos después de conocerse la triste e injusta noticia de que Euskadi-Murias no continuará en el pelotón en 2020.

Un tuit que tiene respuesta en estas líneas, una sencilla contestación que puede doler al ciclismo euskaldún, pero que es la triste realidad en estos tiempos que nos toca vivir: Porque ya pasó el tiempo para un equipo vasco –y posiblemente cualquier otro equipo con ese marchamo nacional, incluso territorial-.

Euskadi-Murias ha querido llevar esa imagen del ciclismo vasco por todo el mundo y como decía, lo ha hecho de una forma que no admite el más mínimo reparo, ni en términos deportivos, ni de imagen. Pero eso ya no interesa. Está claro es que la época de los poderes públicos sacando –y sosteniendo- equipos como setas ha pasado y la única viabilidad debe llegar de la empresa privada.

Posiblemente si Jon Odriozola hubiera prescindido de ese corazón vasco –aun traicionándose a sí mismo y al espíritu del equipo- habría podido lograr ese patrocinador que garantizase el futuro del mismo. Pero no se le puede culpar por ello. En absoluto.

Así terminó el primer equipo vasco, Euskaltel; así finaliza la segunda aventura ciclista en Euskadi. Y espero que el tercer proyecto, que parece que atraviesa un mejor momento, tome nota de por dónde sopla el viento.

En cualquier caso, eskerrik asko, Euskadi-Murias.

martes, 20 de agosto de 2019

Errores de Campeonato (III): ¿Qué hacemos con las veteranas?


Vaya por delante que uno de los principios rectores del ciclismo debe ser dar la bienvenida a cualquiera que desee estar en este ‘mundillo’, independientemente de su edad, sexo, disciplina practicada o capacidad, sobre todo en esa faceta competitiva que debe ser la prioridad federativa, aunque muchas veces se la relega en aras de otras prácticas de ocio que también son de agradecer, pero que deberían corresponder primordialmente a otras entidades y organismos.

Isabel Castro, muchos problemas como veterana
en estos últimos años. Foto. Federación Española
A pesar del decidido apoyo de los poderes públicos por fomentar el deporte femenino, en el ciclismo sigue habiendo bastantes reticencias, y ese objetivo que se marcó hace años el presidente de la RFEC de alcanzar un 10% de licencias federativas femeninas parece aún no haberse cumplido –o si se ha logrado, no se ha publicitado convenientemente-, pese a que cada vez hay más patrocinadores y entidades interesadas en este apartado, si bien muchas veces las actuaciones se quedan en mero folklore.

Si al factor sexo le unimos el de edad, nos encontramos con uno de los colectivos que más problemas está encontrando, sin encontrar un espacio verdaderamente reservado, son las masters, aunque la denominación de veteranas siempre me ha parecido mucho más adecuada, por tradición y precisión. Como tuiteaba Antonio Alix, el ciclismo tiene una losa del pasado, a diferencia de un deporte que es competencia directa del nuestro, el triatlón.

De esta forma, cuando empezaron a aparecer las primeras veteranas, se dudó si encuadrarlas en sus competiciones con los masters o con las féminas, aunque antes de ello se adoptaron las mismas categorías que los hombres, en grupos de edad de cinco años, a pesar de que su número es tremendamente inferior. No olvidemos que en el caso de los hombres se ha tardado muchos años en establecerse estos subgrupos, y que en el caso de las mujeres supone tener que ‘hilar muy fino’ para que pueda haber un número suficiente de ciclistas para que el Campeonato sea válido o encontrarnos que no se hacen todos los podios: como pasó ayer, solo hubo una campeona de 30A y otra de 40B. Nada más.

Por cierto, aprovechando la coyuntura, ¿cuándo se cambiarán esas ilógicas denominaciones de 30A, 30B, 40A, 40B…  por otras más ‘informativas’ de master 30, 35, 40, 45…?

No nos desviemos del tema. Si por necesidades de servicio deberían flexibilizarse y conjuntarse las categorías –incluso con combinaciones sorprendentes llegado el caso- para que en muchos casos se facilite el acceso a la competición, en un Campeonato, y más de España, se debe interferir lo menos posible. La inclusión de las veteranas no ha supuesto mayores problemas en disciplinas como ciclocross o BTT, debido a que se corre de forma más individual. Pero en carretera deben integrar un pelotón y ahí surge el problema. ¿Con los masters o con las féminas?

Las masters con los juniors. Foto: Federación Española
Este año se decidió que corrieran con las féminas, pero con las juveniles, en una decisión que no gustó a todos –personalmente a mí me pareció abominable-. Se trata de dos colectivos muy distintos, que deberían tener Campeonatos independientes como ya escribí la semana pasada, y además marcados incluso por correr una misma prueba con desarrollos diferentes. En Asturias salieron veinte corredoras masters que, afortunadamente, no influyeron en la prueba juvenil –la master 30A estaba muy por encima de las juniors, ya que es una competidora habitual en triatlón y la 40B llegó muy retrasada, pero podrían haber influido, y habría sido una pena.

¿Y qué hacemos con las veteranas? Pues la solución es bien fácil, aunque algunos dirán que es un dispendio y es en donde más se notará el machismo imperante en nuestro deporte: Hacer una carrera independiente para ellas, dentro del Campeonato de masters, con categorías adecuadas a la inscripción, es decir, en franjas de diez años, no de cinco. ¿Qué son pocas? No hace falta remontarse muy lejos, concretamente a Salamanca 2002 para encontrar un pelotón femenino de solo 19 juniors. ¿Qué no tienen nivel? Tampoco hace falta ponerlas –de momento- un recorrido muy largo o duro. Lo importante es que tienen derecho, y deben hacerlo valer.

viernes, 16 de agosto de 2019

Errores de Campeonato (II): ¿Qué pintan en un mismo Nacional juniors y masters?


Este fin de semana –con un final extraordinario en lunes por no poderse competir el viernes- se celebran los Campeonatos de España de carretera para juniors y masters, dos categorías que no tienen ninguna relación entre sí, pero cuyos Campeonatos ya llevan varios años compartiendo fechas en el calendario. De hecho, puede propiciar equivocaciones tan simpáticas como la que viví en Murcia cuando un master de los de toda la vida se alarmó, casi se indignó, al ver a Indurain –“Y este, ¿a qué ha venido?”-, pensando que le iba a tener como rival cuando el bueno de Miguel solamente se había desplazado para ver correr a su primogénito.

Todos los campeones contrarreloj en la pasada edición. Foto: RFEC
Tras una primera década de siglo XXI en la que hubo bastantes fórmulas y agrupaciones -con hasta cinco eventos para las distintas categorías en carretera en 2008-, en 2009 se produjo la agrupación de veteranos y juveniles, en los Nacionales de Mieres y Pola de Lena, a finales de julio, fechas que se mantuvieron en 2010, en Segovia y La Granja.

En 2011 se retrasaron, ubicándose desde entonces entre la última semana de agosto y la primera decena de septiembre, aunque para esta ocasión ha habido un sensible adelanto hasta mediados de mes. Más destacable fue el hecho de que tanto en 2015 como en 2017 se desgajaron las pruebas de masters de las de juniors, yéndose los veteranos a la segunda quincena de septiembre, el primer año en Puerto Lumbreras, el segundo en Colindres, donde, por cierto, se planteó que la separación fuese definitiva con una propuesta para los ‘mayores’ que, por lo que vemos, no llegó a buen puerto.

Por mucho que tenga unos orígenes históricos, desde el punto de vista deportivo no hay ninguna razón en la coincidencia salvo la ventaja organizativa. También hay que reconocer que hay bastantes restricciones y problemas para encontrar una época idónea en el calendario para los juniors. La fórmula aplicada en los últimos años del siglo pasado de concentrar en una misma fecha –con epicentro en la obligada de finales de junio para los ‘pros’- tuvo bastantes, y lógicos, detractores por la cercanía de las pruebas de acceso a la Universidad –llámense PAU, EBAU, selectividad o como quieran denominarla los políticos aburridos-. El verano nunca es fácil desde el punto de vista logístico por la ocupación hotelera, especialmente en agosto y en zonas de costa, y es algo que se está evidenciado en este Nacional, mientras que septiembre puede ser demasiado tarde de cara al Mundial, y dejar a un ganador sin esta selección no es muy lógico, aunque ya haya pasado: Jaime Castrillo, ganador en Mazarrón, se quedó sin ir a Ponferrada’14 por estar ya cerrada la inscripción UCI cuando ganó la prueba.

Juan Carlos Fernández, el Puma, ganador junior en 2002
y master 30 el año pasado. Foto: Nielfa
Pero no vamos a dejar a los juniors sin Campeonato de España y puestos a buscar soluciones, quizá la más interesante sería integrarlos en otro evento que, como veíamos hace unas semanas, también necesita una profunda redefinición, el Nacional Escolar. Para las Federaciones, supondría un ahorro económico importante concentrar en un solo escenario y unas fechas apropiadas –entre 10 y 20 de julio- a infantiles, cadetes y juniors, mientras que el organizador ya tendría la infraestructura y solo debería “alargar” los recorridos. Y el problema de titularidad –en teoría es un evento del CSD, aunque en la práctica son clubes y federaciones ciclistas los que lo sacan adelante- podría solucionarse con diálogo, buena voluntad y una mayor profundidad de miras a la que no nos tiene acostumbrado, desgraciadamente, el ciclismo español.

¿Y los masters? Con un poco de originalidad, que también se echa en falta en nuestro deporte, también podrían articularse mil y una fórmulas para dar a esta categoría lo que necesita y que no es precisamente equipararlo al ciclismo de alta competición o al de formación, pero ya las desgranaremos otro día.

miércoles, 31 de julio de 2019

La selección élite masculina de España renuncia al Europeo de carretera


La selección española élite no estará en los próximos Campeonatos de Europa de carretera, que se celebrarán en Alkmaar (Países Bajos), del 7 al 11 de agosto, aunque sí en el resto de pruebas de este evento –elite femenina, y sub23 y junior de ambos sexos-, según se desprende de la preinscripción oficial anunciada por la UEC


Esta renuncia ha sido confirmada por el seleccionador nacional, Pascual Momparler, quien la justifica por la saturación de pruebas en estas fechas –destacando Portugal, Polonia y, un día después Binck Bank Tour-, aparte de la inminencia del inicio de la Vuelta a España. Por lo menos este año no se solapa con Vuelta a Burgos.

Después de una primera edición en 2016 sin problemas ya que aprovechó el desplazamiento unas semanas del Campeonato del Mundo de Catar para programarse entre el final de la Vuelta y el inicio del Mundial, las ediciones de Herning 2017 y Glasgow 2018 supusieron muchos problemas para que el entonces seleccionador Javier Mínguez pudiera confeccionar el equipo. Incluso el manager de Movistar, Eusebio Unzue, manifestaba que “con el calendario que tenemos, es una incongruencia meter una carrera que no tiene historia, ni ningún atractivo para nadie. Pero si añades que está en unas fechas como éstas… No es cuestión de no querer, sino de no poder, porque hay carreras a las que tienes que acudir obligatoriamente”.

Pese a ello, España no se planteó renunciar y pudo ‘apañar’ un equipo para Glasgow, donde Jonathan Castroviejo fue segundo en la contrarreloj y Jesús Herrada, cuarto en la prueba en línea. En esta ocasión se ha tomado una decisión mucho más lógica, pero a la vez ‘políticamente incorrecta’, y que es la tercera en este sentido, ya que la selección española tampoco estuvo ni en los Juegos Europeos de Minsk, a finales de junio, ni en la Preolímpica de Tokio, hace escasas semanas.

En 2020, los Europeos se disputarán en Trento (Italia) y en unas fechas con menos ‘competencia’ –del 9 al 13 de septiembre-, es decir, nuevamente entre el final de la Vuelta y los Mundiales, aunque el problema de la saturación del calendario continúa y la UEC debe apostar y ‘proteger’ unas fechas sin competencia, que tengan el visto bueno de corredores, equipos y Federaciones.


lunes, 8 de julio de 2019

Errores de Campeonato (I): ¿Hasta cuándo va a estar el BTT con la carretera en los Escolares?


El circuito valenciano Ricardo Tormo de Cheste fue un magnífico escenario este fin de semana para los incorrectamente llamados Campeonatos Escolares. Pero no fue el único, ya que las pruebas de BTT se tuvieron que celebrar en la localidad de Riba Roja del Turia –a 15 kilómetros del autódromo-, causando una incomprensible molestia a todos los que se dieron cita en este evento, comenzando por la propia FCCV.

Foto: CSD
Los Campeonatos de España nacieron, a instancias del CSD, en 2007, reservados a competiciones de ciclismo en carretera para infantiles y que se hicieron coincidir con la llegada de la Vuelta a España en Madrid, en pleno circuito de La Castellana. Aquel primer evento fue un lujo impropio de nuestro deporte, en aquellos años de burbujas y dispendios, en cuanto a logística, medios e infraestructuras para unos chavales cuya realidad hasta muchos años después se reducirá a traslados kilométricos en coches o furgones, alojamiento en hoteles modestos y muchos bocadillos ‘in itinere’. Por cierto, hubo maillots para los tres mejores, con publicidad 'amiga', y no precisamente rojigualdos.

En 2008 no cambió mucho la fórmula, solamente que se añadieron los cadetes, y que el Campeonato se trasladó a Toledo, aunque con una curiosa dualidad: mientras que las pruebas en línea se disputaban en el céntrico recorrido que acogería horas después el final de la etapa de la Vuelta, las contrarrelojes se trasladaban al día siguiente a un polígono de las afueras, ya sin el boato de la ronda nacional.

Un año después, en Cuenca, el evento se desligó definitivamente de la Vuelta a España, y poco a poco la realidad organizativa comenzó a recaer directamente en las Federaciones Autonómicas, aunque este evento sigue siendo competencia del CSD y no de la RFEC, por lo que se observan algunas ‘curiosidades’, tales y como que la clasificación por equipos se realice por los puestos en meta y no por tiempos, lo que no es precisamente habitual en el reglamento ciclista, o que se pueda salir con menos de cuatro corredores en las cronos por equipos. Pero dejemos estos temas al mero anecdotario.

Carlos Canal, protagonista desafortunado del Campeonato de 2017.
Foto: Roman Mendoza para RFEC
Lo verdaderamente problemático es la inclusión del BTT en el programa de competiciones, en concreto desde 2011 en Caspe, año en que también se incluyó la yincana infantil, prueba totalmente justificada ya que es uno de los aspectos que más se trabaja en la formación. ¿Pero, el mountain bike, habiendo un Nacional que englobaba todas las categorías y que incluía sin mayores problemas a los y las cadetes? Por cierto, la inclusión se ciñó a esa única categoría, sin que se contemplase a los infantiles, los primeros protagonistas de este evento, que curiosamente no tenían –ni tienen aún- Campeonato de España.

En 2013 pensé que había imperado por fin el sentido común cuando se separaron las competiciones: la carretera tuvo lugar en León mientras que el BTT se trasladaba a Lorca. Fue un espejismo y las bicis de montaña siguen como un pegote en este evento, con un triple perjuicio:

  • Por un lado, a los organizadores, que deben habilitar un segundo escenario –este año no precisamente cerca, a 15 kilómetros-, con distinta infraestructura, incluso personal, dado lo apretado del programa de competiciones, como pudimos ver este sábado, con el escaso tiempo entre el final del BTT y el inicio de las yincanas.
  • Por otro, a las selecciones participantes, que se ven obligadas a duplicar sus medios y el material que trasladan, sin que ello suponga una reducción de técnicos –casi todas las federaciones tienen personal distinto en estas especialidades- o auxiliares, por el motivo antes indicado.
  • Y finalmente, a los corredores, que solo se pueden centrar en una disciplina, mientras que con eventos separados podrían compaginar más de una, que debe ser el objetivo en estas categorías de formación. Ciclistas laureados en Valencia como Rubén Sánchez y Ainara Albert destacaron en el Nacional de ciclocross, mientras que Jimena de Roa o Marc Terrasa lo hicieron en el de pista.

Ignoro las razones concretas para que se siga produciendo esta dualidad, aunque –salvo que me esté perdiendo algo, que esté reñido con la lógica- la solución es fácil y beneficiosa para todos: el BTT con el BTT y la carretera, con ella misma.

sábado, 6 de abril de 2019

Treinta y cinco años de la victoria de Jesús Alonso en el Valenciaga: “Aquel día toqué el cielo”


1984. Un joven aprendiz de periodista, que juntaba sus primeras letras en el periódico Sierra de Madrid, con especial predilección por contar historias de ciclismo, oye hablar por primera vez del Valenciaga al enterarse que un chaval de la zona, Jesús Alonso, de Cercedilla, ganaba la prestigiosa carrera eibarresa. "Es la mejor carrera del campo aficionado", escuché por primera vez, y "el que gana pasa a profesionales", lo que sucedió con el corredor de Cajamadrid que al año siguiente se convertía en integrante del plantel del Zor.

Así comenzaba mi colaboración hace un año… y lo vuelvo a hacer en este para rescatar la figura de Jesús Alonso, uno de los mejores aficionados de la primera mitad de los ochenta, aunque no tan conocido, sobre todo en Euskadi, como algunos de los ganadores de esos años, caso de Jokin Mujika, Julián Gorospe o Javier Murguialday, pero que ganó aquel Valenciaga de una forma casi perfecta. Salió todo bordado, corriendo con cabeza, llevando la carrera como me convenía, sin correr riesgos innecesarios… hasta que llegó el momento de arriesgar”, recuerda 35 años después desde su casa de Cercedilla, Madrid.

Fue su primer y único Valenciaga. “En 1983, en mi primer año en Cajamadrid, Esteban Fernández –su director entonces- no me llevó, porque había muchos ‘gallos’ en el equipo, pero al año siguiente me llegó mi oportunidad. Era una carrera que le hacía mucha ilusión, y allí estuvimos Fuerte, Moreda, creo que Torres y yo. Llegaba muy bien de forma. No te voy a decir que me viera como favorito, pero sí con expectativas de hacer algo”. Allí estaban los mejores equipos, Orbea, Gurulesa, Reynolds, CLAS... “No era lo que más me preocupaban los rivales, sino que se trataba de hacer nuestra carrera, de estar bien yo y el equipo”.

Y es que el madrileño llegaba de completar un gran Iberduero, batido solamente por un tal Miguel Indurain, y de ser quinto en Gorla, “donde hubo una caída al principio que me dejó cortado y tuve que ir remontando, hasta que nos quedamos tres en cabeza –uno de ellos Salvador Sanchis y el otro no lo recuerdo-, pero no puede hacer más”.

Pese a que confiesa que no es muy bueno para los nombres, Alonso recuerda todos los detalles de aquel día. “Llegamos el día antes y dormimos en un hotelito que había en Arrate. El día amaneció lluvioso, y aunque prefiero correr en seco, vivo en la Sierra de Madrid y he salido muchos días a entrenar pisando nieve. Pero sí, se trataba de no arriesgar en las primeras bajadas, porque la lluvia fina que caía te podía jugar una mala pasada. La carrera fue transcurriendo como nos interesaba, pasando en cabeza los puertos y luego dejándome caer en las bajadas, lo que me llevó a ganar la montaña”.

Todo así hasta el penúltimo puerto. “Primero atacó Anselmo y luego yo. Cogí a Leaniz, que iba por delante y bajando empalmó Isuskiza. Por cierto, hizo una bajada impresionante. En una curva se desequilibró, se sacó el pie del rastral y le dio un patadón al pretil para corregir la trayectoria. Pensé que estaba loco”.

Así, llegó a la última subida, “creo que Areitio, un grupo de diez o doce. Salió Obando y también Fabián García, conecté con ellos, los dejé y me marché hasta la meta”. También recuerda el madrileño los últimos kilómetros camino de Eibar. Me acompañaba un motorista de la organización, que iba dándome ánimos, ya que me conocía de Gorla y había apostado por mí como ganador”. Y es que en aquellos tiempos se hacían unas ‘porras’ en las que había que adivinar el vencedor del Valenciaga y de la Roubaix, que también se disputaba ese día.

Ni que decir tiene que el momento de la victoria y del podio fue algo excepcional. “Es uno de esos momentos que recuerdas para siempre. Por la victoria y por lo que significaba. Cercedilla no era un pueblo de ciclistas, sino de esquiadores. No había ni club ciclista, ni nadie que me guiara y cuando empecé, que lo hice muy tarde, ya de juvenil, no sabía ni lo que era una chichonera. Pero fue la reafirmación, la confirmación. Si había conseguido eso, podía lograr muchas cosas más. Aquel día toqué el cielo”.

Y la importancia que tiene para él aquella victoria se plasma en su propio hogar. “No tengo muchos trofeos en casa. Ni siquiera el del Valenciaga porque quise que se quedara en casa de mis padres, pero en la chimenea tengo colgada una foto de aquel día, del podio del Valenciaga”.

También recuerda con mucho cariño, el homenaje que nos rindió el Club Ciclista Eibarrés, ya que por entonces había una cena esa misma noche en la que invitaban al equipo del ganador y nosotros le entregábamos el maillot con el que había ganado. Fue un momento muy emocionante, con todo el mundo aplaudiéndonos, que nunca olvidaré”, nos dice Alonso, quien también sigue teniendo en su retina la imagen de su director “que no cabía de felicidad, con un chubasquero blanco, de los que usábamos del equipo, que no se lo quitó en todo el día. Era la carrera que soñaba ganar y lo había conseguido”. Por cierto, Fernández, que se dedica ahora a cantar como hobby, tiene un tema dedicado al Valenciaga. “Hace algún tiempo nos reunió a los corredores de aquel Cajamadrid y nos regaló a todos un CD en el que estaba esta canción”.

Y confirmando aquello de que el ganador del Valenciaga pasaba a profesionales, Alonso fichó por el Zor de Javier Mínguez para 1984, aunque el ‘tránsito’ fue muy diferente a como es ahora. “Entonces los corredores éramos los últimos en enterarnos. Sé que en 1983 se interesó algún equipo pequeño, y también hubo algo con Reynolds, porque tenía buena relación con Echavarri, pero al final seguí un año más como amateur. No era un ganador nato, pero si logré victorias de nivel como Lérida o Maestrazgo y fui séptimo en la Vuelta a Galicia, que era open. Y fue entonces cuando me enteré que pasaba con Zor, como hacían la mayoría de los ciclistas que destacábamos en Cajamadrid. Fue por un año y enseguida me renovaron por dos más –de hecho corrió la Vuelta a España su primer año-, y en eso quizá me precipité porque Orbea se interesó bastante, pero ya había renovado. Los dos últimos años los pasé en CLAS, pero ya había dejado de disfrutar con la bicicleta y lo terminé dejando. Ten en cuenta que llegué muy tarde al ciclismo, que había visto ya muchas cosas antes de ser corredor, no como otros chavales que solo viven la bici desde niños y sabía que había otras cosas fuera. Empecé a trabajar en Otero y luego hice mi propia empresa y llevo más de 20 años, con unos principios duros, pero ahora muy contento”.

Han pasado 35 años y no ha vuelto por Eibar para vivir el Valenciaga. “Estoy toda la semana viajando y cuando llega el fin de semana me gusta descansar en casa. Coincidí varias veces con una persona de la organización –vuelve a disculparse por no recordar el nombre-, que trabajaba en el Banco Exterior, y como en Cercedilla hay una residencia, venía algún verano y nos veíamos. Y hace unos años les mandé un reconocimiento. Ha pasado mucho tiempo, pero sigo teniendo muy vivo ese inolvidable recuerdo y quiero aprovechar estas líneas para mandarle un fortísimo abrazo a la gente del Club Ciclista Eibarrés y a toda la afición de Eibar”.



viernes, 5 de abril de 2019

Primer asalto público entre la UCI y la FIM por la competencia sobre las competiciones de e-bikes


La que hasta el momento era una batalla ‘sotto voce’ entre la UCI y la Federación Internacional de Motociclismo sobre la competencia en la regulación de las e-bikes ha tenido una primera manifestación pública ya que el máximo organismo ciclista internacional ha emitido hoy un comunicado diciendo que “desea dejar en claro que la e-mountain bike (bicicleta de montaña asistida eléctricamente) es una de las disciplinas bajo sus auspicios”.

Desde mi punto de vista, está meridianamente claro que se trata deciclismo, y que la competencia debe ser de la UCI y nunca de la FIM. Pero el pastel es muy goloso, el negocio, muy amplio, y está claro que la lucha iba a manifestarse pronto.

Por ello, el máximo organismo internacional está utilizando todos los argumentos posibles para ganar la batalla mediática y ante la opinión pública; desde la implicación de numerosos fabricantes de bicicletas tradicionales en estas nuevas máquinas, hasta que “varias Federaciones Nacionales afiliadas a la UCI ya han organizado Campeonatos Nacionales para la disciplina, ganados por especialistas en bicicleta de montaña”, citando sobre todo el título francés logrado el año pasado por “el doble campeón olímpico de Francia y cinco veces campeón del mundo UCI Julien Absalon”.

En la misma línea de argumentación está el hecho de que la UCI ya haya reglamentado sobre esta nueva disciplina –aunque de una forma bastante apresurada, con muchas lagunas- y que haya adjudicado ya el primer Mundial en este 2019, coincidiendo con el de BTT tradicional en Mont Sainte Anne (Canadá), sin saber reamente cómo va a desarrollarse esta competición.

La UCI, siempre según dicho comunicado, se mostró “muy sorprendida y decepcionada por el anuncio hecho por la FMI” de organizar una FIM E-Bike Enduro World Cup en Francia, el próximo mes de junio, “sin base regulatoria”, y recuerda que ya había notificado en septiembre de 2017 que consideraba que “los eventos de e-bikes se someterían exclusivamente a su jurisdicción” y que las funciones respectivas de las dos Federaciones Internacionales (UCI y FIM) “estaban claras y no serían cuestionadas”.

Pues no ha debido quedar tan claro, cuando se ha producido esta injerencia de la FIM, por lo que el máximo organismo ciclismo ha dado una vuelta de tuerca más y ha anunciado que considera estas pruebas como "eventos prohibidos" en línea con su Reglamento. “En consecuencia, cualquier corredor con licencia de UCI que participe en uno de estos eventos podría correr el riesgo de adoptar medidas disciplinarias”.

jueves, 7 de marzo de 2019

Albert Torres necesita un equipo pro y sabemos quién puede ayudarle


Siempre he pensado que, a falta de recursos económicos –y aun con ellos-, la imaginación y el compromiso deben ser dos premisas fundamentales para realizar cualquier tipo de trabajo en el presente y cualquier planificación en el futuro. Pero en el ciclismo español estos dos supuestos siempre han brillado por su ausencia.

Foto: COE
Desde hace algunos años el ciclismo en pista es el gran abandonado del deporte español, cuando siempre ha sido el semillero de medallas olímpicas algo que, para algunos, aunque de forma errónea, es el mejor barómetro de la salud del deporte español. No hay que remontarse mucho, cuando en Atenas 2004 las tres medallas de plata y las dos de bronce suponían más de la cuarta parte de las preseas obtenidas por el olimpismo español. Pero en Río 2016 la presencia de nuestro deporte fue meramente testimonial y los resultados, inexistentes.

La inclusión de la madison y el cambio del formato del ómnium nos hacían ser optimistas de cara a Tokio 2020, aunque la verdad es que los motivos son muy escasos, y se pueden contar con los (dos) dedos de una mano, Albert Torres y Sebastián Mora, puesto que la situación del resto del ciclismo en pista español es francamente preocupante y solamente se salva por la voluntad de algunos, muy pocos, elegidos. No hay dinero, dicen, pero tampoco hay imaginación. Ni compromiso.

Para quienes me hayan querido escuchar, siempre he  defendido que, aparte de otras medidas orientadas hacia los primeros escalones –y que no voy  a mencionar aquí por no ser el tema del debate y no extenderme demasiado-, es necesario un gran acuerdo entre los actores el ciclismo profesional y la Federación, en el que se involucren  el CSD y el COE, para que los mejores ciclistas españoles puedan compaginar carretera y pista, algo imposible en la actualidad salvo muy escasas excepciones, y que las ayudas del obsoleto Plan ADO se distribuyan de otra forma. La preparación no se basa sólo en entrenar, sino también en competir en carretera. Y eso no se “compra” solo con dinero.

Foto: UCI Track
Los recientes Mundiales de Pruszkow nos han dado una lección que no debe caer en saco roto y es lo que me ha motivado a escribir estas líneas. El fondista que ha marcado diferencias no es otro que el miembro de un equipo World Tour, Roger Kluge, que hizo una exhibición en la madison en parte por haber estado corriendo al más alto nivel hasta el día anterior al Mundial el Tour de los Emiratos Árabes. Algunos pensamos que eso de llegar con tan poco tiempo a Polonia era ir de muy sobrado. ¡¡¡Y vaya si lo iba!!! También comprobamos el rendimiento de otro ciclista que goza de un calendario importante, como Cameron Meyer. Y algún otro foráneo más. Y Sebastián Mora dio un importante paso, como vimos en la puntuación. Y aunque él dijese que había hecho las mismas pruebas que siempre, la verdad es que su fichaje por el Caja Rural-Seguros RGA se ha dejado notar. Y se dejará sentir aún más en futuros compromisos.

¿Y Albert Torres, la principal baza para Tokio, teniendo en cuenta que es el titular en el ómnium y la mitad de la madison? Pues a día de hoy en el abandono más absoluto. Ni tiene equipo profesional para 2019 (menos aún para 2020), ni se le espera, a pesar de las distintas gestiones realizadas desde su entorno.

Uno de los planes de compromiso a los que me refería podría ser que la selección española tuviera presencia en todas las carreras del calendario nacional, con lo que Torres –y otros ciclistas de otras categorías o disciplinas, como Felipe Orts o Carlos Coloma- pudieran preparar en la carretera sus grandes objetivos. Pero parece ser que esta vía está completamente descartada.

Foto: Federación Española
Hay una segunda posibilidad, que es la que demandamos con urgencia: que la Federación Española busque el compromiso y anticipe ese plan para que, en un primer momento, el mejor ciclista español pueda compaginar carretera y pista, haciéndole un hueco en algún equipo pro. Y dadas las excelentes relaciones que hay entre Ferraz 16 y dos empresas como Cofidis o Movistar, patrocinadores federativos, nos preguntamos ¿por qué no podría tener un hueco en alguna de estas dos formaciones ciclistas? Porque desde luego, no sería un castigo para estas escuadras –no olvidemos la clase de Torres que ya ha demostrado en carretera-, y mejor nos iría a todos, comenzando por el propio Albert, que es lo que verdaderamente importa, hasta los que luego van a presumir de medallas, que el rojo del fondo de la fotografía –por ejemplo- estuviera en el color del maillot del menorquín al menos durante lo que queda de 2019 y 2020.

Publicado en Track Piste

sábado, 23 de febrero de 2019

El Afilador: una anécdota, una historia, un libro


Han pasado ya varios años desde que coincidí con Eneko Garate en la feria Unibike, concretamente en el stand de ‘Libros de Ruta’, y vi varios ejemplares del recién salido número uno de ‘El Afilador’. Le comenté, muy por encima, que ese era también el ‘nombre de guerra’ de un prometedor biker orensano, de Pablo Rodríguez, aunque sin entrar en muchos detalles, pensando que podía sacarse de ahí una curiosa historia.

El tema quedó ahí, apartado, hasta que me llamó Eneko, a finales de 2017, para preguntarme si quería escribir la historia para el tercer volumen. Ni que decir tiene que acepté encantado, aún a sabiendas de que en esos momentos tan sólo tenía una anécdota, que debía crecer hasta convertirse en una historia y, en definitiva, en merecer un hueco en esta publicación.

Y ese punto de partida que ya todos conoceréis –o de cómo un mecánico riojano le puso ese apodo de ‘Afilador’ en base al origen del macedano y en sus comunes gustos musicales- fue creciendo poco a poco hasta convertirse, para mí por lo menos, en una bonita historia en la que se entremezcla esa mítica figura de la emigración gallega, esa “banda de rock con guitarras” que siempre será Los Suaves, ese fenomenal trabajo por el ciclismo que ha desarrollado en Maceda el admirable y admirado Xulio Conde, inspirado en otro ilustre ‘gallego’ como José Antonio Hermida, y que no solo ha dado como fruto a nuestro ‘Afilador’, a Pablo Rodríguez, sino también a jóvenes promesas como Iván Feijoo o Carlos Canal.

Curiosamente lo que más tardó fue la publicación física, ya que por los compromisos editoriales de Libros de Ruta retrasaron la aparición de primavera a otoño. Pero por fin llegó.

Quedaba una segunda parte de la historia, y no era otra que reunir a Yosi Domínguez y al propio Pablo, con la ‘excusa’ de entregarles a ambos el ‘recién nacido’. Tenía mis dudas sobre si el estado de Yosi podría impedir este encuentro. Pero todo fueron facilidades, gracias a la siempre amable Laura Lunardelli, la compañera y representante del líder de Suaves. Y aquella tarde de diciembre fue inolvidable para todos los que nos juntamos en casa de Yosi, que fue un perfecto y entretenido anfitrión.

Y aunque algunos de los recuerdos de entonces quedarán solo en la memoria de los que estuvimos allí, quizá el martes podamos compartir algo más. Por ello, os espero este martes, 26 de febrero, a las siete de la tarde en Rutas Pangea, junto a dos de los coautores, Oscar Falagán y Juanfran De la Cruz, y el ‘alma mater’ de ese proyecto que tanto necesitábamos como es ‘Libros de Ruta’.

jueves, 27 de diciembre de 2018

Preocupante punto de inflexión de la Copa de España élite y sub23


De forma un tanto inesperada, pero que a nadie debe sorprender, la RFEC anunciaba ayer la inclusión de una novena y última prueba para la Copa de España élite y sub23, el Gran Premio Primavera de Ontur. Por primera vez, la decisión tomada por AEOPCES –la asociación de los organizadores que hasta ahora controlaba la Copa de España- en su Asamblea de 10 de noviembre, pero que no fue anunciada hasta el 27 del mismo mes, se veía corregida por la propia Federación, quien hacía valer ese artículo II.F.1 de sus reglamentos Técnicos: “Las Copas de España de Ciclismo son propiedad exclusiva de la Real Federación Española de Ciclismo”.

De esta forma el calendario queda así:

24 febrero. Circuito Guadiana
10 marzo. Trofeo Guerrita
17 marzo. Aiztondo Klasika
21 marzo. GP Primavera Ontur
24 marzo. Memorial Momparler
31 marzo. Clásica Ciudad de Torredonjimeno
7 abril. Memorial Valenciaga
1 mayo. Santikutz Klasika
5 mayo. Gran Premio Macario

La decisión, insistimos, no debe sorprender a nadie, a tenor de los últimos acontecimientos relativos al ciclismo aficionado, pero sí marca un punto de inflexión en la historia de esta competición. Creada en 1999, gracias al esfuerzo de Josep d. Bochaca por actualizar y modernizar los Reglamentos y la estructura del calendario federativo -la persona que más ha hecho dentro del ciclismo federativo por estos aspectos y con diferencia-, ha sido el esfuerzo de AEOPCES y de su dinámico presidente Manuel Moreno, lo que contribuyó a darle la importancia que actualmente como eje del calendario de la categoría de plata, ante la desidia de la propia Federación. Sin embargo, en los últimos años, la Federación ha querido recuperar el control de la competición, exigiendo a los organizadores la firma de un pliego de condiciones sin que ello se haya traducido en la obtención de contrapartidas económicas o que la Copa se haya visto promocionada más allá del interés mostrado por el diario AS. Porque la producción de los resúmenes televisivos corresponde a cada uno de los organizadores.



Por si fuera poco, la creación de AEDECA, como asociación que engloba a los equipos de la categoría, los otros actores de la competición, ha supuesto un nuevo equilibrio, con un tira y afloja en los últimos meses que, afortunadamente, no ha afectado a la estabilidad de la competición, pero que supone una nueva distribución de fuerzas hasta ahora desconocida.

La novena prueba


Pero lo que ha conducido a la situación actual ha sido la renuncia de la Clasica Xavi Tondo a seguir formando parte del calendario, al parecer por la dificultad de tener subvenciones con ese apellido de “España”, aunque ello no afecte a que Valls tenga una etapa en la próxima edición de una Vuelta tan española como la Copa. Sea como fuere, quedaba un hueco por cubrir para 2019.

Hubo contactos -a los que no fue ajeno este periodista- para ofrecer esa vacante al Trofeo Iberdrola, una de las pruebas con más prestigio del calendario de la categoría e interesada en volver a una competición de la que ya fue parte en sus inicios, pero que no cuajaron entre otras razones porque, según me trasladaron, la Comisión Técnica de la Federación había decidido que se quedasen este año en ocho. La sorpresa -insisto, relativa- se la llevaba el organizador zamorano al enterarse que esa plaza iba a ser para Ontur.


Desde el punto de vista reglamentario, nada que objetar. La RFEC es la propietaria de la competición y el CC Onturense ha sido la única entidad que ha optado a la vacante según el protocolo establecido, es decir, mediante la firma del correspondiente pliego de condiciones. Pero el llamado GP Primavera no es, ni mucho menos, la prueba idónea. A nivel organizativo y de recorrido, ha tenido muchas carencias en estas últimas ediciones. Pero lo peor es que está programada entre semana, un jueves no festivo -al menos a nivel estatal-, rompiendo la tradición del calendario de la Copa. Si por lo menos fuese el viernes por la tarde, se podría “solapar” con el cercano Momparler de cara a un desplazamiento conjunto.

AEOPCES no ha objetado nada a la inclusión de esta novena prueba, aunque por primera vez ha perdido el control directo sobre la competición y ello supone un punto de inflexión. ¿Preocupante? No lo sería si la RFEC tratase a la Copa de España como se merece -la segunda prueba en importancia después de los Campeonatos de España- y consiguiese ese anhelado patrocinador que tanto necesita para rebajar costes a los organizadores y proporcionar las condiciones para su definitivo despegue. Pero hoy por hoy no nos debemos hacer ninguna ilusión, aunque ojalá tenga que rectificar mis palabras.



jueves, 13 de diciembre de 2018

¿Es España realmente la undécima potencia ciclista en Europa?


¿Es España realmente la undécima potencia ciclista en Europa? A tenor de la clasificación publicada por la Unión Europea de Ciclismo (UEC) teniendo en cuenta los resultados en los distintos Campeonatos de Europa, sí.

Y es que el máximo organismo ciclista continental ha elaborado este ranking teniendo en cuenta los resultados obtenidos en los Europeos de las siete disciplinas que lo han tenido en 2018 –algunas con más de uno, según las distintas disciplinas o categorías que engloban-, en concreto pista, BTT, ciclocross, BMX, carretera, trial y ciclismo indoor, con un baremo de puntuación que cambia, siendo el máximo para las cuatro disciplinas olímpicas, intermedio para el ciclopedestrismo y el menor para las otras dos. El neonato Freestyle no ha vivido este evento.

Como podemos ver en la tabla, Francia es la número uno de esta clasificación, aunque sin dominar en ninguna de las disciplinas, por delante de Países Bajos –ganadora en ciclocrss y BMX-, Chequía, Bélgica y Suiza, triunfadora en ciclismo de montaña. Para Rusia, séptima, queda la primera posición en pista; para Alemania, octava, en ciclismo indoor y para Italia, novena, en carretera.

España triunfa en trial, es quinta en BTT, octava en carretera y decimoctava en pista, sin puntuar en las otras tres modalidades, siendo superada también en este ranking por Gran Bretaña, sexta, y Dinamarca, décima.

Insisto: ¿Es España realmente la undécima potencia ciclista en Europa? Nunca hay que tomarse muy en serio este tipo de clasificaciones, en las que priman aspectos subjetivos -sin ir más lejos, los baremos-, y se equiparan distintas disciplinas. Pero sí es un indicador del esfuerzo de las naciones, y de sus federaciones, de cara a uno de sus grandes objetivos de la temporada como son los Europeos.

Esta clasificación se completa con otra tabla de medallas –lo que gusta bastante a los poderes públicos-, en la que Italia es ahora la que domina, con 20 oros, 14 platas, y 12 bronces, por delante de Países Bajos y Alemania, con Francia descendiendo a la séptima posición.

España vuelve a ser undécima –cuatro oros, tres platas y nueve bronces- y salvo Austria, en lugar de Dinamarca, precedida por exactamente los mismos países que en la tabla de puntuación.